La vida te da sorpresas, canta Rubén Blades en “Pedro Navaja”. Acabo de corroborarlo una vez más y van… ¿O acaso usted considera como frecuente la circunstancia de que un científico especializado en el campo de la biotecnología se revele súbitamente como un consumado escritor muy capaz de producir un thriller estremecedor? Bueno, eso es precisamente lo que ocurre con Sebastián Chávez (n. Sevilla, 1964), quien viene a sorprendernos gratamente con esta su magistral primera novela: “La osadía de Eva” (Editorial Almuzara, 2025).
La trama gira en torno a Dámaso Dorado, un prestigioso y altruista biotecnólogo que se encuentra en la cárcel, acusado de haber asesinado a su esposa: Vera Melgar, una arqueóloga notable, quien a partir del hallazgo en el Líbano de una tableta de arcilla conteniendo escritura cuneiforme, al momento de su muerte se aprestaba nada menos que a reinterpretar el mito bíblico de Adán y Eva expulsados del Jardín del Edén por comer el fruto prohibido del Árbol del conocimiento del bien y del mal (lo cual por ende, significaba cuestionar la jerarquía de género, es decir, el patriarcado enunciado y sostenido por —entre otros— Agustín de Hipona, y sus consecuencias: la subordinación de la mujer al hombre como “orden natural” y la imposición de una moral sexual limitada a la procreación.
La prensa y la policía están convencidas de la culpabilidad de Dámaso, quien se niega a ser legalmente defendido del crimen que se le imputa, a raíz de lo cual se le asigna una inexperta defensora oficial: Carmen Laguillo, alguien que ni siquiera es penalista en tanto hasta allí ha ejercido esforzadamente su profesión como abogada laboralista. ¿Por qué se empeña Dámaso Dorado en negarse a declarar y renunciar a su defensa? ¿Qué secreto resuelve guardar, aún frente al extremo de perder su libertad? ¿Estarán acertados tanto el inspector Segura —funcionario policial que ha obviado la investigación de ciertos detalles del caso por considerarlos irrelevantes— como la jueza Eulalia Carbonell —quien se apresuró a disponer la prisión del acusado y a pesar de las evidencias que le presenta Carmen Laguillo en favor de éste; mantiene su decisión de que permanezca preso—?
Los entresijos del ámbito catedrático con las rivalidades y celos que afloran en el trabajo de investigación en equipo, lo miserable e infame del periodismo sensacionalista al amparo de la estupidez generalizada del público consumidor de esa especie abominable, los despachos judiciales en que se administra una justicia que con alarmante frecuencia dista muchísimo de ser tal cosa, las poderosas corporaciones internacionales, consorcios que se benefician del conocimiento apropiándose de los descubrimientos hechos por científicos enrolados en postular que ellos deben favorecer a toda la humanidad y no estar destinados a maximizar la ganancia de esa maffia (la verdadera, no la ficticia pergeñada en los estudios cinematográficos de Hollywood) de tecno-duques (Indio Solari dixit), la deliciosa gastronomía andalusí, la poesía sublime de Joan Margarit y en fin; todo ello enmarcado en el casco histórico de la milenaria Sevilla de modo de constituir un cóctel trepidante que nos mantendrá en vilo de principio a fin.
No se prive de leerla, le aseguro que vale la pena.
-Juan Carlos Serqueiros-


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