Yo hago mis canciones como muñecas: desnudas. Y luego son los intérpretes quienes me las visten. (Álvaro Carrillo)
En la primera mitad de la década de 1940, el oaxaqueño Álvaro Genaro Carrillo Alarcón (n. 02.12.1919, San Juan Cacahuatepec – m. México D. F., 03.04.1969) compuso una canción enmarcada en el género huapango, la cual más de veinte años después, se convertiría en suceso musical: "Luz de luna".
LUZ DE LUNA
(Huapango)
Letra y música: Álvaro Carrillo
Yo quiero luz de luna
para mi noche triste,
para pensar Divina
la ilusión que me trajiste,
para sentirte mía
mía tú como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.
Yo siento tus amarras
como garfios como garras
que me ahogan en la playa
de la farra y del dolor.
Si llevo tus cadenas a rastras
en la noche callada,
que sea plenilunada,
azul como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.
Si ya no vuelves nunca,
provincianita mía,
a mi celda querida
que está triste y está fría,
que al menos tu recuerdo
ponga luz sobre mi bruma,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.
Detrás del tema hay una jugosa historia: Carrillo estudiaba para ingeniero agrónomo (de hecho, en 1949 se graduó como tal) en la Escuela Nacional de Agricultura (actualmente Universidad Autónoma Chapingo), institución que por entonces tenía un régimen militarizado. Siendo muy enamoradizo, un día conoció allí a una joven cuyo nombre de pila era Divina. Se trataba de la hermana de uno de sus condiscípulos, y Álvaro concertó con ella una cita para el fin de semana que se avecinaba, quedando ambos en que se reunirían en un sitio determinado de la ciudad de México (los estudiantes tenían permiso de salida sábados y domingos, y Chapingo dista sólo 29 kilómetros de la capital del país).
Pero ocurrió que el director de la ENA había organizado un ágape para ese mismo fin de semana, y sabedor de las dotes artísticas de Carrillo, le pidió a éste que sacrificara su permiso de salida a fin de actuar ante sus invitados. Como Carrillo se negó, alegando que tenía una cita; el director, muy enojado, ordenó su arresto y dispuso que lo encerraran en una celda, como castigo por su insubordinación. Entonces, frustrado y entristecido compuso, inspirado por la luna llena que veía a través del estrecho ventanuco de su encierro, una de sus más bellas canciones: “Luz de luna”.
Tras recibirse de ingeniero agrónomo especializado en irrigación y ya radicado en la ciudad de México, Álvaro Carrillo empezó a desempeñarse como tal en el Instituto Nacional del Maíz. Pero era esencialmente un artista y su vocación pasaba por la música. Sus extraordinarias aptitudes como autor y compositor le trajeron prestigio, fama y relaciones. Actuaba en funciones privadas para celebridades y políticos notables, y también en centros nocturnos de espectáculos y diversión. Así las cosas, el espaldarazo definitivo lo obtuvo en 1959 con su obra más difundida, esa que le traería reconocimiento internacional: “Sabor a mí”.
A todo esto, “Luz de luna”, pese a ser ya a fines de los 50 una canción muy popular y archiconocida en México; aún no había trascendido allende las fronteras, lo cual recién ocurriría en 1965, año en el cual la grabó Javier Solís —pero no como huapango, sino en el género bolero ranchero— para el sello CBS Columbia en el LP titulado “Y todavía te quiero”.
Y fue a partir de esa circunstancia que la cosa explotó: cientos de artistas, muchos de ellos consagrados en el mundo entero (Rocío Dúrcal, Armando Manzanero, Chavela Vargas, Luis Miguel, por ejemplo y entre otros) la versionaron, pero... qué querés que te diga... para mí, quienes más magistralmente la interpretaron, son Los Altamirano. Escuchá:
En cuanto a Álvaro y Divina, después de aquel brevísimo encuentro en la ENA en que quedaron citados, jamás volverían a verse, pues ella habitaba en un lejano pueblito y sólo estaría en la ciudad de México aquel fin de semana ("si ya no vuelves nunca / provincianita mía", reza la letra). Él falleció en la cúspide de su carrera artística, cuando contaba tan sólo 49 años, la tarde noche del 3 de abril de 1969, de resultas de un choque automovilístico en la autopista México-Cuernavaca. Ella murió en 2025, poco después de cumplir 100 años.
“Luz de luna” es, en síntesis, un hitazo. Una canción mágica. Nada más y nada menos que un… plenilunado instante de eternidad.
-Juan Carlos Serqueiros-




















