martes, 7 de abril de 2026

ADOLFO ARENAS ALONSO: LA SUBLIMACIÓN DEL DETALLE























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El andaluz Adolfo Arenas Alonso (n. Sevilla, 1972), pintor, escultor e ilustrador especializado en arte gráfico es, sin dudas, un artista extraordinario. 


No sé cuál habrá sido el inefable mecanismo pseudo azaroso (léase algoritmo de internet) que me condujo hasta su obra; lo cierto es que estaba webeando en procura de "robar" una imagen para utilizar de portada a un poema que había escrito y titulado "Um quente sonho erótico, memórias da boêmia e um beijo para você" (al cual si querés, podés acceder cliqueando en este ENLACE). Y así fue que di con una ilustración suya que me conmovió por su contundente belleza y porque se ajustaba perfectamente a lo que danzaba en mi cabeza. Y me dije: "¡He aquí gráficamente expresado lo que buscaba!: "La bohème"
Fue como entrar a un maravilloso mundo vintage habitado por personajes provenientes de la clase alta, elitistas, digamos, a los cuales se retrata ora enjutos hasta estar prácticamente en los huesos, ora gordos hasta una obesidad espantable, y cuasi decrépitos, achacosos; pero que no por eso dejan de trasuntar la pretérita opulencia en que vivieron inmersos.

 
Asimismo, impactaron fuertemente en mis sentidos "Trío (AmBigua)" y "Triton", con mujeres de una añeja hermosura ajada por el paso cruel de los años, pero que paralelamente se siguen evidenciando atractivas, incitantes y sensuales como en sus épocas de esplendor. Sí, las dibujadas por Adolfo Arenas Alonso excitan, provocan algo así como la erección que tuvo Sarmiento al hallarse frente a Mariquita Sánchez cuando a la sazón, ella contaba 60 o más años, viste... Bueno, eso.


 
Una cosa trajo la otra: en procura de saber más, lo contacté a través de sus redes sociales y me atreví a preguntarle por "La bohème", "Trío (AmBigua)" y "Triton". Para mi sorpresa, pues no esperaba tanta deferencia (y eso sin contar con que además; fui mal educado e indiscreto, porque es una falta de tacto pedirle a un artista que traduzca en palabras lo que quiso representar en su obra), me respondió al toque contándome que estaba enquilombado en medio de una de sus tantas mudanzas (vive saltando entre Sevilla y Londres), y prometiéndome que en cuanto tuviera un ratito charlaríamos, lo cual se efectivizó días después. 
Estuvimos chateando brevemente (aún conservo los audios) y me explicó que para él, la dama representada en "La bohème" es una distinguida y otrora célebre ex bailarina clásica quien, a pesar de estar retirada desde mucho tiempo atrás; igual quiere permanecer vinculada al mundillo en que le tocó actuar, y entonces continúa asistiendo a la ópera. Con respecto a "Triton", me dijo que estaba inspirada en el mito bíblico de Susana y los viejos, narrado como relato deuterocanónico en el Antiguo Testamento, más precisamente en el Libro de Daniel, y que en la pintura barroca (Adolfo es un gran admirador de ella) fuera genialmente volcado al lienzo por Artemisia Gentileschi, Rembrandt, Tintoretto y Rubens, entre otros. Adicionalmente, me comentó que a él lo remitía a una de sus películas favoritas: la que fue protagonizada por Shirley MacLaine en el rol de Charity. No obstante, y sin perjuicio de lo que pretendió representar en dichas ilustraciones; Adolfo reconoció que obviamente, la mujer que dibujó también podía ser vista no ya como "la casta Susana" en la que se inspiró, sino como una prostituta en el contexto de un encuentro sexual con dos tipos ya entrados en años
En cuanto a "Trío (AmBigua)", el artista me respondió que no se acordaba de esa ilustración, de modo que voy a arriesgar mi propia interpretación: un tipo y dos mujeres disponiéndose a tener sexo; una de ellas aparece ubicada junto a su amante, marido o lo que fuere; y la otra —seductora, incitante, voluptuosa, con pómulos altos y rasgos indubitablemente gitanos—, ya desnuda y sedente a los pies de la cama, se toquetea mientras se apresta a practicarle una fellatio al chabón. La contraposición entre la sensualidad desbordante de la gitana, y la ensoñadora y contenida en apariencia pero muy pronta a explotar; de la paya, que el artista refleja magistralmente es, para decirlo sin ambages, genial. Adolfo es un apasionado de la filología, y todas las ideas que plasma en técnica grafito sobre papel, le surgen a partir de una palabra a la cual después asocia a un cuadro, a una película, a un libro, a un poema o lo que fuese. Consecuentemente, los títulos de sus ilustraciones adquieren capital importancia, al igual que su modo de expresarlos silábicamente. Así por ejemplo, en el caso de "Trío (AmBigua)": para mí "Am" equivale a "La menor" en el sistema anglosajón de notación musical, un acorde con reminiscencias nostálgicas, melancólicas, que tan presentes están en el flamenco; "Bi", así con la "be" larga en mayúsculas en medio del vocablo, remite a la bisexualidad que (creo percibir) se sugiere, se atisba, y que si bien no es patente y explícita; sí está ahí implícitamente. Y combinando todo, se conforma la característica más notable de una ilustración que viene signada, precisamente, por la ambigüedad. 


