viernes, 20 de octubre de 2017

EL CACIQUE BLANCO. PRIMERA PARTE







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Los gobiernos de Territorio son apenas de gestión ante los poderes públicos nacionales. (Juan S. Mac Lean)

El 16 de junio de 1931, Juan Samuel Mac Lean asumía la gobernación del Chaco, que por entonces era aún territorio nacional.
De ascendencia escocesa, nacido en Buenos Aires el 5 de julio de 1852, su infancia transcurrió en Entre Ríos. Siendo aún adolescente, sus padres lo enviaron a estudiar a Escocia, desde donde regresó al país en 1880 para, c. 1887, dirigirse al Chaco, donde se afincó.
Atrapado por el Desierto verde, quedó cautivo de esa tierra que era por entonces “rugir de tigres y hachas”, de “selvas tupidas y también de extensas pampas” (Luis Landriscina dixit).
Atinó a comprender -y comprender es amar- tanto aquel suelo como las gentes que lo habitaban. Y muy pronto le destacaron entre ellas su despierta inteligencia, su clara percepción, sus inquietudes progresistas y sus constancia y tenacidad en todo lo que acometía. Fundó empresas propias y fue, además; liquidador de una compañía colonizadora, asesor de consorcios ferroviarios y consejero de sociedades ganaderas y forestales. Los gobiernos nacionales fueron encargándole distintas misiones y responsabilidades, las cuales aceptó siempre de buen grado, aplicándose a ellas esforzada, honrada y eficazmente.
Así, al concebirse el proyecto de una ruta que vinculara al puerto de Barranqueras con Santa Cruz de la Sierra, y siendo designado en 1907 al frente de la Comisión Exploradora que definiría el trazado de la misma; Mac Lean hizo el recorrido entre ambos puntos a lomo de caballo y de mula, y en el curso del mismo tomó contacto con los pueblos indios del Gran Chaco. Eso marcaría en su vida un clivaje.
Recién a partir de la década de 1880 el Estado argentino pudo ejercer efectivamente su soberanía sobre todo el territorio nacional e imponer sus leyes, sus regulaciones sobre la actividad económica, impartir instrucción pública y transmitir al imaginario colectivo el relato histórico que se había adoptado para el país post Pavón. La consolidación de todo ese proceso no se produjo en el Chaco (y hasta por ahí nomás) sino hasta bien entrada la quinta década del siglo XX.
La colonización subsiguiente a la expedición militar de conquista u ocupación definitiva, con la explotación forestal y la actividad agropecuaria, quebró tanto el modo de vida como los medios tradicionales de subsistencia de los indios chaqueños. Y provocó que éstos fuesen incorporados por la fuerza y/o el hambre al nuevo orden económico de la región como mano de obra barata (o a menudo, esclava).
Se cumplía a rajatabla -con las variantes que lo empírico obligaba a adoptar por sobre lo dogmático- con el postulado alberdiano (del primer Alberdi, el de Bases, quiero decir; que no del segundo, el de Peregrinación de Luz del Día, ya evolucionado de mero intelectual a inteligente) de “necesitamos cambiar nuestras gentes incapaces de la libertad, por otras gentes hábiles para ella”, instalando el modelo pretendido de ciudadano argentino: un individuo masculino, blanco y alfabetizado.
Significaba, en la realidad efectiva, el rechazo a la otredad, la exclusión del cuerpo social del país de las etnias que lo habitaban desde antes de la llegada de los europeos.
La constitución sancionada y promulgada en 1853 estipulaba en su artículo 67°: “conservar el trato pacífico con los indios”. Pero claro, no había -no ya sólo en dicha carta; sino en ningún otro cuadernito (Rosas dixit)- prescripción alguna que indicara la manera de compatibilizar esa tan cacareada voluntad de paz y concordia, con la actitud asumida -y evidenciada en lo tangible- de expulsarlos de su hábitat, negarles obstinadamente la condición de ciudadanos y volverlos heterónomos forzándolos a suplantar su cultura ancestral por los usos, costumbres e ideas de aquel individuo masculino, blanco y alfabetizado que se imponía como gálibo (el cual, para colmo, encerraba una contradicción en sí mismo; porque era variopinto en tanto provenía de las hordas pauperizadas y famélicas que las guerras y hambrunas expulsaban de Europa y Asia).
Entretanto, se debatía qué hacer con el problema indígena. Había dos posiciones: la adoptada por quienes propugnaban lisa y llanamente el exterminio de aquellos pueblos; mientras que el otro sector de opinión postulaba que debía integrárselos a la civilización.
Mac Lean tomó campo decididamente por la segunda. Consideraba que era imprescindible propender a la elevación del nivel de vida de los aborígenes, de modo de rescatarlos de la barbarie, y vio en la reducción de indios, la escuela pública, el servicio militar, las vacunas, los hábitos de higiene y las condiciones dignas de trabajo, las herramientas para lograr ese objetivo. 
Consignó inequívocamente: “La civilización no ha hecho nada por el pueblo indígena. Al contrario, lo explota y corrompe convirtiéndolo en elemento peligroso”, poniendo la cuestión sobre el tapete y anticipándose en ello tres años a la famosa controversia suscitada en 1910 entre los etnógrafos Juan Bautista Ambrosetti y Robert Lehmann-Nitsche.
Como cité precedentemente, en aquella prospección a Bolivia, Mac Lean se relacionó con los tobas y matacos (parafraseando a Landriscina, ese “ramillete de indios fuertes de melancólicas razas”) y aprendió sus usos, costumbres, tradiciones y lenguas. Fue para él una epifanía, quizá transportada inadvertidamente en su sangre caledonia de generación en generación, para revelársele cual chamán picto surgido desde el fondo de los siglos. Se vinculó con los indios hermanándose con ellos desde el desprejuicio y la empatía, y se propuso hacer cuanto pudiera en su favor. Y ellos le correspondieron llamándolo Cacique blanco.
