lunes, 24 de noviembre de 2014

CEREMONIA DURANTE LA TORMENTA







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

CEREMONIA DURANTE LA TORMENTA
(Solari)

La belleza atrae a malvados,
más que a cualquier cosa.
Hay de lavanda un bombón,
en mujeres con tibios manjares.
Y hay ceremonias en la tormenta...

Y hay también un topacio en Brasil,
que quita los dolores,
y un abundante buffet del hotel
esperando en tu suite por la cita.
Y hay ceremonias en la tormenta...

Fino cristal, licor de Ecuador,
en la copa refleja tu risa
y así ves que no alcanzarás
a calmar esa sed que afiebra.


Y siempre te sentís vulgar
si alquilás cruceros de amor.
Corazón encadenado y triste
que guardás en tu aburrida virtud.

Fuego prendés, un leño acercás,
paladeás castañas asadas
y mirás el mar y la vida se ve
demasiado gris... sin deseos
Y hay ceremonias en la tormenta...

Te bronceás y elegís
y querés atrapar esa linda piba de Borneo,
la corrés, la alcanzás... y el amor se te va...
otra vez escapa de tus manos.
Y hay ceremonias de piedad
en la tormenta...
No las ves?
Poderoso dios de amor,
en la tormenta ya!



Este, track N° 3 del compacto El perfume de la tempestad, tiene una letra que es de las más explícitas -o "directas", como dirían aquellos creadores del mito (¿sandez?) de lo "críptico" (?) de la poesía solariana- que haya escrito el Indio. Pero ojo al piojo: que sea explícita no necesariamente significa que carezca de metáforas, por lo contrario; las tiene, y con mucha tela para cortar, además.
El tema está debidamente registrado en SADAIC el 23.03.2011 bajo el código de obra 1280018, con derechos exclusivos de composición y autoría reservados a favor de Solari, Carlos Alberto o cualquiera de sus dos pseudónimos artísticos: El Indio Solari y El Fisgón Ciego. Extrañamente -extrañamente para mí, quiero decir, que desconozco los procedimientos del registro de obras musicales-, no figura en los créditos el pseudónimo Caballo Loco, que fue el que utilizó para ese disco, en cuyo packaging se lee: "Música, letra e ilustraciones por Caballo Loco".
La temática de la letra aborda la angustia existencial de un chabón que lo tiene todo. Todo... menos el amor.
Es en buena medida la visión de Solari con respecto al hedonismo; pero sin que ello implique asumir una posición, sea esta contraria o favorable (¿se acuerdan de aquello de "sin un estandarte de mi parte" o de "vos gritás -¡no logo! / o no gritás -¡no logo! / o gritás -¡no logo... no!"?, bueno, eso), y en la cual campea ya en la primera estrofa, una tajante, rígida definición moral que bien podría haber suscrito el mismísimo Artaud -desde luego y como ya se habrán dado cuenta (me resisto a formular la pregunta: "¿son por acaso ustedes, hoy un público respetable?")-, la frase de éste incluida en el arte del disco no es casual): "La belleza atrae a malvados, más que a cualquier cosa".
El tipito goza de una envidiable posición económica, la cual le posibilita vivir en medio del confort y el boato, saltando de relación en relación, pero sin poder asistir al estallido de la "tormenta" del amor, la cual intenta suplir con el sucedáneo de una "tormenta" de placeres que encadena sin cesar, buscando hacer de cada disfrute una "ceremonia" que más temprano que tarde se le torna en una suerte de calma chicha que lo retrotrae indefectiblemente al mismo estado de insatisfacción que lo agobiaba.
En ese contexto, a los placeres carnales que obtiene en cada relación descomprometida que encara, asimilando a las mujeres que así va conociendo con "tibios manjares"; los alterna con el goce de una exquisitez cual lo es un "bombón de lavanda". Se trata de una metáfora de doble significación, pues además de lo rico de la confitura; a la lavanda se le asignan propiedades antioxidantes, lo cual nos indica que el chabón es alguien obsesionado con la cuestión de retrasar el envejecimiento y adepto a las terapias alternativas. Tanto así, que trascartón el Indio lo pinta usando el "topacio en Brasil que quita los dolores", en obvia alusión a que el ñato es adherente a la gemoterapia, la cual confiere al topacio la condición de piedra de la verdad y le otorga propiedades para combatir el envejecimiento, anti estrés y antidepresivas.
Después lo tenemos al quía instalado en la suite de un lujoso hotel que, entre otros, ofrece a sus huéspedes el "servicio de habitación" consistente en el "suministro" de call girls, de putas a domicilio ("un abundante buffet del hotel, esperando en tu suite por la cita"), el cual se le antoja, luego, un sustituto del amor tan pobre como los demás a que suele apelar. 
Y es esa del amor, una "sed que afiebra" y que "no alcanzarás a calmar" ni aún paladeando un exquisito "licor de Ecuador" (país que se destaca por la excelsa calidad de sus licores) servido en una copa de "fino cristal" que "refleja tu risa".
Tampoco mitigan su angustia existencial esos cruceros para solos y solas que ofrecen las agencias de turismo y que lo hacen sentir "vulgar" y dejan "encadenado y triste" a ese corazón que guarda en su "aburrida virtud". Y es esa una metáfora -altísima, por cierto- que me impactó en esta letra, porque veamos: ¿qué es eso de "aburrida virtud"? El hedonismo consiste en la búsqueda del bien supremo y la anulación del dolor y la angustia por el camino del placer obtenido de la satisfacción de los deseos, basado en el postulado socrático de que la felicidad es un logro que deviene de la acción moral. Pero al personaje que pinta Solari en la letra le ocurre que por más empeño que ponga en su honestidad; el placer que alcanza es efímero y se le traduce después en el sacrificio del bienestar pleno, y de allí lo del hartazgo de eso que el Indio menciona como "aburrida virtud". Un ejemplo concreto: en el caso de esos "cruceros de amor", los tipos y tipas que en ellos se embarcan, son virtuosos en el sentido de que no hay engaños mutuos; ellos consisten en disfrutar de la haute cuisine y excelentes bebidas, visitando paradisíacos lugares, todo matizado con buenas dosis de sexo descomprometido en los rounds de amor que mantengan las personas que se sientan atraídas entre sí. Son una variante simplificada y consumista del hedonismo y hasta, si se quiere verlo así, una especie de "degeneramiento" del mismo; por eso el chabón lo percibe como "vulgar". Terminado el periplo y ya atracado el barco en el puerto, se acabó el placer que se haya compartido: "-Lo pasamos bárbaro, ¿no creés?"; "-Sí, claro, me encantó conocerte y muchas gracias por los momentos", y listo, chau. Nadie (me veo obligado a generalizar) va a ir en uno de esos cruceros buscando el amor, aunque claro, nadie... salvo el protagonista de esta letra; quien se ve otra vez sumido en su "aburrida virtud".
Ahora lo tenemos al tipo situado en alguna exótica playa donde alquiló una casa o cabaña con vista al mar. En ella, enciende el fuego en el hogar y pone a asar unas castañas (nadie puede negar que es un bon vivant, ¿no?), las cuales saborea mientras contempla el mar y piensa en esa vida que se le antoja "demasiado gris" y "sin deseos". Y es -para mí- precisamente eso de "sin deseos" la metáfora más sublime de esta letra; porque constituye, con ese genial poder de síntesis del que hace gala Solari, el meollo del asunto, la raíz de la angustia del personaje, al cual contemplamos ahora desprovisto de su disfraz de hedonista, pero no para presentarse con su verdadero ropaje, es decir, el del alma; sino travestido con el de una anhedonia que es, en realidad, tan engañosa como su hedonismo. Y simplemente se trata de que esa angustia que lo aqueja, no reside ni en su exacerbación del placer (hedonismo) ni en su incapacidad para experimentarlo (anhedonia); sino que ella anida en lo profundo de su psique. Y requiere, para su cura, no de esas "soluciones" alternativas que busca en la gemoterapia, la fitoterapia, las putas de hotel, los cruceros de amor o los placeres de gourmet; sino en la recurrencia a la ayuda profesional, al tratamiento psicoanalítico.
El problema es que no resulta muy probable que alguien con la índole y las características de este chabón, vaya a darse cuenta de ello, y mucho menos que vaya a aceptarlo. Y así, lo vemos ahora bronceándose al sol y corriendo tras una nueva conquista, en este caso, una "linda piba de Borneo", la cual, como invariablemente le ocurre, luego de que habérsela transado, lo deja tan vacío e insatisfecho como estaba antes; mientras espera otras "ceremonias de piedad" e invoca al "poderoso dios del amor" para que desate "ya" esa "tormenta" que él busca sin cesar -y erróneamente, además- en la exterioridad; cuando el mal que lo angustia está internalizado en su alma.

