jueves, 23 de julio de 2026

SUPER-DIOS VS. EL AGUILA GUERRERA



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Mis letras no son crípticas. Siempre reflejan la realidad, sólo que contada poéticamente, a través de un lenguaje rítmico. (Indio Solari)

Me gustan todas las canciones del Indio, tanto las que han sido llevadas al disco como las que permanecieron oficialmente inéditas. Todas, pero TODAS en serio, eh, desde “Barbazul versus el amor letal” hasta “Serenata de los Santos Fumadores”.
A propósito de esta última, recuerdo que al escuchar una tan sublime autobiografía lírico musical que es, al mismo tiempo, toda una declaración de principios y hasta la condensación poética de una filosofía de vida; pensé: “bueno, si el Indio la considera la mejor de las canciones que compuso y escribió, e incluso la tuvo años en la gatera hasta dar, en 2024, con la voz mágica de Valentina Cooke para que la interpretara magistralmente; entonces ha de ser nomás llegada la hora de prepararse para asistir a un Solari encarnado en el Chanchito Porky tartamudeando su característico ¡Eso es to-to-todo, amigos!
Pero —seguramente por haber obviado la circunstancia de que él era, en sus propias palabras, “un ambicioso estelar y cósmico”— felizmente, yo estaba equivocado en mi suposición, en tanto sí habría más. Cómo no.
¡Y cuánto más! Porque aún cuando estuviera cruelmente afectado por el avance implacable de ese tremendo mal parido llamado señor Parkinson; Solari nos obsequió, un año antes de irse de esta dimensión, la maravilla titulada “Super-Dios vs. El Águila Guerrera”, canción estrenada el 14 de junio de 2025, enmarcada en el más alto de sus proyectos, la crème de la crème, la selección de la selección: El Mister y los Marsupiales Extintos, la banda que formó para hacer “la música más elaborada… para la gente más grande… un lounge mordaz” (sic). Y la adjetivación es perfecta, pues refiere, claro, a melodías estilo lounge, o sea, música más… tranqui, lenta y relajada; pero aplicada a poéticas cargadas de sarcasmo e ironía y frecuentemente críticas, todo bajo una ligereza aparente. Por ejemplo, si escuchás al prócer del lounge: Henry Mancini, mientras mirás cualquiera de los tantos episodios de la serie animada La Pantera Rosa, instantáneamente percibís que allí, de suave y ligero no hay absolutamente nada a no ser la excelencia de una melodía fascinante ejecutada en saxo tenor y que, por lo contrario; bajo una pátina de humor, picardía y mordacidad, en realidad estás asistiendo a un combate librado contra la burocracia, la mezquindad, el absurdo, la sinrazón, la impostura y la injusticia.
En Los Marsupiales Extintos los músicos son los mismísimos Fundamentalistas del Aire Acondicionado, sólo que con sus identidades formales “ocultas” bajo pseudónimos: Conrado Marsupial es el guitarrista Gaspar Benegas, Marta Marsupial es el bajista Fernando Nalé (eventualmente mencionado como Marsupial Neil cuando asume el rol de mastering), Rubén (también citado como Rúben cuando labura de ingeniero de sonido) Marsupial es el tecladista Axel Lang, Electra Marsupial es el guitarrista Baltasar Comotto, Honorato Marsupial es el saxofonista Sergio Colombo, Carlin Marsupial es el guitarrista Lucas Solari, sobrino nieto del Indio y todo así…

SUPER-DIOS VS. EL ÁGUILA GUERRERA
(Autor y compositor: Carlos Alberto Solari)

Quiero creer que alto en el cielo
nos queda aún un águila guerrera
luce los colores del mar y del cielo
y es lo único que temen las ratas

Y si cobijás una de ellas
con tus alas de lata
con tu propio veneno te va a joder

Ahora nuestra águila flota a su aire
abriendo y cerrando sus garras inquietas
barriendo las rocas con su vista certera
y todos queremos que la patria nos ame

Dicen por allí que el demonio (así lo hace)
Es Super-Dios cuando se emborracha (ella hace)
cuando hablo de ratas vos ya sabés.