Los indios fueron relocalizados en reducciones o misiones con el objeto de reformarlos, es decir, “adaptarlos a la civilización”. Con ese objeto se dispusieron concesiones de tierras fiscales y se destinaron recursos presupuestarios. Pero a pesar de los loables propósitos declamados harto frecuentemente a gran estrépito; la implementación del criterio adoptado se tradujo en un fracaso que no tardó mucho en patentizarse. Las partidas asignadas resultaron insuficientes y las tierras otorgadas a las reducciones distaban mucho de estar entre las mejores, por lo contrario; no eran aptas para desarrollar eficazmente la agricultura.
Por otra parte, en el Chaco de la etapa territoriana, el valor supremo era el dinero. Y fue esa su principal característica distintiva con respecto a las provincias y a la capital del país, porque en aquellas y esta última el linaje, la alcurnia, y en fin, la portación de un apellido de prosapia, eran lo que confería el derecho a la preeminencia social que reclamaban para sí -y de hecho, obtenían- aquellas familias que conformaban la clase dirigente; por más que en muchos casos no tuvieran un centavo. El éxito económico era lo que marcaba en el Chaco el grado de figuración social de quienes llegaban a alcanzarlo. 
Así, pues, en modo alguno era casual que se evidenciasen en la población el desdén por la participación política, el desapego y aún el descuido hacia y de los intereses comunitarios, y el desprecio por las actividades espirituales, intelectuales y culturales.
La ley 1532 llamada de Organización de Territorios Nacionales sancionada en 1884 estipulaba que el gobernador fuese designado por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado, ejerciendo sus funciones por un período de tres años al cabo de los cuales podía ser renombrado. Las facultades y atribuciones que se le otorgaban estaban muy acotadas, debido a lo cual era percibido por los habitantes del territorio, esto es, sus gobernados, como poco más que un simple delegado del ministerio del Interior -y convengamos que en la práctica, efectivamente lo era-; alguien que ni remotamente tenía el poder de decisión imprescindible para resolver las problemáticas que los afectaban ni mucho menos para arbitrar los medios conducentes a la defensa de sus intereses.
Para peor, los gobiernos nacionales a partir de 1916 y hasta la provincialización dispuesta por el presidente Juan Domingo Perón, ayudaron poco y nada para modificar aquel statu quo, cuando no directamente contribuyeron a agravarlo.
Durante las presidencias de Sarmiento, Avellaneda y Roca -en sus dos períodos- (y exceptuando expresamente la calamitosa administración de Juárez Celman, durante la cual el Chaco perdió sus mejores colonias, que se entregaron a la provincia de Santa Fe), los gobernadores designados fueron militares en su totalidad y estuvieron consagrados a la exploración, conquista y ocupación efectiva del territorio; a la fundación, apoyo, protección y consolidación de las colonias, al desarrollo de las comunicaciones (caminos, ferrocarril, telégrafo y teléfono) y a la continua expansión de la “frontera interior”, esto es, la frontera… con los indios.
También durante el llamado orden conservador 1904 - 1916 se designaron gobernadores eficaces y que cumplieron, en general, aceptables administraciones. Y algunas de ellas, incluso muy encomiables. 
Entre éstas últimas, merece destacarse la de Martín Goitía, el primer gobernador civil del territorio, quien en 1905 informaba al presidente de la República acerca de la tala indiscriminada e irresponsable que se hacía ("explotación arrasadora de los bosques", la llamaba) en los latifundios ("tierras acaparadas entre pocos dueños", escribió), alertaba sobre el riesgo de extinción, sugería la adopción de "medidas simples como la prohibición absoluta del corte de árboles inferiores a determinado diámetro" y solicitaba recursos para poner más inspectores y arbitrar más medios de vigilancia para impedir los abusos.
Durante la presidencia de José Figueroa Alcorta se lanzó un ambicioso Plan de Fomento de los Territorios Nacionales. Y en 1912 el presidente Roque Sáenz Peña dispuso, a través de su ministro del Interior, Indalecio Gómez,  la creación de la Dirección General de Territorios Nacionales, al frente de la cual se nombró a Isidoro Ruiz Moreno.
Al año siguiente se celebró en Buenos Aires la Primera Conferencia de Gobernadores de Territorios Nacionales, lo cual significó nada menos que la apertura de un ámbito de deliberación y participación (aunque todavía, no de debate amplio). Cierto es que hubo también una clara diferenciación entre discurso y praxis a posteriori del cónclave, que el temario abordado en el mismo fue decidido unilateralmente por el ministro del Interior (que concurrió con diecisiete funcionarios suyos; mientras que los gobernadores eran solamente diez) y que se soslayó el tratamiento de temas fundamentales como, por ej., la cuestión aborigen, la conformación de legislaturas en los territorios que ya hubiesen alcanzado el número de habitantes prescripto por la ley (como era el caso del Chaco, precisamente) y la creación de un ministerio en el que se concentrase lo atinente a los territorios nacionales; pero con todo, aquella Conferencia fue un acontecimiento muy importante y representó un cambio de paradigma en la relación Estado nacional-gobiernos territorianos.
En 1916 se produciría el advenimiento del radicalismo al gobierno nacional. A partir de allí, todo cambiaría en el Chaco. Y no precisamente para mejor, como veremos, apreciado lector, en la próxima entrega.

