jueves, 23 de julio de 2026

SUPER-DIOS VS. EL AGUILA GUERRERA



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Mis letras no son crípticas. Siempre reflejan la realidad, sólo que contada poéticamente, a través de un lenguaje rítmico. (Indio Solari)

Me gustan todas las canciones del Indio, tanto las que han sido llevadas al disco como las que permanecieron oficialmente inéditas. Todas, pero TODAS en serio, eh, desde “Barbazul versus el amor letal” hasta “Serenata de los Santos Fumadores”.
A propósito de esta última, recuerdo que al escuchar una tan sublime autobiografía lírico musical que es, al mismo tiempo, toda una declaración de principios y hasta la condensación poética de una filosofía de vida; pensé: “bueno, si el Indio la considera la mejor de las canciones que compuso y escribió, e incluso la tuvo años en la gatera hasta dar, en 2024, con la voz mágica de Valentina Cooke para que la interpretara magistralmente; entonces ha de ser nomás llegada la hora de prepararse para asistir a un Solari encarnado en el Chanchito Porky tartamudeando su característico ¡Eso es to-to-todo, amigos!
Pero —seguramente por haber obviado la circunstancia de que él era, en sus propias palabras, “un ambicioso estelar y cósmico”— felizmente, yo estaba equivocado en mi suposición, en tanto sí habría más. Cómo no.
¡Y cuánto más! Porque aún cuando estuviera cruelmente afectado por el avance implacable de ese tremendo mal parido llamado señor Parkinson; Solari nos obsequió, un año antes de irse de esta dimensión, la maravilla titulada “Super-Dios vs. El Águila Guerrera”, canción estrenada el 14 de junio de 2025, enmarcada en el más alto de sus proyectos, la crème de la crème, la selección de la selección: El Mister y los Marsupiales Extintos, la banda que formó para hacer “la música más elaborada… para la gente más grande… un lounge mordaz” (sic). Y la adjetivación es perfecta, pues refiere, claro, a melodías estilo lounge, o sea, música más… tranqui, lenta y relajada, digamos; pero aplicada a poéticas cargadas de sarcasmo e ironía y frecuentemente críticas, todo bajo una ligereza aparente. Por ejemplo, si escuchás al prócer del lounge: Henry Mancini, mientras mirás cualquiera de los tantos episodios de la serie animada La Pantera Rosa, instantáneamente percibís que allí, de suave y ligero no hay absolutamente nada a no ser la excelencia de una melodía fascinante ejecutada en saxo tenor y que, por lo contrario; bajo una pátina de humor, picardía y mordacidad, en realidad estás asistiendo a un combate librado contra la burocracia, la mezquindad, el absurdo, la sinrazón, la impostura y la injusticia.
En Los Marsupiales Extintos los músicos son los mismísimos Fundamentalistas del Aire Acondicionado, sólo que con sus identidades formales “ocultas” bajo pseudónimos: Conrado Marsupial es el guitarrista Gaspar Benegas, Marta Marsupial es el bajista Fernando Nalé (eventualmente mencionado como Marsupial Neil cuando asume el rol de mastering), Rubén (también citado como Rúben cuando labura de ingeniero de sonido) Marsupial es el tecladista Axel Lang, Electra Marsupial es el guitarrista Baltasar Comotto, Honorato Marsupial es el saxofonista Sergio Colombo, Carlin Marsupial es el guitarrista Lucas Solari, sobrino nieto del Indio y todo así…

SUPER-DIOS VS. EL ÁGUILA GUERRERA
(Autor y compositor: Carlos Alberto Solari)

Quiero creer que alto en el cielo
nos queda aún un águila guerrera
luce los colores del mar y del cielo
y es lo único que temen las ratas

Y si cobijás una de ellas
con tus alas de lata
con tu propio veneno te va a joder

Ahora nuestra águila flota a su aire
abriendo y cerrando sus garras inquietas
barriendo las rocas con su vista certera
y todos queremos que la patria nos ame

Dicen por allí que el demonio (así lo hace)
Es Super-Dios cuando se emborracha (ella hace)
cuando hablo de ratas vos ya sabés.


