Escribe: Juan Carlos Serqueiros
A solicitud suya, vía correo electrónico envié (obviamente, en formato digital) a un amigo los dos libros acerca de nuestra historia, escritos ambos por el decano de los historiadores argentinos, el deán Gregorio Funes: “Ensayo de la Historia civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay" (ed. 1816, Imprenta de M. J. Gandarillas y socios, Buenos Aires) e “Historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata 1816-1818", (ed. 1875, Imprenta del Porvenir, Buenos Aires).
¿Querés saber dónde los obtuve? Te cuento: en el website de la universidad de... ¡Harvard! Y para nada es ese un caso aislado, eh; montones de libros y documentos digitalizados de historia argentina hay que descargarlos de instituciones de España, Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Holanda, Alemania, etc.
Y cuando algún historiador de verdad se proponga narrar la guerra de Malvinas en 1982, los documentos tendrá que buscarlos en el Foreing Office londinense.
Hace unos años escribí acerca del proceso que desembocó en el despojo que se le hizo al Chaco de sus mejores colonias: las situadas por debajo del paralelo 28, para otorgárselas a la provincia de Santa Fe, con las consiguientes extranjerización de la tierra pública y formación del consorcio transnacional La Forestal, la explotación de los trabajadores, la expoliación, la miseria y la represión sangrienta. Y a eso hay que agregar la tala indiscriminada de los quebrachales, lo cual trajo aparejadas alteraciones irreversibles en la biodiversidad, la erosión y desmineralización de los suelos, además de un descenso alarmante en su capacidad de absorción y retención del agua, la modificación del régimen hídrico y una sensible baja en la población de las especies animales (varias de ellas incluso hasta la cuasi extinción). Todos efectos espantosos que los argentinos no sólo continuamos sufriendo en la actualidad (ya transcurridos ciento veinticuatro años de todo aquello); sino que encima; ante nuestra pasividad inentendible, se reitera el ecocidio a paso redoblado en tanto a la fecha la deforestación está cercana a los 20.000.000 de árboles.
En 1880, la guerra civil entre la nación y las provincias de Buenos Aires y Corrientes sublevadas y aliadas entre sí, concluyó, por el empecinamiento del presidente Nicolás Avellaneda, con la ciudad de Buenos Aires erigida en capital federal ante la resignación del presidente electo para sucederle en el poder: Julio A. Roca, quien propugnaba que fuese Rosario. Lejos de haber aprendido la lección, agravamos aquel error con la mil veces maldita reforma constitucional del menemismo y el radicalismo en 1994 y la creación de esa horrible entelequia llamada CABA.
El desinterés y el desdén por el conocimiento de nuestra historia me indigna y preocupa. Con 70 años sobre el lomo, ya estoy más cerca del arpa que de la guitarra, con lo cual mucho más que asistir impotente a la entrega de nuestros recursos naturales y a la disolución nacional que está latente, no puedo hacer; pero vos sos vida joven, pensá un cachito: ¿cuánto más creés que nos queda como país si seguimos así?
-Juan Carlos Serqueiros-


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