Continuará

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 19 de octubre de 2017

LA CAÍDA






















LA CAÍDA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Un año más…
Tu espejo devuelve, implacable y sobrador
Una imagen que se ha tornado odiosa
Un año más…
Hora de balances, mi viejo, ¡horror!

¿Qué has de hacerle? 
Si sólo resulta gananciosa
La de siempre, esa antigua y oprobiosa
Comedia del vivir
Un año más…

Tu abdomen, otrora plano; hoy redondeado
Se te voló otra chapa… una menos a cubrir
Tanto pretérito pecado
Miedo de esbozar tu sonrisa canchera
(que Ella definió: “degenerada”)
Y denunciar ese teclado amarillento
Impiadoso cancerbero de notas desgarradas
Un año más…

Harto de tu piel, ya no te gustás
“-¿A qué le sabrá a ella?” –te preguntás
Esa piel que antaño prepotente
Exhaló viriles sudores deportivos
Y de la que ahora, ¡triste presente!
Emanan aromas rancios de vejez y muerte
(tu Aramis ya no ejerce de postigo)
Un año más…

¿Qué empezará a pudrirse primero?
¿El hígado, los pulmones, el cerebro
O será tu corazón el que te haga prisionero?
¿Hasta dónde sostendrás (de verdad, digo)
La compulsión pretenciosa de tu carne
Cuando oponga pétreo muro a tu libido
Tu colgajo en mudo y patético desaire?

Se ha hecho tarde ya… 
Vestirás tu traje de Arlequín
Y buscarás a Colombina, tu partenaire
Es hora de salir al escenario y encarnar tu rol
Ese, sí, el de vivir
Que después de todo (dicen), nada es mejor
Aún cuando ciego en sombras
Igual vislumbres tu nadir

Un año más...
¿O un año menos?
Todo declina, querido, todo…
Hasta vos

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 6 de octubre de 2017

UN SORETE PSEUDO PERIODISTA "DEPORTIVO"















Escribe: Juan Carlos Serqueiros


El Perú es un país hermano en tanto tiene con el nuestro (además de los vínculos naturales que derivan de nuestra condición de hispanoamericanos) un Padre y una Historia en común.
De modo que si jamás hice ni voy a hacer de una competencia deportiva, sea cual fuere, una cuestión de nacionalidad, y mucho menos con un pueblo profundamente enraizado en mi corazón como lo es el peruano; necesariamente tiene que exasperarme e indignarme que un subnormal, un despreciable borderline como ese tal martín arévalo (así, en minúsculas, como corresponde a su enanismo intelectual y moral), ningunee, denigre e insulte a un integrante de la selección de fútbol de ese país hermano; máxime en oportunidad de tener nosotros los argentinos las insoslayables obligaciones que emanan de nuestra condición de anfitriones circunstanciales (hasta los beduinos en el desierto consideraban sagrada e inviolable la hospitalidad).
Ese abyecto tipejo es tan infame y ruin como casi todos los (mal) llamados "periodistas deportivos" (?) quienes, salvo puntuales y honrosas excepciones; no son sino mierdas parlantes, cagatintas diplomados en vileza, y además; ineptos, brutos, imbéciles, arrastrados y corruptos. 
Hubo una época -feliz y añorada- en la cual no existía, en la noble actividad del periodismo, esa supuesta y declamada especialización en lo "deportivo" (una estafa lisa y llana); simplemente habían grandes periodistas que poseían, evidenciaban -y hacían gala y aún se jactaban de ello- una amplia, extraordinaria cultura, que les posibilitaba escribir o hablar opinando con autoridad y buen criterio sobre cualquier temática o aspecto.
Por ejemplo, un Dante Panzeri, un Osvaldo Ardizzone, un Horacio García Blanco, un Carlos Juvenal, un Guillermo Oscar Tipito o un Diego Bonadeo -por nombrar sólo algunos de una muy extensa lista- eran profesionales que podían escribir tanto una excelente nota sobre fútbol, rugby, automovilismo o lo que fuere; como así también eran perfectamente capaces de hacerles un magistral entrevista a Marechal o a Borges, o de realizar un concienzudo y fundamentado análisis de una obra artística. Y por añadidura tenían, en grado sumo, dos cosas fundamentales: calle, mucha calle, y eran, en lo sustancial, buena gente. 
En cambio, los actuales (pseudo) periodistas y en especial la mayoría de esos que presumen de “deportivos”; son una pura mierda, como ese aborto de ameba apellidado arévalo.
martín arévalo hijo de tres millones de putas sifilíticas: me gustaría tenerte al alcance de la mano sólo dos minutos, con eso me conformo. 
Pero eso sí, después de abollarte la trompa y bajarte el comedor a piñas, me voy a revisar los grilos, porque siempre hay que tener cuidado con los soretes ladrones como vos; no sea cosa que mientras te cago a trompadas, me chorees la treinta y única chirola que me queda en ellos.

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 23 de septiembre de 2017

IT (ESO)


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Niños, la ficción es la verdad que se encuentra dentro de la mentira y la verdad de esta ficción es muy sencilla: la magia existe. (Stephen King)

Eso (It, en el original en inglés) es la vigésima cuarta novela de Stephen King (n. 21.09.1947, Portland, Maine, Estados Unidos), la cual fue publicada en 1986.