Estamos ante una canción neta, cabalmente, patriótica, pero a la vez; despojada de todo atisbo de patrioterismo chauvinista meramente declamatorio y/o de nacionalismo berreta.
De movida nomás, sobre la base rítmica de la percusión (con instrumentos virtuales a cargo del propio Mister) y el bajo de Conrado Marsupial, viene enancada la melodía inefable, hipnótica, ejecutada en la viola de Electra Marsupial. “Quiero creer que alto en el cielo”, canta el Mister, más no como una simple expresión de deseos ni alentando una esperanza que inevitablemente resultará vana porque sólo consiste en sentarse a esperar lo mejor sin hacer nada; sino constituida en la aseveración de una convicción profundamente arraigada. 
Frente a la distopía de un pueblo gimiente bajo el yugo de los poderes fácticos que lo oprimen (simbolizados en “las ratas”), se produce la reacción popular mediante un retorno a las raíces, al mito fundacional de la argentinidad, al que indubitablemente remite la alusión a la ópera “Aurora” de Héctor Panizza y más precisamente al intermezzo entre los actos segundo y tercero con el aria “Alta en el cielo”, la que hoy por hoy a partir del decreto gubernamental de 1945 —e imagino aquí que ya reparaste en el año, ¿no?— conocemos como “Canción a la bandera”, esa que cantábamos en la escuela.
Pero ¿qué es “lo único que temen las ratas”? Y… qué otra cosa va a ser sino la eclosión magnífica de un pueblo, es decir, la rebelión popular, la revolución que las arroje del poder. De allí el recordatorio de lo que ocurre “si cobijás una de ellas / con tus alas de lata / con tu propio veneno te va a joder”. Traducido al criollo: si envenenado de odio tenés "alas de lata" en lugar de altos sueños y votás irresponsable y despreocupadamente a un payasesco psicótico incestuoso con delirio mesiánico, caprichos de adolescente, veleidades de tiranuelo y complejo de inferioridad quien, aliado a un monstruoso psicópata delincuente internacional y a una terrorista alcohólica y malvada, implanta un orden injusto y perverso en provecho exclusivo de una banda infame de ladrones, coimeros, meretrices y transeros, y privilegiando a una oligarquía económico financiera que oficia de tributaria y comisionista de los poderes del exterior; el resultado no puede ser otro que un pueblo esclavizado y condenado a malvivir en el puto subsuelo de la miseria.
De ese statu quo de expoliación, entrega y latrocinio implantado por un “demonio” —que no es precisamente aquel simpático y querible Luzbelito al que arbitrariamente Dios le picó el boleto; sino uno malo de verdad, un terrible chozno de puta travestido en un espantable Super-Dios borracho de poder omnímodo—, viene a salvarnos y rescatarnos el “águila guerrera” que “ahora flota a su aire” (dicho sea de paso, genial y castellanísima metáfora para significar “soberanía”, con la que se florea el Mister metiendo un golazo de rabona, ¿o acaso se te ocurre alguna más apropiada?) y que “abriendo y cerrando sus garras inquietas / barriendo las rocas con su vista certera” vigila celosamente y protege nuestros recursos naturales, nuestra riqueza ictícola y nuestros minerales y tierras raras.
No por nada el Mister canta “todos queremos que la patria nos ame”, como no por nada Borges escribió “nadie es la patria, pero todos lo somos”.
Ah, no quiero olvidarme de otra “cosita”: lo de la guitarra de Electra Marsupial en este tema es heroico. Glorioso, diría.
Al escucharla por primera vez, esta canción no sólo conmovió mis sentidos; sino que permeó los planos más altos de mi psiquis. Me traspasó, directamente.
Cuando el Mister habla de ratas, yo sé muy bien a quiénes se refiere. ¿Y vos?

