martes, 15 de noviembre de 2011

JUAN LUIS NOUGUÉS









































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En plena “Década Infame” (José Luis Torres dixit, para referirse al período que va desde el derrocamiento de Yrigoyen el 6 de setiembre de 1930, hasta la revolución del 4 de junio de 1943 y que no fue una década, sino que duró casi trece años), la oligarquía tucumana sufriría un buen susto. Y –cosa extraña-, a manos de alguien surgido nada menos que de los estratos sociales más altos, es decir, de la aristocracia: Juan Luis Nougués (n. Tucumán, 01.05.1898).
¿Cómo y en qué contexto se produjo tal fenómeno? Pues eso es aún más extraño todavía, y es lo que voy a tratar, en apretada síntesis, de desarrollar a continuación.
En 1927, el descrédito del radicalismo tucumano en función de gobierno, llevó a que un joven e impetuoso Juan Luis Nougués ganara las elecciones municipales y acertara a llevar adelante una obra esforzada, fecunda, eficaz, y fundamentalmente; con un profundo contenido social.
El prestigio ganado (sobre todo entre el pobrerío, o sea, por aquel entonces, el 90% del electorado, porque los recursos económicos para solventar su plan de urbanización y mejoras sociales, Nougués se los sacó a los ricos (¿y a quién, si no?) -y entre esos ricos, a su propia familia- a través de esa gestión, lo llevaría a alzarse con la victoria en los comicios de fines de 1931, en los que resultó electo gobernador, merced a la abstención de los radicales (que como es habitual en ellos, no entendían nada). 



Empezaba así el calvario de Nougués, que habría en adelante de sufrir la cerrada, tenaz y despiadada oposición y crítica, no sólo de la oligarquía "de derecha" (los conservadores, resentidos con él por lo que ellos consideraban exacciones en su perjuicio, ocasionadas durante su período como intendente), sino además; de la oligarquía "de izquierda" (que también la había y la sigue habiendo).
Juan Luis Nougués pretendió encarar reformas de fondo y meter el bisturí hasta el hueso en procura de implantar en la provincia la justicia social. Para ello, había concebido un ambicioso proyecto de obras públicas (caminos, escuelas y viviendas), con el cual pensaba resolver de un plumazo y simultáneamente, los tres problemas que lo desvelaban: la desocupación, la salud y la educación.
Claro, había un pero (siempre hay un pero); porque Nougués planeaba financiar su proyecto de obras públicas con los impuestos, principalmente a la industria azucarera, mas éstos ya habían sido liquidados con antelación por los gobiernos que lo precedieron; de modo que quiso aplicarles a los ingenios un impuesto adicional de… $ 0,02 por kilo de azúcar (sí, leyeron bien, dos centavos por kilo) y ahí se armó la cuestión: la oligarquía de derecha y de izquierda, los diarios (La Gaceta a nivel provincial, y La Nación, La Prensa y Crítica a nivel nacional), los radicales y hasta el gobierno nacional del presidente Agustín P. Justo, constituyeron una alianza formidable contra la cual no sólo no podría Nougués, sino que no podría nadie; era demasiado para cualquiera, por fuerte, popular, honesto y bienintencionado que fuese. Para colmo, Nougués había llevado al ministerio de gobierno al periodista combativo José Luis Torres, cuya figura era para el establishment, directamente intragable.

Así las cosas, la oligarquía de izquierda no le perdonaba a Nougués el cagarse en Carlitos Marx, la oligarquía de derecha no le perdonaba a José Luis Torres sus virulentos ataques, y en fin, ambas oligarquías (en el fondo y siempre, una sola) consideraban que había que voltearlos sí o sí.
Y los voltearon: primero cayó José Luis Torres, a pesar de que Nougués lo sostuvo a muerte, y después; la intervención federal acabó con el gobierno de este último.
Injuriado y pobre (toda su inmensa fortuna particular la gastó en la política; baste con decir que todos los gastos protocolares del gobierno los solventó de su propio peculio), terminaría por morir de resultas de un accidente cerebro vascular en un más que humildísimo y reducido departamento el 9 de marzo de 1960.

En Tucumán la justicia social quedaría postergada hasta el advenimiento de Juan Domingo Perón; pero esa... esa es otra historia, querido lector.

-Juan Carlos Serqueiros-

7 comentarios:

  1. Juan Manuel Mansilla8 de mayo de 2026 a las 17:03

    Sr. Serqueiros: Una mentira repetida cien veces no se convierte en verdad. José Luis Torres nunca llamó "Década infame" al período que va desde el 6 de septiembre de 1930 hasta el 4 de junio de 1943. Si usted ha leído "La década infame" debería saber que en ninguna de sus páginas ataca a la revolución del 6 de septiembre. Más aún, si usted tiene o puede ver las primeras ediciones del libro, verá que el título no tiene fecha alguna. La inclusión de la fecha es obra de los malversadores del título que reeditaron el libro en 1973, incorporando fraudulentamente fechas que J.L.Torres jamás había insertado. Para ese gran patriota que fue José Luis Torres, la "década infame" transcurrió desde la fraudulenta llegada al poder del Gral. Agustín P. Justo -por entonces fervorosamente apoyado por el capitán Perón- en 1932, hasta la revolución del 4 de junio de 1943, que tuvo a J.L.Torres como uno de sus principales mentores civiles.