Ese libraco (mil y pico de páginas, para que tenga usted una idea) me voló la cabeza, me atrapó al punto de literalmente devorarlo en un fin de semana, después de lo cual; debo de haberlo releído no menos de cinco veces.
La verdad sea dicha, hasta Eso, yo había decretado, en cuanto se refiriese a mis preferencias de lector con respecto a la producción -ya por entonces muy nutrida- del prolífico amigo King, una suerte de empate. No me habían parecido gran cosa su opera prima, Carrie (sí, OK, ya me lo dijeron millares de veces; no es necesario que usted me lo reitere: “¿En serio no te gustó Carrie? Tendrías que hacer terapia psicoanalítica”) ni La danza de la muerte. Tampoco me sedujeron mucho La zona muerta, Ojos de fuego y Danza macabra. Y me resultó directamente soporífero El talismán -escrito en sociedad con Peter Straub-, que leí en la edición en portugués (y que todavía conservo, no sé por qué ni para qué) durante unas vacaciones que pasé en el Brasil. Pero en cambio; me habían encantado El misterio de Salem’s Lot (que se me antoja sublime), El resplandor, Cujo, Christine, Cementerio -que estimo debería haberse editado como Sementerio, si se hubiera respetado en la traducción lo que quiso significar el autor en el original en inglés- de animales y Maleficio.


Y cuando ya estaba a punto de estipular definitivamente tablas, nomás; oh sorpresa: apareció Eso y me explotó la marota.
La acción se desarrolla en Derry -una ciudad ficticia que la imaginación de King sitúa en el estado de Maine- y la trama gira en torno al horror, la destrucción y la muerte que en ella esparce desde hace casi tres siglos el payaso Centavito (Pennywise, en el original en inglés). Centavito no es simplemente cuestión de coulrofobia; es algo infinitamente más terrible: es El  Mal. Se alimenta de los miedos más recónditos y espantables que cada quien tenga anidados en la psique, y puede adoptar -aparte de la más frecuente: la de payaso con el nombre Bob Gray que se adjudica a sí mismo- cualquier otra forma que se le ocurra, manifestándose en aquello que sea más claramente representativo de dichos miedos y fobias. Y por tal motivo, al desconocerse su real naturaleza; se lo denomina como… Eso.
Hay en la novela reminiscencias de King a lo sostenido por los antiguos gnósticos, pues Eso se trata -como asimismo su contracara, la significante de El Bien (La Tortuga)- de una entidad primordial que estaba ya en los Fuegos Fatuos y precedía a la mismísima formación del universo -del universo engañoso, material, el de mentirita, digamos, que produjo La Tortuga vomitándolo; en tanto el Universo, el verdadero, fue creado por la Divinidad Suprema (El Otro)-. Eso llegó a la Tierra durante la prehistoria en la forma de un asteroide impactando sobre ella en el sitio donde se fundaría, millones de años después, la ciudad de Derry, y allí permaneció hibernando hasta que lo despertó la actividad humana en 1715. Desde entonces, y a intervalos de veintisiete años, Eso, que habita bajo la tierra en un nivel inconsciente para la población, nuevamente despierta, sembrando violencia, calamidad y muerte hasta que vuelve a dormir. El poder de Eso, con el cual domina a la gente de Derry, reside en la facilidad con que ésta olvida las tragedias; porque nadie en la ciudad parece recordar la ola de violencia del ciclo anterior del monstruo.
Pero en 1957, una gran tormenta azota a Derry y Eso resurge de las alcantarillas; sólo que esta vez, tendrá que habérselas con siete pre adolescentes: Ben Hanscom, Beverly Marsh, Bill Denbrough, Eddie Kaspbrak, Mike Hanlon, Richie Tozier y Stan Uris, quienes tienen tan poca popularidad y aceptación entre sus coetáneos, que para preservarse y sobrevivir; anudan entre ellos una férrea amistad, constituyéndose en el Club de los Perdedores. Ellos se enfrentarán a Eso con armas tan “letales” como… un inhalador, una bicicleta o unas balas de plata, a las que sus portentosas imaginaciones les confieren poderes infalibles. ¡Y lograrán derrotarlo!
Sin embargo; no pudieron matar al monstruo. En 1985, el horror retornará, y entonces los otrora Perdedores, ya adultos y exitosos, convocados por Mike Hanlon -el único de ellos que permaneció afincado  en Derry-; deberán volver allí para dar cumplimiento a lo que juraron siendo apenas adolescentes.
Uf, llevado por el entusiasmo, incurrí en el exceso de contarle demasiado del libro; ahora sólo le queda leerlo. Esta novela Eso es la obra cumbre de Stephen King; no se prive de regalarles a su espíritu y a su intelecto el placer y la enseñanza que emanan de sus páginas. Al fin de cuentas, como dijo el propio Maestro del Terror: “Los libros son el entretenimiento perfecto: sin avisos comerciales, sin baterías; te brindan horas de diversión por cada centavo que hayas gastado en ellos. Me pregunto por qué no llevarán todos un libro consigo para esos momentos muertos inevitables en la vida”.
Ah, y si usted, como yo, es un sufrido argentino integrante de esta distópica sociedad flagelada por Mugricio Lacri y sus esbirros, es decir, un monstruo que otra que Eso, y no tiene dinero para comprarse la novela; simplemente pídamela por eMail y se la mandaré en formato electrónico.