Estamos ante una canción neta, cabalmente, patriótica, pero a la vez; despojada de todo atisbo de patrioterismo chauvinista meramente declamatorio y/o de nacionalismo berreta.
De movida nomás, a la base rítmica, cuasi marcial, de la percusión (con instrumentos virtuales que están a cargo del propio Mister) y el bajo de Marta Marsupial, la sobrevuela una melodía inefable, hipnótica, ejecutada con sin igual maestría en la viola de Electra Marsupial. “Quiero creer que alto en el cielo”, canta el Mister, más no como una simple expresión de deseos ni alentando una esperanza que inevitablemente resultará vana porque sólo consiste en sentarse a esperar lo mejor sin hacer nada; sino constituida en la aseveración de una convicción profundamente arraigada. 
Frente a la distopía de un pueblo gimiente bajo el yugo de los poderes fácticos que lo oprimen (simbolizados en “las ratas”), se produce la reacción popular mediante un retorno a las raíces, al mito fundacional de la argentinidad, al que indubitablemente remite la alusión a la ópera “Aurora” de Héctor Panizza y más precisamente al intermezzo entre los actos segundo y tercero con el aria “Alta en el cielo”, la que hoy por hoy a partir del decreto gubernamental de 1945 —e imagino aquí que ya reparaste en el año, ¿no?— conocemos como “Canción a la bandera”, esa que cantábamos en la escuela.
Pero ¿qué es “lo único que temen las ratas”? Y… qué otra cosa va a ser sino la eclosión magnífica de un pueblo, es decir, la rebelión popular, la revolución que las arroje del poder. De allí el recordatorio de lo que ocurre “si cobijás una de ellas / con tus alas de lata / con tu propio veneno te va a joder”. Traducido al criollo: si envenenado de odio tenés "alas de lata" en lugar de altos sueños y votás irresponsable y despreocupadamente a un payasesco psicótico incestuoso con delirio mesiánico, caprichos de adolescente, veleidades de tiranuelo y complejo de inferioridad quien, aliado a un monstruoso psicópata delincuente internacional y a una terrorista alcohólica y malvada, implanta un orden injusto y perverso en provecho exclusivo de una banda infame de ladrones, coimeros, meretrices y transeros, y privilegiando a una oligarquía económico financiera que oficia de tributaria y comisionista de los poderes del exterior; el resultado no puede ser otro que un pueblo esclavizado y condenado a malvivir en el puto subsuelo de la miseria.
De ese statu quo de expoliación, entrega y latrocinio implantado por un “demonio” —que no es precisamente aquel simpático y querible Luzbelito al que arbitrariamente Dios le picó el boleto; sino uno malo de verdad, un terrible chozno de puta travestido en un espantable Super-Dios borracho de poder omnímodo—, viene a salvarnos y rescatarnos el “águila guerrera” que “ahora flota a su aire” (dicho sea de paso, genial y castellanísima metáfora para significar “soberanía”, con la que se florea el Mister metiendo un golazo de rabona, ¿o acaso se te ocurre alguna más apropiada?) y que “abriendo y cerrando sus garras inquietas / barriendo las rocas con su vista certera” vigila celosamente y protege nuestros recursos naturales, nuestra riqueza ictícola y nuestros minerales y tierras raras.
No por nada el Mister canta “y todos queremos que la patria nos ame”, así como no por nada Borges escribió “nadie es la patria, pero todos lo somos”. Es una especie de final feliz: ya arrojado el lastre de "las ratas" tras el triunfo de la revolución de amor, hay una identidad nacional colectiva significante de cohesión popular más allá de toda diferencia de clase, de pensamiento o lo que fuere.
Ah, no quiero olvidarme de otra “cosita”: lo de la guitarra de Electra Marsupial en este tema es heroico. Glorioso, diría.
Al escucharla por primera vez, esta canción no sólo conmovió mis sentidos; sino que permeó los planos más altos de mi psiquis. Me traspasó, directamente.
Cuando el Mister habla de ratas, yo sé muy bien a quiénes se refiere. ¿Y vos?

-Juan Carlos Serqueiros-

No hay comentarios:

Publicar un comentario