Fijando la atención en la imagen que elegí como portada de este opúsculo —y que reproduce la ilustración titulada "Sine nobilitate" ("Sin nobleza" en latín)— notarás que el nivel de detalle con que dota a cada dibujo es impresionante, desde la expresión (o mejor dicho, carencia de ella; porque es como si fueran entes parasitarios rodeados de artículos de boato y que no dejan traslucir ninguna emoción, sólo el tedio que los abruma) de todos y cada uno de los aristócratas decadentes devenidos en personajes vulgares y ostentosos a los cuales representa ya desprovistos del glamour de los años 20 y vueltos de espaldas a dos obras excelsas del arte universal como lo son "Las Tres Gracias", de Rubens y "Las Meninas", de Velázquez; es lisa y llanamente obsesivo, alucinante. Y es que lo de Adolfo Arenas Alonso es auto referencial: la decadencia de sus personajes es la que quiere para sí mismo llegado el momento de entrar en su propia decrepitud; por eso empatiza con ellos, le despiertan ternura y los quiere entrañablemente, aún en todas las contradicciones y miserias humanas que dejan traslucir. Ellos no son como Dorian Gray, cuyo retrato patentiza su abyección, su vanidad y sus vicios, envejeciendo en su lugar; mientras él permanece bello e inalterable en su hedonismo. Por lo contrario; Adolfo ama a los suyos a pesar de lo evidente de la degradación que sufren y lo próximos a morir que se hallan.
El factor tiempo está representado por nada menos que tres relojes: uno grande, de pared; otro más pequeño sobre el hogar, junto a un busto de Napoleón Bonaparte; y otro, de arena, sobre una mesita y encima de una pila de libros. Y el espejo aparece roto, rajado, quizá tanto por una negativa a contemplar en él los fantasmas y monstruos propios, como así también por abjurar de una vanidad que, en tanto arrogancia y presunción, ya en el ocaso de sus vidas ha perdido todo sentido. Es imposible no flipar ante semejante contraste entre la certeza consciente de la inevitable cercanía a la caducidad definitiva, puesta frente a la trascendencia, la grandeza y la perdurabilidad de las obras de arte y los magníficos objetos que el artista introduce en su obra, todo lo cual se percibe sencillamente al ampliarla por sectores.


Se distinguen así "Hamlet", de Shakespeare, colocado en primer plano; el Ajedrez de la Isla de Lewis exquisitamente tallado en marfil, situado delante de una lámpara de mesa, y detrás de ésta; el "Tropic of Capricorn", de Henry Miller; a continuación, en una pila de cuatro libros, una novela de Charles Dickens cuyo título no alcanza a leerse; el busto de Ludwig van Beethoven realizado por Hugo Hagen, y más atrás; "Don Juan" que pareciera ser el "Don Juan Tenorio" de José Zorilla, porque creo notar apenas esbozada una "T", pero ojo que la supuesta "T" también puede indicar el "Don Juan" de Torrente Ballester, y además; podría no ser una "T" lo que ven mis ojos, y tratarse entonces del "Don Juan" de Lord Byron, así que chi lo sa... Y ya que mencioné a Lord Byron, podemos observar en la tapa de un libro situado en línea con el respaldo curvo de la silla, el título "Byron's", indicativo de que estamos frente al "Byron's letters and journals", autoría de ese ilustre poeta y dramaturgo. Por último, un gramófono en el cual gira un disco que vaya uno a saber cuál será.
Decididamente, si Homero Expósito significa en poesía la sublimación de la metáfora sinestésica; Adolfo Arenas Alonso significa en arte la sublimación del detalle en tanto metáfora gráfica.

-Juan Carlos Serqueiros-

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