-Juan Carlos Serqueiros-



miércoles, 20 de septiembre de 2017

UN DÍA COMO HOY...







































... 20 de setiembre, pero de 1901, nacía Tomás Adolfo Ducó. Fueron sus padres Enrique Augusto Ducó y Elena Blanco.
Fervoroso, apasionado hincha del Club Atlético Huracán, se asoció a la entidad el 23 de abril de 1916, integrando la Quinta División que se consagró campeona derrotando a Independiente 3 a 1.
Abandonó la práctica del fútbol tres años después, para ingresar al Colegio Militar de la Nación. En 1927 se casó en Mendoza con María Esther Cuervo Montenegro. Destinado en La Plata, en 1931 descubrió, en un modesto club de Ensenada, el enorme talento de uno de los más grandes goleadores que ha tenido el balompié argentino: Herminio Masantonio, a quien llevó al Quemero de sus amores.
En 1938 asumió por primera vez como presidente de Huracán y se abocó a sus grandes proyectos, los cuales fructificaron en la construcción de la Sede Social de la avenida Caseros y de uno de los estadios arquitectónicamente más bellos del mundo: el Palacio que desde el 23 de setiembre de 1967 lleva su nombre.
Ascendió a teniente coronel en 1942 y seguidamente fue puesto al frente del Regimiento 3 de Infantería con cuarteles en Parque de los Patricios. 
Fue uno de los fundadores del GOU (Grupo Obra de Unificación, según algunos historiadores, o Grupo de Oficiales Unidos según otros) y tuvo una crucial y decisiva participación en la Revolución del 4 de Junio de 1943 que derrocó al gobierno que presidía Ramón A. Castillo. Su incorruptible honestidad jamás desmentida y sus condiciones extraordinarias de emprendedor infatigable y celoso y eficaz administrador, motivaron que fuera nombrado interventor de la Lotería Nacional. Fue también presidente de la Liga Argentina de Básquetbol, vicepresidente de la Asociación del Fútbol Argentino y cronista deportivo del diario La Nación.
Era puro fuego y pasión, y a menudo impulsivo. Había anudado con Juan Domingo Perón una íntima amistad que los llevó a la decisión conjunta y juramentada de resistir ambos a los tiros y hasta la muerte, en el departamento de Perón donde se habían atrincherado, la orden de detención que Castillo había impartido contra éste. Poco después, en otro arrebato, el 29 de febrero de 1944 Ducó sacó su regimiento a la calle para resistir el reemplazo de Pedro Pablo Ramírez por Edelmiro Farrell, con lo cual la añeja amistad con Perón quedó rota. Nunca se reconciliaron.
Tomás Adolfo Ducó falleció en Buenos aires el 31 de enero de 1964.
Icono principalísimo del Club Atlético Huracán, su figura histórica está perenne e íntimamente ligada al progreso y a la grandeza de la institución.

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 19 de agosto de 2017

viernes, 18 de agosto de 2017

SETIEMBRE NOS ENCONTRARÁ UNIDOS O DOMINADOS






































http://www.megustaleer.com.ar/libro/escenas-del-delito-americano/AR28254

Y en lo que a mí respecta, prefiero la segunda opción: que me encuentre... dominado.
Sí, leíste bien: dominado. Pero ojo; dominado... por el placer que brinda la satisfacción de un deseo: el de tener ¡al fin! entre mis manos, Escenas del Delito Americano, escrito por el Indio e ilustrado por Pablo Guillermo Serafín.
Afectuosamente tuyo y contando los días

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 11 de agosto de 2017

LA REVISTEJA "noticias". LICENCIA PARA ENVENENAR


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Estaba yo webeando, buscando imágenes para un artículo sobre el Indio que estoy escribiendo, y -puta desgracia- me topé con esta cucharada de mierda que fuera cagada hace ya algunos meses:


En verdad, no sé qué me llama la atención ni por qué me espanto y asqueo; toda vez que nada hay de sorprendente en que una inmunda revisteja de cuarta como Noticias, orientada a y consumida por, un público medio pelo, patán, estulto, ramplón, arribista, hipócrita, banal, inconsciente, irresponsable y cipayo; “produzca” una cloaca como esa infecta “nota” escrita (o, mejor dicho; parida analmente) por un repulsivo y ruin terceto de cagatintas pseudo periodistas venales, ignorantes, alquilones, abyectos, arrastrados, lameculos y comemierdas (a los cuales mencionaré por sus iniciales: giselle leclercq - marcos teijeiro - pablo berisso, así, en minúsculas, como corresponde a sus estaturas ético-intelectuales), escorias esas quienes, si se vieran cara a cara con el destinatario de los miasmas que emanan de sus plumas berretas (nada menos que el Indio, el artista argentino de más relevancia y con mayor poder de convocatoria de los últimos treinta años), seguramente correrían a esconderse debajo de la cama.
Tal es la recua padrejona autora del abominable engendro publicado en el pedorrísimo pasquín Noticias; un inicuo grupejo de burdéganos que no pasaría ni tan siquiera aquel examen de redacción que nos tomaba la seño en la primaria con la composición sobre la vaca, ¿se acuerdan? Sólo con echar un vistazo a la "nota" de marras, ya se evidencian los groseros errores en la sintaxis y la abundancia de espantos tales como "el masivo recital... con toda la gloria -y toda la masividad posible-" (sic) y "comparte parte de su intimidad" (sic), por citar sólo un par.
Párrafo aparte para algunos de los “comentarios” emergentes de la hez social "lectora" de esa cadorcha auto denominada Noticias, como -por ejemplo- el de una subnormal que consignó que “Música para pastillas” es “apología” (supongo que en su media lengua-media neurona, habrá querido referirse a “del delito”), sin tener ni la más puta idea del significado de la letra de esa canción; o el de un borderline que tiene la osadía y el descaro de tildar de “estúpidos” a los seguidores de Solari, en tanto a él no le da el piné ni para el cutre reguetón con el cual seguramente se deleita en el marco de su onanismo compulsivo.
Nada nuevo bajo el sol; simplemente más de lo mismo: licencia para envenenar otorgada discrecionalmente a una “editorial” que es en sí misma una asociación mafiosa creada con el definido y expreso propósito de delinquir, a un detestable libelo infame y purulento, a unos asquerosos amanuenses mamarrachescos y felones pagados por tanto y productores en serie de detritos, y de unos “lectores” cuyo cociente de inteligencia promedio es notoriamente inferior aún al de las amebas.
Y, en fin, nada nuevo en un país culturalmente colonizado y reducido a una vergonzante factoría de tercer orden.
¿Sabés qué? Cachá el bufoso... y chau... ¡vamo' a dormir! (Discépolo dixit)