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 17 de julio de 2026

SACARSE LA VENDA































Escribe: Gabriela Borraccetti *

Los síntomas son repeticiones disfrazadas de un viejo dolor que no podemos resolver. Al repetirse una y otra vez, la psique intenta comunicarnos que es necesario enfrentar nuestra participación en lo que nos sucede, en lugar de dejarlo intacto bajo el pretexto de que el mundo / los demás / los otros / nuestros padres / nuestras parejas, son los culpables de nuestra desdicha.
Mientras no queramos ver responsabilidad alguna en lo que acontece, el síntoma adquiere la capacidad de desplazarse de una a otra situación, viéndonos así expuestos al fracaso, al desamor, a la soledad o a cualquiera de las formas en que la angustia y la insatisfacción se apoderan de nuestra vida o parte de ella.
Si "siempre pasa lo mismo", es porque siempre pretendes obtener lo mismo en el mismo lugar en donde no lo vas a conseguir.
Recuerda: para que algo deje de doler, hay que sacarse la venda; no ponérsela.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 14 de julio de 2026

TREN Y GLOBO


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En la página web del Archivo General de la Nación di con este documento fotográfico en el cual se aprecia, tal como era en la década de 1920, la estación de tren Rosario Norte, situada en avenida Aristóbulo del Valle 2720, esquina Callao, en el barrio Pichincha de mi ciudad natal:


¡Cuántos recuerdos despertaron de súbito al contemplar esa imagen! Y cuánta evocación de mi rosarina niñez… Es que desde 1962, una vez por mes (o, mejor dicho; cuando la economía familiar lo permitía) allí tomábamos con mi viejo el tren del Ferrocarril Mitre (históricamente llamado Estrella del Norte y popularmente conocido como "El Tucumano", porque venía desde la ciudad Jardín de la República, la vieja y bella Tucumán) con destino a Buenos Aires, para verlo jugar a Huracán.


El tren llegaba a Rosario Norte a las seis de la mañana, así que para abordarlo, salíamos de casa (que estaba ubicada en barrio La Guardia, más precisamente en el pasaje Turín al cuarenta y seis —expresado en rosarigasino, porque nosotros no decimos “al cuatro mil seiscientos”, así como tampoco decimos “vámonos” sino vamolon ni “para allá” sino pa’ ayá—) a las cinco o cosa así, y pateábamos las cuatro cuadras de tierra hasta “el asfalto”: la avenida Uriburu, para tomar un “hormiga negra”, es decir, un taxi Mercedes Benz 170D, que nos trasladara hasta la estación.


Subíamos al tren y después de un viaje de seis o siete horas (dicho sea de paso, nunca supe por qué inescrutables designios, en el cruce ferroviario de Ramallo la formación quedaba detenida durante una hora o más), llegábamos, largamente pasado el mediodía, a Retiro, donde tomábamos un bondi de la línea 101 hasta Parque de los Patricios. Seguidamente almorzábamos, generalmente unas milanesas con papas fritas, regadas con un pingüino de tinto de la casa para mi viejo y una Bidú Cola para mí, en algún bodegón cercano al estadio (por entonces, el Palacio todavía se llamaba Jorge Newbery; porque recién en 1967 cambiaría de nombre pasando a llamarse Tomás A. Ducó). Y después… ta tan ta tan… ¡a la cancha, a ver la reserva y trascartón nomás, la primera!
Y a las diez de la noche completábamos el periplo volviendo a Rosario en el mismo tren. Se podía cenar, me acuerdo, en el coche comedor —lo cual nos estaba vedado en razón del invariablemente exiguo presupuesto de los Serqueiros—. Sin embargo, tal contingencia… económico financiera, digamos, lejos de representar un problema; se constituía en preanuncio del disfrute de una exquisitez, porque también pasaban por los vagones mozos vendiendo boles de una sopa reconfortante y verdaderamente deliciosa.
La primera vez que hice con mi padre ese viaje —y asimismo la primera que vi jugar a Huracán— fue el domingo 8 de abril de 1962. Aún me faltaban dos meses y algunos días para cumplir seis años de edad. Aquel día el Globo, en condición de local, enfrentó a su clásico rival: San Lorenzo de Almagro. Ganamos 1 a 0 con un golazo de Ernesto Juárez.