ENLACE a la canción en YouTube

-Juan Carlos Serqueiros-

5 comentarios:

  1. La búsqueda de un paliativo de la angustia en la pura exterioridad: una trampa en la que, en estos tiempos, es muy difícil no caer.

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  2. Juanca exelente tu trabajo como siempre. Aun me debes babas del diablo me habias dicho que si volvias a escribir seria sobre esa cancion. Igual queda en usted si lo hace o no. Un abrazo

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  3. Impecable! Que genialidad de interpretación, redacción y la inyección de cultura! Veo el blog desde principio de este año y la verdad que el "café virtual" ha despertado mi lado cultural escondido. Es una alegría hallar personas que comparten saberes (cosa tan noble, ¿no?) pero lo que me conmueve en demasía es tu forma de expresarlo. Felicitaciones por la joya de blog. Saludos estimado.

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  4. Encuentro en tu interpretación una contradicción, quizá. La de que, en otros temas has ilustrado con "El perfume de la tempestad es autoreferencial". Sin embargo, si el Fisgon Ciego creo este tema (Fisgon que, anduvo con Pajaritos años después) entonces escapa a su propia referencia y estaría bien que no forme parte de la autorreferencia.

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    1. Hola, Joaquín. Perdón por la demora en responder; pero el caso es que recién leo tu comentario. Sí, en efecto, dije que "El perfume de la tempestad" es un disco autorreferencial, pero guarda; eso no necesariamente implica que TODAS las canciones que contenga, "hablen" de Solari. Particularmente, en "Ceremonia de la tormenta" percibo (y así lo consigné) la mirada del Indio sobre la pretensión del hedonismo, ahora; si esa visión suya se corresponde con un deseo oculto también suyo de vivenciar per se las mismas experiencias del chabón que se pinta en la letra, o si se trata simplemente de un anhelo exorcizado o de una intención rápidamente desechada; no puedo saberlo, obviamente.

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