-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 28 de julio de 2017

ERAN OTROS HOMBRES MÁS HOMBRES LOS NUESTROS











Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El 10 de Agosto de 1912 se inauguraba la Escuela de Aviación Militar creada por decreto del presidente Roque Sáenz Peña. ¿Sabía usted, estimado lector, que ese día participó del vuelo inaugural el mismísimo ministro de Guerra, general Gregorio Vélez, evidenciando así su absoluto desprecio por los tremendos riesgos a los que se exponía volando en un frágil avioncito de tela en aquellos tiempos en que la aviación estaba aún poco menos que en pañales?
¿Y sabía usted que en 1899, el presidente Julio A. Roca, al dirigirse al encuentro que mantendría en Punta Arenas con el chileno Errázuriz, lo hizo a bordo del acorazado Belgrano, el cual era pilotado personalmente por el mismísimo ministro de Marina, comodoro Martín Rivadavia, y navegando, en un alarde de coraje, por el llamado "camino del sudoeste", es decir, por los inextricables canales fueguinos, ruta peligrosísima y apenas esbozada en las cartas marinas?
Tanto lo de Sáenz Peña como lo de Roca era decirle al mundo: "Miren, soy el presidente de mi país, Argentina, héroe de Arica y general del ejército del Perú, y mis galones militares los gané combatiendo en la guerra del Pacífico. Y mi ministro de Guerra no es un simple burócrata de escritorio, sino un general que no manda a un subordinado a subirse a un precario avión de tela, sino que va él mismo"; y "Vean, soy el presidente de mi país, Argentina, teniente general de su ejército y no luzco los entorchados por haberlos obtenido en algún pasillo, sino que gané todos y cada uno de mis ascensos en los campos de batalla. Y confío en el profesionalismo y en la eficacia de mi ministro de Marina, al punto de viajar yo mismo por aguas prácticamente desconocidas en un buque de guerra pilotado por él".
Ahora compare usted lo de aquellos hombres, que fueron SEÑORES MINISTROS DE LUJO; con lo de (entre otros deplorables sujetos exponentes de lo archivado en el rubro etcétera), el ex ministro de "Defensa" (?), aquel impresentable mamarracho Arturo Puricelli (ex interventor de ENCoTeSA durante el menemato y quien llevó a cabo la "patriótica" tarea de... ¡entregarle el Correo a Macri!), durante cuya "gestión" se hundió un buque, y hasta una ex colonia de segundo orden, un paitejo insignificante como Ghana, se dio el lujo de embargarnos la fragata Libertad (y lamentablemente tengo que citar a ese deleznable individuo, porque si bien nací, soy y moriré peronista; soy también un fiel y obsesivo observante de la honestidad intelectual). O con lo del cipayo coimero Julio Martínez, ministro de "Defensa" (?) del macrismo, que un 25 de Mayo, en los actos oficiales, puso un cartel que rezaba... ¡"1816-2017"!, y declaró, muy suelto de cuerpo, que "independientemente de la 'cuestión Malvinas', hay que trabajar en conjunto con Inglaterra".
Cuidado: Un pasado cargado de glorias, cuando no se lo ha asimilado y grabado a fuego en el alma nacional; puede transformarse en un aterrador futuro indigno, espantoso y agobiante.
Ojo al piojo, no vaya a sucedernos que ese futuro sea como uno que ´"llegó... hace rato" (Indio Solari dixit).

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 20 de julio de 2017

LOS PUTERÍOS DE PUTIFY


















Estoy leyendo a muchos boluditos de la luna opinar como si supieran de qué se trata y emitir juicios de valor críticos hacia el Indio por el asunto de los discos de PR que se subirían a putify.

Y no sólo eso, sino que además; se atreven a "llamar a la reflexión" a Solari, a pedirle que "guarde el equilibrio", y hasta leí a un pajerito... ¡¡¡abundando en consideraciones sobre la "tiranía que el Indio ejercía en PR"!!!
Decididamente, cuando escribió "en manos de pavotes todo el sueño quedó", seguramente monsieur Sandoz no adivinó hasta qué punto llegarían la fatal certeza y la exactitud de tal enunciado.
Pendejos culos sucios que no saben ni sonarse los mocos, pontificando sobre lo que está bien o mal y tomando partido en una cuestión de la cual ignoran todo.
El futuro llegó... hace rato.
Como siempre, a muerte con vos, Indio; sos mi único héroe en este lío.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 30 de junio de 2017

GARRAS. LA ENUNCIACIÓN DEL ALMA ATORMENTADA























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Dedicatoria: A Gabriela, mi esposa, amiga y cómplice en la comisión del delito de vivir.

Lo que pasa es que Catunga es demasiado lindo para ser hombre. (Roberto Goyeneche)

Esta grabación es de antología: "Garras", interpretado por el Polaco Goyeneche con la orquesta de Atilio Stampone:


La melodía, creación del Gordo Troilo compuesta para unos versos desgarradores de Catunga Contursi escritos en 1945, en su período más depresivo, triste, abatido y melancólico, luego de su alejamiento de Gricel Viganó en 1940 (click en este Enlace para ver mi artículo al respecto, pues si usted no conoce la historia de ese amor, permítame entonces sugerirle que lo lea previamente a proceder a la lectura de esto que aquí y ahora publico, porque de lo contrario; no entenderá), con su corazón lacerado, arrastrando una pena atroz y estragado por el escabio.