Para mayor alegría, precisamente la de ese jugador era una de las figuritas “difíciles” del álbum de ese año, y hete aquí que dos días antes, yo se la había ganado, magistral encimadita mediante, a mi eterno enemigo del barrio: el Gordo Cachito.


Aquel viaje fue para mí toda una maravillosa aventura, me sentía en el mundo de Verne o de Salgari, y de yapa... ¡ir a ver a Huracán, gritar un gol de la figurita difícil y volver con un triunfo! Gloria de titanes, literalmente.
Como dice la nostálgica zamba de Rodolfo Polo Giménez: "¡Qué tiempo feliz / el de la niñez! / ¡Velay yo no sé / para qué pasará! / Palabrita 'e Dios que da gana 'e llorar / de sólo pensar / que no volverá".

-Juan Carlos Serqueiros-


lunes, 6 de julio de 2026

MI ÁRBOL





































Escribe: Gabriela Borraccetti *

No vengo a entreteneros con festividades mundanas, sino a despertar en vosotros la memoria dormida de la inmortalidad. (Paramahansa Yogananda, “El árbol de la memoria”)

Somos el acorde que ha resonado por decenios y el aquí y ahora de todas esas notas que estuvieron, están y estarán en el aire a través de nuestros hijos, de nuestra creatividad y expresión que soltamos como hijos a la vida.
Mi árbol es un árbol frondoso que cruza el océano y tenía algunos brazos finitos y flacos intentando crecer. Con la fuerza de los que emigran, con la tristeza del que cruza hacia lo desconocido, con el perdón hacia quien nos ha abandonado, con el amor del que espera encontrar su lugar, con el deseo de hallar un hogar nuevo, con las ganas de dar lo mejor y el anhelo de un cielo que sea cobijo del pasado, estrella del futuro y presente de amor.
De mis ramas a mis raíces y viceversa.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


miércoles, 1 de julio de 2026

¿CUÁNTO MÁS FALTARÁ?


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

A solicitud suya, vía correo electrónico envié (obviamente, en formato digital) a un amigo los dos libros acerca de nuestra historia, escritos ambos por el decano de los historiadores argentinos, el deán Gregorio Funes: “Ensayo de la Historia civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay" (ed. 1816, Imprenta de M. J. Gandarillas y socios, Buenos Aires) e “Historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata 1816-1818", (ed. 1875, Imprenta del Porvenir, Buenos Aires). 
¿Querés saber dónde los obtuve? Te cuento: en el website de la universidad de... ¡Harvard! Y para nada es ese un caso aislado, eh; montones de libros y documentos digitalizados de historia argentina hay que descargarlos de instituciones de España, Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Holanda, Alemania, etc. 
Y cuando algún historiador de verdad se proponga narrar la guerra de Malvinas en 1982, los documentos tendrá que buscarlos en el Foreing Office londinense.
Hace unos años escribí acerca del proceso que desembocó en el despojo que se le hizo al Chaco de sus mejores colonias: las situadas por debajo del paralelo 28, para otorgárselas a la provincia de Santa Fe, con las consiguientes extranjerización de la tierra pública y formación del consorcio transnacional La Forestal, la explotación de los trabajadores, la expoliación, la miseria y la represión sangrienta. Y a eso hay que agregar la tala indiscriminada de los quebrachales, lo cual trajo aparejadas alteraciones irreversibles en la biodiversidad, la erosión y desmineralización de los suelos, además de un descenso alarmante en su capacidad de absorción y retención del agua, la modificación del régimen hídrico y una sensible baja en la población de las especies animales (varias de ellas incluso hasta la cuasi extinción). Todos efectos espantosos que los argentinos no sólo continuamos sufriendo en la actualidad (ya transcurridos ciento veinticuatro años de todo aquello); sino que encima; ante nuestra pasividad inentendible, se reitera el ecocidio a paso redoblado en tanto a la fecha la deforestación está cercana a los 20.000.000 de árboles.
En 1880, la guerra civil entre la nación y las provincias de Buenos Aires y Corrientes sublevadas y aliadas entre sí, concluyó, por el empecinamiento del presidente Nicolás Avellaneda, con la ciudad de Buenos Aires erigida en capital federal ante la resignación del presidente electo para sucederle en el poder: Julio A. Roca, quien propugnaba que fuese Rosario. Lejos de haber aprendido la lección, agravamos aquel error con la mil veces maldita reforma constitucional del menemismo y el radicalismo en 1994 y la creación de esa horrible entelequia llamada CABA.
El desinterés y el desdén por el conocimiento de nuestra historia me indigna y preocupa. Con 70 años sobre el lomo, ya estoy más cerca del arpa que de la guitarra, con lo cual mucho más que asistir impotente a la entrega de nuestros recursos naturales y a la disolución nacional que está latente, no puedo hacer; pero vos sos vida joven, pensá un cachito: ¿cuánto más creés que nos queda como país si seguimos así?

