viernes, 10 de octubre de 2014

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA HISTORIOGRAFÍA DEL PARAGUAY. PRIMERA PARTE




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

¿Por qué olvidar que en 1852 sabíamos tanto del Paraguay como del interior de la China? (Juan Bautista Alberdi) 

Si uno no considerase -tal como corresponde hacerlo, sin dudas- la condición previa de una evolución gradual de la sociedad paraguaya que la condujese al pleno goce de las libertades y los derechos individuales; seguro calificaría de paradójico que el ocuparse del conocimiento de su historia haya debido esperar hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX y que obedeciera más a la necesidad de los gobiernos de los López de responder a las críticas que desde el exterior se les hacían y tratar de refutarlas; antes que a un convencimiento propio y razonado de que encarar el asunto resultaba ya impostergable. Veamos:
Carlos Antonio López, enfurecido porque Rosas se negaba a reconocer la independencia paraguaya, había celebrado, a fines de 1844, un tratado de comercio con la provincia de Corrientes (prolegómeno de la guerra que declaró a Rosas a fines de 1845) y enviado un ejército de 4.000 hombres a las órdenes de su hijo (a quien había nombrado coronel a los 18 años) a "auxiliar" a José María Paz, quien era a la sazón, el jefe del ejército de Operaciones (y quien calificó a la columna paraguaya de "masa informe con la que no se puede contar por el momento; sin instrucción, sin arreglo, sin disciplina e ignorando hasta los primeros rudimentos de la guerra"). Encima, varios oficiales paraguayos, influenciados por la propaganda liberal y de constitucionalismo, tramaron un complot para derrocar a López a su regreso a Asunción.
Derrotada por Rosas a través de Urquiza la intentona paraguaya, Francisco Solano López escapó a su país con sus fuerzas y lo mismo hizo Paz con toda su oficialidad, entre la cual se encontraba un mercenario austro-húngaro: Franz Wilhelm Edgar Wisner von Morgenstern. Recordemos este nombre, pues como veremos más adelante; tendrá relevancia en el tema que tratamos. Estos últimos (Paz y sus oficiales, digo), luego se refugiaron en el Brasil. 
Por su parte, Carlos Antonio López buscó adquirir armas al imperio, y a mediados de 1849 volvió a las andadas contra la Confederación Argentina y puso a von Morgenstern al frente de un ejército de 6.000 hombres. Su plan se trataba, a la par de hostilizar a Rosas; de mantener abierta la antigua línea comercial entre Itapúa (la actual Encarnación) y San Borja (la actual São Borja), en las Misiones. Se sucedieron entonces los actos de depredación, incendios y saqueos cometidos por los paraguayos en el puerto de Hormiguero y en Santo Tomé, y la ocupación de Tranquera de Loreto (que era el límite entre las Misiones y la provincia de Corrientes, donde hoy está la ciudad de Ituzaingó, y de Trinchera de San José (la actual ciudad de Posadas). Finalmente, los latrocinios cometidos por los propios paraguayos, fueron los que esterilizaron el comercio que se proponía López. Pasó que éste se dejó llevar por von Morgenstern y sus socios brasileros: el encargado de negocios en Asunción, Pedro de Alcântara Bellegarde, y un diputado apellidado Fernández Chaves, quienes por una jugosa comisión en la venta de armas, habían "asesorado" a Don Carlos en el sentido de que iba a declararse la guerra entre la Confederación Argentina y el Brasil. Al percatarse de la gaffe que había cometido, López mandó a su hijo Francisco Solano a tratar de enmendarla (éste destituyó a von Morgenstern, quien se radicó en Itapúa, dedicado a la actividad forestal; ya lo veremos reaparecer en escena), e intentó, paralelamente, conciliar un tratado con Rosas quien, harto de las trastadas del paraguayo; se limitó a ignorarlo e hizo dictar una ley autorizándolo a reincorporar al Paraguay por la fuerza, lo cual finalmente no se produjo, porque su gobierno cayó en Caseros. El 17 de julio de 1852, la Confederación Argentina reconoció la independencia del Paraguay; pero los conflictos debidos al desacuerdo por los límites, continuaron. 
En ese marco, el primer antecedente relativo a la cuestión de la historiografía paraguaya, se dio a mediados de 1857. Un sector de la prensa de Buenos Aires, con el periódico El Orden a la cabeza, se embarcó en una tenaz campaña de denuestos contra el gobierno lopista, a la par que de encendida defensa de la libre navegación por el Alto Paraguay, y dando inclusive sitio en plana destacada a una serie de Cartas dirigidas al presidente Carlos Antonio López por parte de un paraguayo exiliado en Buenos Aires: Luciano Recalde, con prólogo y comentarios de Sarmiento.
A Recalde salió a responderle, en favor del lopismo, en las páginas de La Reforma Pacífica que dirigía Nicolás Calvo; otro paraguayo residente en Buenos Aires: Juan José Brizuela, quien además editó, en la imprenta de dicho periódico, no tanto un libro sino más bien un folleto escrito en parte en prosa y en parte en verso, bajo el extenso título "Ojeada histórica sobre el Paraguay, seguida del vapuleo de un traidor, dividida en varias azotainas administradas al extraviado autor de las producciones contra el Paraguay conocido vulgarmente por el nombre Luciano el sonso" (sic) (cursivas mías).
Es menester aclarar también que en el asunto intervenían, aparte del enfrentamiento político - ideológico en sí (Recalde formó parte principal de la llamada Sociedad Libertadora del Paraguay, opositora al gobierno de su país; y Brizuela integraba el staff de los López desde los tiempos de la gira europea de Francisco Solano -incluso hay quienes sostienen que fue amante de Elisa Lynch en París y que fue él, cuando se cansó de disfrutar de sus "favores", quien se la presentó después a aquél; pero se trata de algo que no está comprobado y que posiblemente sea sólo un chisme usado como dicterio-), intereses vinculados al comercio de la yerba mate.
Al morir Carlos Antonio López en 1862, le sucedió en el gobierno su hijo, Francisco Solano. Será materia de otro artículo abordar el asunto de esa presidencia hereditaria y las supuestas (o no) intenciones de este último de implantar posteriormente una monarquía y de cuánto hay de verdad o de mito en las gestiones que tendientes a ese efecto llevó a cabo en distintas cortes de Europa; por ahora quiero ceñirme a la cuestión de la historiografía paraguaya y qué hicieron los López al respecto. 
Ya hemos visto lo del padre; en la próxima entrega, estudiaremos qué actitud adoptó el hijo en relación al tema que nos ocupa hoy.

Continuará

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