GARRAS
(Música: Aníbal Troilo - Letra: José María Contursi)

Callejón sin luz esperándote...
Frío... Sombras...
Ansias de vivir para tu amor y no poder...
Siento que la vida se me va... y no me lloras.
Busco desolado tu calor... y aquí no estás.
Agonía cruel... Luego soledad...
Y después tu olvido. ¡Nada más!

No pude más y en mi afán por llegar
era un duende errabundo
que se perdió sin poderte encontrar
por las calles del mundo...
Y me he quedado
como un pájaro sin nido, como un niño abandonado,
con mis penas que se agarran como garras
y desgarran a mi corazón.

Callejón sin luz... Noche sin final...
Sombras... Frío...
Gracias por venir con tu perdón y tu bondad...
Ya mi pobre vida terminó... y estoy vacío,
muerto para el mundo y para vos mi corazón.
Agonía cruel... Luego soledad...
Este llanto tuyo y nada más...




Pero (y es muy extraño, incluso hasta diría inexplicable, que este detalle les haya pasado inadvertido a los biógrafos de Contursi) aún en medio de todo ese horror; su inconsciente le señaló una esperanza: "Gracias por venir con tu perdón y tu bondad", escribió el poeta en la segunda estrofa, cual si fuera una predicción, en una lucecita que re encendió luego en esos puntos suspensivos dejados tras un "Este llanto tuyo y nada más...", claramente contrapuesto al rotundo "¡Nada más!", así, entre signos de admiración, que había escrito en la primera estrofa y que aparecía como inexorable.
Y el vaticinio se cumpliría, porque... ¡dieciséis años! más tarde de todo aquello, Gricel, anoticiada de que Contursi -ya viudo de Alina Zárate desde 1955 y perseguido, acosado, por la revolución gorila, cipaya y asesina que derrocó a Perón (Catunga, peronista acérrimo, era el secretario general de SADAIC)- estaba completamente entregado al alcohol; viajó a Buenos Aires para buscarlo, y lo rescató de una muerte segura llevándolo consigo a Capilla del Monte, Córdoba, para vivir juntos desde allí en adelante. 
Se casaron en 1967. "Otra vez Gricel, como testamento de un amor que vence aún hoy al tiempo" le escribió él, y al año siguiente surgió, a partir de esa frase; la poesía de Otra vez Gricel, que musicalizara Joaquín Mauricio Mora:

OTRA VEZ GRICEL
(Música: Joaquín Mauricio Mora - Letra: José María Contursi)

Ya lo ves...
Cómo lastima vernos juntos otra vez,
Cómo los sueños se diluyen en las manos
Sueños vanos... sueños vanos...
De un tiempo ausente.
Para qué...
Rememorar lo que fue nuestro y que no fue
Más que una trenza de esperanzas y de engaños,
A través de tantos años...
¡Gricel... Gricel...!

Hoy mi corazón está vencido...
Yo no puedo darte más que olvido.
Sé que para vos,
El tono triste de mi voz
Es un castigo... ves?
Es tu fe, tal vez que está perdida
Si vuelves huyendo de la vida...
Yo también sin vos,
Siento el temor de no morir
¡Con vos... con vos...!

Ya lo ves...
Los años pasan escapando del ayer,
Y nos destruyen sin pensar que estamos viejos
Y que somos el espejo...
De un desencanto.
Otra vez...
Tengo el celeste de tus ojos y tu piel
Y son mis penas que te piden que te quedes,
Que te quedes para siempre... 
¡Gricel... Gricel...! 


Es que la poesía tiene esas cosas, vio... No por nada Dalmiro Sáenz dijo certeramente que es "la sublevación del hombre contra la razón". Y... sí, contra la razón... pero la propia del consciente; porque el inconsciente también tiene las suyas. Que suelen ser infalibles. 
Permítame el atrevimiento de recomendarle, querido lector, el libro Poetas del tango y el sentir argentino (de 1917 a 1959), autoría de la licenciada en Filosofía y astróloga junguiana Alicia Hebe Contursi, hija de Catunga. En él encontrará usted las referencias imprescindibles para trazarse una semblanza de aquel poeta, de su índole, de su psiquis...



El 11 de mayo de 1972, la maldita doña cirrosis le cobró de una a José María la larga y onerosa cuenta de los innumerables whiskys trasegados. Tenía 60 años. Gricel (que era nueve menor que él), lo sobrevivió hasta el 25 de julio de 1994, día en que la muerte, en forma de derrame cerebral, se apiadó de los sufrimientos que le causaba una incurable leucemia.
Suelo a veces, cuando el crepúsculo preanuncia el reinado de la noche, tirado a la bartola sobre unos terciopelos (Solari dixit), ponerme a escuchar al Polaco interpretando Garras. Y así contemplar, quedo, a través del cristal rubí de un noble y viejo syrah, las borrosas sombras de aquellas almas atormentadas por las pasiones humanas.
Y entonces se me figura que al llegar a comprenderlas, ellas esplenden en toda su magnificencia, en medio de una hoguera que es, al mismo tiempo, un edén de amor, un suplicio de ausencia, un infierno de pena y una vorágine de alcohol.


