viernes, 6 de mayo de 2022

FRÉDILLO

 


Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Durante la Belle Époque, esto es, el período que va desde 1871 hasta 1914, muchos artistas recurrieron al erotismo e incluso a la pornografía, como herramientas destinadas a la sátira social y política. Uno de ellos, quizá el más célebre y prolífico, fue el ilustrador Frédillo.
Paradojalmente —dada la gran difusión y popularidad que tuvo su obra, quiero significar—, poco… no, perdón, me corrijo; más apropiadamente expresado: NADA, se conoce de él en tanto persona física de existencia civil real y tangible, ya que se ignoran tanto su nombre y su apellido, como su nacionalidad (que se presume francesa pero que también pudo ser belga, italiana o española; y más aún, arriesgo: estimo como probable que haya sido catalán y que su pseudónimo resulte de apocopar el diminutivo de Alfred —Alfredillo > Fredillo—, afrancesado con el tilde en la e: Frédillo) y las fechas, años y sitios de su nacimiento y de su muerte. 
Pero si bien es verdad que lamentablemente estamos en la inopia acerca de su identidad; no es menos cierto que sí nos han quedado, en cambio; sus trabajos, realizados en una vasta producción artística que se extendió durante casi cuatro décadas, profusamente divulgados en libros (tanto de ediciones clandestinas como públicas), y también en revistas como, por ej., La Lanterne, L'Écho des Jeunes y La Plume.
Entre las “víctimas” de Frédillo en sus ilustraciones, se contaba, ¡cómo no!, la iglesia católica con sus frailes, curas y monjas a los cuales representó tanto individual como grupalmente protagonizando escenas lujuriosas en las que hay de todo, banquetes orgiásticos, masturbación y sodomía incluidos:







Pero lo suyo, en lo tocante a ese aspecto en particular, no quedó acotado a pegarle a la iglesia católica; porque para la islámica... también había palo, eh:


Y por supuesto, no faltaba la sátira de las hautes classes, la aristocratie, con la que Frédillo les caía a la nobleza y a la alta burguesía, dibujando señoritas y señoras con sus amantes, cuando no en cuadros de lesbianismo:




Tampoco se privó Frédillo de burlarse de la "sacrosanta" institución del matrimonio y de la presunta fidelidad (minga) de los cónyuges, con la consiguiente carga de cuernos a troche y moche;


De la restauración monárquica y los militares;



De los “maestros de música” y de sus “discípulas”;



De lacras como la pedofilia y el estupro;



De la genitalidad en la temprana adolescencia;


De las pobres grisettes, obligadas por la miseria a engrosar sus misérrimos salarios en los establecimientos textiles y talleres de costura, con el aporte económico “desinteresado” a cargo de algún “amigo”, en las... pensiones, digamos (en realidad, burdeles disfrazados bajo ese rótulo), en que vivían.


Porque cabe destacar que Frédillo, en su crítica satírica, no excluyó en modo alguno al mundillo de la bohemia creativa, ya que no consideraba que la pertenencia a él bastase a garantizar la ausencia de lacras como la miseria, el hambre, el proxenetismo, el colonialismo, el racismo, la xenofobia y la misoginia.
Y es que después de todo, mi querido lector, el relato edulcorado que procura —y mayormente consigue— instalar en el colectivo una mirada romántica, idílica, sobre lo artístico, lo literario y el espectáculo de entretenimientos en París en el período que se extiende entre las tres últimas décadas del siglo XIX y fines de la primera mitad del XX, se acerca mucho más a la ficción que a la verdad histórica. La visión de una París-faro irradiando al mundo desde Montmartre, Pigalle y el Quartier Latin los rayos de una vanguardia cultural y artística transformadora de los postulados de liberté, égalité, fraternité, en una realidad tangible para todo el orbe (y de paso, también para los distintos géneros), es nada más que un espejismo, una fantasía.
Como asimismo lo es la percepción de la Belle Époque como un tiempo en que floreció el arte y a su mágico conjuro desapareció el flagelo de las miserias humanas. Como si Pierrot hubiese dejado de ser el zonzo que sufre por Colombina y ésta hubiera derivado, de voluble y miserable pizpireta, en EL amor puro e idealizado. Como si las grisettes, milagrosamente, ya no murieran de tisis o de consunción por el hambre en los talleres de costura o en la sórdida estrechez de las buhardillas parisinas en que malvivían, o ya no languidecieran de pena, desarraigo y fracaso, trasplantadas a la orilla del Plata por "aquel argentino que entre tango y mate la alzó de París" (Enrique Cadícamo dixit). O que por decreto divino, todos los pintores y poetas, de pronto pudieran hacer tres comidas decentes al día y ya no muriesen como moscas, atrapados en el delirium tremens, en los vahos etílicos y mentirosamente felices de la verde diosa absenta o en la telaraña letal de la sífilis. O como si las presuntamente alegres y divertidas hetairas parisinas no fueran, a menudo, protagonistas de su propio infierno como esclavas de la morfina cuando no de la atropina o del éter.


