-Juan Carlos Serqueiros-


martes, 30 de junio de 2026

ARRULLO
























ARRULLO
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Se enfría el aire.
Mudas sobre los tejados
Se han posado las estrellas.
Un gato su pelaje arrastra
Por los espejos que la luna
Va dejando sobre los techos.
La noche se hace cuna
Y el silencio se vuelve arrullo,
Para contarte una aventura
Que comienza con tu sueño.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


jueves, 25 de junio de 2026

BALADA DEL QUE SE VA






























BALADA DEL QUE SE VA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Soy el que se va
Para nunca más volver.
El que se va sin verter
Ni reproches ni estridencias,
Como condenado al flagelo
De una absurda intermitencia.
Soy el que se va
Dejando todo, sin llevar consigo
Más que el bagaje de penas
Que carga su corazón transido.
Soy el que se va
Con las cicatrices que dejaron
La mentira, el agravio,
Y dolores que traspasaron
(Hay cosas que jamás retornan:
Una bala que se dispara,
Una palabra que se ha espetado).
Soy el que se va,
El que todo sabe perdonar;
Pero signado por un sino:
El de no poder olvidar.
Soy el que se va
Tras una intuición que siempre
Se ha evidenciado certera,
Que al principio es un tsunami
Y a su paso lo trastorna todo;
Más después se torna eclipse
Y cubre una estrella con lodo.
Soy el que se va
Hundido en la sima profunda
De la más cruel de las ausencias
Y emerge al fin con la armadura
De una helada indiferencia.
Soy el que se va.

-Juan Carlos Serqueiros-


lunes, 22 de junio de 2026

PALABRAS AUSENTES













PALABRAS AUSENTES
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

No siempre llueve
Ni hace un frio tenaz
O un furibundo sol
Se remonta en el horizonte
Para escribir mensajes
Atravesando entusiasmado
Mi ventana...

Entonces,
Cuando los vientos sean
Apenas una brisa
Y el sol sólo lance
Efímeros halos de tibieza,
Allí revolveré los cajones
Hasta encontrar las palabras
Que quisiera tener presente
Justo en ese momento,
Cuando ellas me digan "ausente".

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

viernes, 19 de junio de 2026

DIARIO LA TRIBUNA















































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Aquí todo el mundo lee los diarios, no uno sino varios, desde el más encumbrado personaje al más humilde changador. (Ernesto Quesada)