-Juan Carlos Serqueiros-



jueves, 25 de mayo de 2017

HURACÁN, CON H DE HONOR Y DE HUMILDAD




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1903, en la casa de Tomás Jeansalle ubicada en la calle Ventana 859 del barrio de Nueva Pompeya, un grupo de alumnos del Colegio Luppi fundó un club. 
La tradición oral nos trae la famosa anécdota del librero italiano Richino (probablemente Riccino antes de arribar a nuestro país), a quien le fuera encargado el primer sello, que por aplicación del idioma original de aquel inmigrante de la itálica península, rezaba “Uracán”; y la existencia de una propaganda gráfica que aludía a algún producto cuya marca era “El Huracán”, lo cual provocó que se trocara el planeado apelativo de “Verde Esperanza y No pierde”; por el de “Club El Huracán”, más acorde con los magros bolsillos de aquellos visionarios fundadores que sólo habían podido juntar entre todos $ 2,50 para la confección del sello.
Eso según algunos; pero en un reportaje que en 1934 le hizo la revista El Gráfico, Tomás Jeansalle afirmó que se propusieron dos nombres para el club que nacía: Defensores de Villa Crespo, y Verde Esperanza, los cuales fueron descartados, el primero, porque no tenía nada que ver con el barrio de aquellos emprendedores muchachos; y el segundo, porque les pareció "demasiado poético", "demasiado lindo para un club de fútbol" (sic).



El escudo oficial del Club Atlético Huracán es el universalmente conocido globo rojo sobre fondo blanco. Ahora bien, ¿cómo y cuándo se adoptó dicho símbolo y cuáles fueron los motivos que condujeron a ello? La respuesta a estos interrogantes no es por cierto tarea sencilla, ya que la noche de los tiempos y los humildes orígenes de la Institución (la grandeza va siempre aparejada a la humildad) tiende un inexorable manto que torna nebulosos los recuerdos, y además; es escasa la documentación con que se cuenta.
Las primeras actas del Club hacen referencia a su fundación el 25 de Mayo de 1903 y a su reorganización el 1º de Noviembre de 1908, y estipulan que utilizará camiseta blanca con el distintivo del globo “Huracán”. Y ahí ya tenemos el primer enredo en la riquísima historia quemera, ya que del aerostato bautizado con el nombre “Huracán” propiamente dicho, no se tenía conocimiento en 1908 y muchísimo menos en 1903, por la sencilla razón de que fue introducido en nuestro país por el ingeniero Jorge Newbery recién en 1909. No obstante ello; debemos tomar en cuenta que en la Navidad de 1907 se realizó en nuestro país la primera ascensión en globo, efectuada en el aerostato “Pampero” tripulado en esa ocasión por Jorge Newbery y Aarón Anchorena, globo ese que posteriormente, el 17 de octubre de 1908 condujera a su trágico destino al doctor Eduardo Newbery y al sargento Eduardo Romero al precipitarse en las aguas del Océano Atlántico.
En 1909 Jorge Newbery importó de Francia el globo que denominaría “Huracán”, con el cual realizaría, el 27 de diciembre de ese año, la proeza de surcar por aire tres países: Argentina, Uruguay y Brasil, hecho este que les merecería posteriormente a los iniciadores del Club, la intención -traducida luego en una carta dirigida a Newbery- de hacer la analogía entre dicha hazaña y el logro deportivo alcanzado por Huracán de conquistar, en 1912 y 1913, los campeonatos de 3º y 2º divisiones, que posibilitaron su arribo en 1914 a la ansiada 1º división.
Por otra parte, en 1911 se produjo en el seno del Club, la designación de Jorge Newbery -a la sazón, Director de Alumbrado de la Municipalidad de Buenos Aires- como Primer Presidente Honorario, en agradecimiento al mecenazgo con el que quiso honrarnos, al influir para que el municipio cediera a nuestro Club los terrenos ubicados en la actual avenida Almafuerte (antes calle Arena), sitio este en que se erigió nuestra primera cancha, y por contribuir pecuniariamente desde su generoso bolsillo para los esforzados sostenimiento y desarrollo de nuestra amada Institución.


Debe tomarse en consideración, además; que cabe dentro de lo muy probable que lo que tenemos como primeras actas del Club haya sido formalmente escrito algunos años posteriores a la fundación -manteniéndose hasta ese momento las “actas”, ya sea en la memoria de los protagonistas, ya sea en apuntes ocasionales-, pues si recordamos que aquellos pioneros sólo disponían de $ 2,50 para un sello de goma; es bastante lógico inferir que la compra de un artículo por esa época tan costoso como un Libro de Actas, estaba bastante más allá del alcance de su modesta economía.
En función de lo hasta aquí enunciado, puede apreciarse cuán difícil resulta establecer con certeza cuándo y bajo qué circunstancias se tomó efectivamente la decisión de adoptar el globo como distintivo. 
La particular interpretación de quien esto escribe, es que debe haber sido circa 1910, como forma de homenajear a una personalidad tan relevante como Jorge Newbery (quien previamente había expresado su conformidad para la adopción del símbolo por parte del Club), que contribuía económicamente al sostén institucional y que tanta trascendencia había logrado con su memorable hazaña de unir tres países en el vuelo de su gallardo aeróstato; estableciéndose así para imperecedera memoria de las sucesivas generaciones quemeras, la correspondencia entre el globo “Huracán” de Newbery, y el nombre que para el club por imperio de las limitaciones económicas había sugerido el librero Richino, ya sea por verlo en un cartel publicitario que tenía en su negocio o por ocurrencia del momento.












Sea como haya sido la cosa, y más allá de mitos y leyendas; lo real y concreto es que el globo rojo sobre campo blanco (“heráldica suburbana”, en la genial y prolífica pluma del inmortal poeta Homero Manzi –conspicuo y fanático huracanense), es la característica distintiva de nuestro Huracán, que lucen orgullosamente nuestros deportistas de todas las disciplinas, que está tatuado en el alma de los miles y miles de quemeros repartidos en el mundo, y que hoy vemos reproducido en decenas de clubes homónimos distribuidos por la extensa geografía patria y del exterior; clubes estos fundados y desarrollados al influjo de su inmanente grandeza.


¡Huracán!, con H de Honor y de Humildad.

-Juan Carlos Serqueiros-