Y en estas láminas, el gran Frédillo nos obsequia con un calendario para el año 1894:















Como consigné precedentemente, se desconoce el dato de hasta cuándo su arte permaneció activo. Su última obra registrada, está datada en 1914. 
¿Aparecerán otras? Chi lo sa

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 29 de abril de 2022

HOY

 


HOY
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Esta mañana todo el sol
A mi corazón se apareó.
Esta tarde todo el río
Mis oídos arrulló.
Esta noche todo el cielo
Con estrellas me arropó.
Y todo este día la magia
Ha insistido en ser mía.

Y yo… les correspondí:
He corrido abrazado al sol,
Escuché complacido al río,
Su abrigo al cielo agradecí
Y acepté feliz a la magia
Que generosa se ofreció.

Toda esa porción
Tan plena de vida diaria,
Ha venido a bendecirme…
En vos y con vos.

Y es que todo:
El corazón, el sol, el río,
El cielo, la magia, el hoy...
Tiene tu rostro,
Todo es vos.

Porque este día te amé
Y me has amado,
Porque este día te besé
Y me has besado,
Porque no hay ayer sin hoy
Y sin hoy no habrá mañana,
Porque el ayer sin vos
Ha dejado de existir,
Porque sin vos el mañana
No se puede concebir.

El pasado se ha dormido
Entre recuerdos olvidados.
El futuro… no sabe, no contesta,
Permanece incierto, inescrutable.
En cambio; el hoy golpeó a la puerta
Y la magia se ofrendó, amable
Y sin reserva.

Este hoy que es tuyo y mío
Sin tiempo primigenio,
Sin término de vencimiento;
Este hoy que es hoy perpetuo
Sin ayer y sin mañana,
Es presente y para siempre
Instante de eternidad.

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 25 de abril de 2022

CANDELA





CANDELA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Candelaria era su nombre,
Y subía en cualquier coche.
Llegó a mi vida cierta noche
De un estío bochornoso,
Para desnuda obsequiarme
Con su cuerpo voluptuoso.
Más... era la suya un alma
Oscura como sus ojos.

Alma que de tan pobre,
Vestía harapos de esperanza,
De sueños hechos jirones
Entre riscos de añoranza;
Ojos negros con destellos
Toldados por la malicia
Que reflejaba en su rostro
La falsía de su sonrisa.

Había en su piel sedosa
Un dulce aroma inefable
Que convocaba al deseo
Acuciante de sus carnes,
De su pubis depilado,
Del íntimo licor de su sexo;
De su clítoris erecto
Entre labios de terciopelo,
De sus muslos bien torneados
Y de sus pechos turgentes,
De las prietas nalgas tersas
De aquel culo de embeleso,
De sus caricias sapientes
Y de su boca febril el beso.

Toda ella se encendía
Si un par de líneas esnifaba,
Y era su pasión el magma
Que de un volcán desbordaba,
Cuando entre espasmos y gritos
En mil orgasmos estallaba.
Después menguaba su fuego
Y con un porro se relajaba,
Hasta que la tuca quemante
De su letargo la arrancaba
(O la bendición del clonazepam
Si acaso el bajón pintaba).

Tan melancólica se ponía
Si el alcohol la hacía suya,
Que pegaba un pedo triste
Entre lágrimas y culpas.

Y yo sentí que me hundía
En una sima de sinrazón,
En un abismo de locura
(Y locura no de amor;
Sino de arrebato y furia).
Ni sé cómo pude salirme...
Si fue instinto o fue experiencia;
Pero la saqué de mi existencia
Una gris mañana de invierno,
Suturando mis anhelos
Con costurones de ausencia,
Sujetando mis urgencias
Con cadenas de distancia.

Y su rastro se fue perdiendo
Con el avión que la llevaba;
“Un clavo saca otro clavo”,
Para mis adentros pensaba,
Porque llamándose Candelaria…
¡Era candela que no alumbraba!

-Juan Carlos Serqueiros-