    ResponderEliminar
  2. Sr. Mansilla: espero que con lo de "mentira repetida cien veces" se esté refiriendo usted a su particular interpretación, esto es, restar del lapso que Torres reputó como "década infame" el período uriburista; y no me esté achacando el incurrir en mendacidades, lo cual no pienso tolerar. Torres no especificó la fecha en la cual la consideró iniciada, de modo que algunos fijan su comienzo el 6 de setiembre de 1930, mientras que otros (como en el caso de usted) la cuentan desde la asunción de Justo el 20 de febrero de 1932. Por mi parte (y tenga en cuenta que soy absolutamente crítico no sólo del yrigoyenismo, sino también del radicalismo todo, al que considero la mayor calamidad de nuestra historia y el epítome de la infamia) prefiero adherir a la interpretación de los primeros, pues juzgo al uriburismo como una catástrofe (y no precisamente por haber derrocado al "Peludo"). Más aún, se nota que no ha leído usted nada de lo mucho que escribí sobre esos años, pues si lo hubiese hecho se ahorraría el énfasis innecesario que pone en algo que sólo representa un factor sin mayor importancia y que no amerita escandalizarse tanto por lo fraudulento de la "elección" de Justo (que en efecto, lo fue), mientras prefiere "olvidarse" de los espantos cometidos por el uriburismo. Sr. Mansilla, en síntesis quiero decir que ambos, los de Uriburu y Justo, fueron gobiernos infames.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me olvidaba: Sr. Mansilla, por si le interesa, le dejo un par de enlaces a artículos en los que traté acerca del tema en cuestión:
      1) https://esaviejaculturafrita.blogspot.com/2014/04/ahi-no-habia-un-manso-pa-acollarar-un.html
      2) https://esaviejaculturafrita.blogspot.com/2014/04/ahi-no-habia-un-manso-pa-acollarar-un_6.html

      Eliminar
    2. Sr. Serqueiros: Me apresuro a contestar sus respuestas de esta madrugada. En primer lugar, le hago saber que he disfrutado de la lectura de las dos muy interesantes notas suyas en su blog. Celebro su clara intención de "desmarcarse" de interpretaciones históricas trilladas y sesgadas ideológicamente. Advierto en ellas su propósito por decir lo que considera verdadero "aunque vengan degollando", posición que también comparto. No solamente no encuentro en estas dos notas argumentos que controviertan mi postura sino, al contrario, una significativa coincidencia. Dice usted en la segunda de sus notas: "Comenzaba la década infame (José Luis Torres dixit), y los argentinos, ese maldito año 1932, sufriríamos el flagelo de la desocupación..." Y esa fue mi afirmación: LA MISMA QUE USTED (disculpe las mayúsculas, pero mis limitaciones en el campo informático no me permiten utilizar "negritas" ni "bastardillas"). Yo pienso lo mismo que pensaba usted el 6 de abril de 2014, hace doce años. Que José Luis Torres había "bautizado" como "década infame" al período que va desde la asunción de justo hasta la revolución del 4 de junio de 1943.
      En cuanto a que yo "resto del lapso reputado por JLTorres al período uriburista" no resulta cierto, ya que Torres nunca incluyó a dicho período dentro de la década infame (como tampoco lo hacía usted en 2014). Usted puede, en 2026, adherir a esa interesada y difundida "interpretación" histórica, como afirma en su primera respuesta pero, por favor, no le haga decir a ese inclaudicable patriota que fue José Luis Torres lo que nunca dijo. Es más, Torres apoyó la revolución del 6 de septiembre y lamentó su tergiversación por parte del cipayo Justo.
      Por otra parte, comparto la mayoría de sus juicios (de 2014) acerca de las intenciones del Gral. Uriburu, de su buena fe y de su honestidad personal (intenciones también compartidas por el valiente Juan Luis Nougués, tan bien retratado en su artículo anterior).
      Por último, quiero asegurarle que atribuyo las mentiras a las que alude mi primer comentario a los editores del famoso libro de José Luis Torres en 1973 (Editorial Freeland), quienes agregaron dolosamente al título fechas nunca consignadas por Torres. Jamás pasó por mi mente incluirlo a usted en dicha calificación.
      Cordialmente, en el amor a la patria compartido,

      Eliminar
  3. Sr. Mansilla, celebro que coincidamos en lo fundamental. Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ah, incurrí en otro olvido (señal clara de que estoy viejo): me apresto a escribir un artículo sobre algo ligado al período del cual estamos tratando usted y yo: Gardel y su grabación del tango "Viva la patria" (los versos de Francisco García Jiménez musicalizados por Anselmo Aieta e interpretados magistralmente por el Zorzal). Lo haré, porque me subleva el tratamiento que se le da a esos tiempos, la tergiversación de que es objeto esa etapa y el empeño en barrer la mugre debajo de la alfombra.

      Eliminar
  4. Si me permite, hay muchos que nunca le perdonarán a Gardel haber grabado ese tango, porque eso contradecía la imagen que querían dar del Gral. Uriburu, tarea en la que han triunfado, por desgracia. Ocultar o disimular el entusiasmo popular que ganó las calles de todo el país ante el derrocamiento del "Peludo" y la esperanza de un cambio profundo que, lamentablemente, nunca llegó a darse. El discurso de Carlos Ibarguren del 15 de octubre de 1930 contenía un cambio sustancial y un firme ataque al mero electoralismo. Era un programa de gobierno y cuestionaba las bases de la partidocracia. Entonces, todos los que lucraban con el régimen se unieron para impedir esa verdadera revolución.

    ResponderEliminar