domingo, 20 de julio de 2014

¿VAMOS AL BAL DE L'INTERNAT?




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Ellos se convertirán en burgueses serios, en magistrados severos, en sabios médicos; pero no olvidarán esas horas paganas de su juventud. (Stéphane, La Chronique Politique-Littéraire-Economique, Varieté, Le Bal de l'Internat, 1 de noviembre de 1913)

El Bal de l'Internat (Baile del Internado) era y es una fiesta que anualmente celebran los practicantes de los hospitales parisinos.
En 1802 Napoleón Bonaparte impulsó la legislación por la cual el Estado francés fijaba los programas para las carreras de medicina y farmacia, se creaban los hospitales estatales y se regulaba la venta de medicamentos y vacunas. En ella se establecía que los estudiantes de medicina pasaban a ser internos, es decir, practicantes, en dichos hospitales una vez que hubieran finalizado el cuarto año de la carrera y después de aprobar un doble examen: escrito y oral.
Y surgió la costumbre del Bal de l'Internat a partir de algún lejano año del siglo XIX que no puede precisarse, que se convertiría en uno de los más emblemáticos eventos parisinos, y del que si bien se ignora desde cuándo comenzó exactamente a celebrarse; sí se sabe con certeza que a mediados de siglo, tout París anhelaba ser invitada al mismo. Y fue a partir de 1880, y muy especialmente en la Belle Époque, que alcanzaría su máximo esplendor.
A lo largo de los años se realizó en varios sitios, como por ejemplo el Luna-Park, la salle Wagram, el Tivoli Vaux-Hall, etc.; pero le lieu par excellence para el evento fue sin dudas la salle du bal Bullier, que estaba ubicada en el número 31 de la avenue de l'Observatoire, intersección con le Boulevard Saint-Michel:



Su propietario, François Bullier, la había adquirido en 1843 y la había ampliado y reformado, pintándola de vivos colores, dotándola de iluminación con lámparas a gas y de un jardín en el cual plantó mil lilas. Chez Bullier era, al igual que el Moulin Rouge, el Chat Noir, el Moulin de la Galette, etc., uno de los reductos y baluartes de la bohemia parisina. Allí se daban cita artistas y putas, allí se celebraron bailes que quedaron legendarios, y allí se festejó, durante casi un siglo, el Bal de l'Internat.
Bullier cerró sus puertas para siempre en 1940. En sus muros y paredes, en sus mesas y sillas, en sus jardín y arboleda, quedaron grabados los sueños, las inquietudes, glorias y miserias de los personajes que allí estuvieron en lejanos días irremisiblemente velados tras la noche silente de los tiempos. No hay más bohemia, todo es chusmear (Indio Solari dixit).





El Bal de l'Internat era todo un evento que se anunciaba en la prensa y a través de afiches publicitarios:


El mismo principiaba con un desfile por las calles de París, proseguía con representaciones teatrales cuya temática era estipulada por el Comité de l'Internat, luego con el Concours de beauté, y culminaba con el baile propiamente dicho (que a partir de 1894 sería de disfraces). Y los diarios y revistas reflejaban el acontecimiento durante semanas e informaban al público a través de detalladas crónicas.
Lo usual era que cada uno de los hospitales organizara sus propios parade y représentation théâtrale. Los estudiantes de la École des Beaux-Arts (los cuales eran invitados de rigor al evento) fueron entusiastas colaboradores en la organización del mismo, pero además; se contrataba a consagrados artistas para el diseño y la confección de afiches, decorados, escenografías y bannières.






Y también las cartes d'invitation tanto para hommes como para dames (distintas unas de otras), las cuales, osadas hasta rozar incluso la procacidad;  eran en sí mismas verdaderas obras de arte, de las que usted, estimado lector, puede disfrutar a continuación:























Curiosamente (o quizá no tanto), el de 1968, justamente el año del Mayo Francés, fue el que marcó lo que pareciera ser el ocaso de una fiesta tradicional; pese a lo cual a partir de esfuerzos cada vez más puntuales y aislados, la dura batalla por evitar que fenezca, continúa. Desde la dimensión en la que se encuentren, las almas de Esculapio, Paracelso y otros, se estarán sumando en pos del triunfo final.



Ah, no quería olvidarme: en 1914, coincidentemente con la tan ansiada Reglamentación del Internado y a inspiración del que se realizaba en París, comenzó a celebrarse en Buenos Aires un baile homónimo, el cual contó con la entusiasta adhesión de grandes figuras del tango como Eduardo Arolas, Francisco Canaro, Augusto Berto, Domingo Greco, Osvaldo Fresedo, Julio De Caro, etc.
Pero es nuestra Argentina una nación aluvional, y entonces un poco por eso, otro poco por la piqueta fatal del progreso (Víctor Soliño dixit), otro poco por las bromas macabras y los excesos que desafortunadamente culminaron en un hecho luctuoso, y otro poco (o mejor dicho, mucho) por la prédica del "diario serio" La Nación; en 1924 el Baile del Internado fue prohibido por las autoridades.

-Juan Carlos Serqueiros-

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