Tras la secesión de Buenos Aires, consecuencia inmediata del estallido de la revolución del 11 de setiembre de 1852 contra Urquiza, los hermanos Héctor (n. Montevideo, 02.07.1832) y Mariano (n. Montevideo, 05.03.1834) Varela (beneficiados por sus contactos con —en la Argentina post Caseros ser hijos del malogrado Florencio Varela no era cosa menor en tanto implicaba pertenencia a la hermandad socio política que detentaba el poder y la autoridad, con la consiguiente posibilidad de acceder a prerrogativas y privilegios— la concesión de la Imprenta del Estado y un lucrativo contrato mediante el cual se les otorgaba en exclusividad la publicación de documentos e información oficiales) fundaron el diario La Tribuna, cuya primera edición salió a la calle el domingo 7 de agosto de 1853. La tirada se hacía, pues, en la Imprenta del Progreso —así se conocía y llamaba popularmente a la del Estado (ex Imprenta de Niños Expósitos) por cuanto en ella se imprimía durante 1852 y hasta la salida de La Tribuna, el periódico gubernativo El Progreso—, situada en el número 95 de la calle Santa Rosa (actual Bolívar), pero después, tanto la administración como así también la redacción y la imprenta, fueron trasladadas al 31 de la calle de la Victoria (actual Hipólito Yrigoyen).
Fue La Tribuna —en cuyas dirección y redacción principal se alternaron ambos hermanos— un periódico “crudo” enragé (Miguel Cané dixit). Sin disputa, el más emblemático y relevante entre los órganos de prensa que expresaban y destilaban un porteñismo recalcitrante. La publicación se auto proclamaba “legítima heredera de las ideas patrióticas, republicanas y liberales de la generación proscripta” (en obvia alusión al unitarismo y al anti rosismo de Florencio Varela) y hasta editaba en Montevideo un diario gemelo. No obstante su extremo localismo; constituye un error atribuir a los Varela el ser antiamericanos, pues de hecho, siendo Mariano ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento, no sólo llamó a ser generosos con el vencido Paraguay, sino que además; esgrimió su doctrina “la victoria no da derechos”. En cuanto a Héctor, publicó en París el semanario ilustrado El Americano con el objetivo de difundir en Europa la cultura y las letras hispanoamericanas, y asimismo, fue nada menos que ministro plenipotenciario, es decir embajador, de Venezuela en España.
Si bien en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo XIX la centralidad de los debates en la prensa giraba en torno a lo político e ideológico, muy lejos de agotarse en dichos tópicos; abarcaba también lo económico, lo cultural, lo artístico, lo religioso, lo doméstico, lo militar y hasta cuestiones personales. En ese contexto, Héctor y Mariano Varela fueron ambos formidables, geniales y temibles polemistas. Basta con rascar apenas el cascarón de la historia para hacer visibles los costurones emergentes de sus célebres disputas con —por ejemplo y entre otros— el autor del Martín Fierro, José Hernández; y con el ministro de Gobierno de Buenos Aires, Ireneo Portela (lo cual representó para La Tribuna un doble perjuicio: la cancelación del jugoso contrato para las publicaciones oficiales y el desalojo, por la fuerza pública, de la Imprenta del Estado).
Los Varela eran muy capaces de polemizar con el más pintado e incluso, de hacerlo entre ellos mismos: en 1874 el presidente Nicolás Avellaneda dejó trascender que ofrecería la cartera de Relaciones Exteriores a Bernardo de Irigoyen, ante lo cual estalló La Tribuna —a la sazón dirigida por Mariano Varela en tanto Héctor residía por entonces en Europa, tras vender a su hermano su parte en el diario—. ¡Inaudito, el hijo del “mártir de Metán” ofreciendo el ministerio al “albacea de Cuitiño”! E inició una feroz campaña de prensa denostando a Irigoyen y criticando duramente a Avellaneda. Entonces, al año siguiente Héctor tomó el asunto en sus manos: mandó a editar en Turín un folleto que tituló “Los hombres de Rosas y D. Bernardo Irigoyen”, en el que hacía una encendida defensa de las aptitudes morales, intelectuales y profesionales de éste, a la par que condenaba “la persecución y difamación de que se lo hacía objeto”. Y concluía con un rotundo: “rechazo franca y abiertamente las opiniones que hoy sostiene el diario que yo fundé” Cuestión concluida: Mariano hizo mutis por el foro e Irigoyen fue a la cancillería.
Pero el incidente dañó gravemente la relación entre ambos hermanos. Mientras Héctor, vuelto al país, había fundado dos diarios: El Tribuno, de efímera existencia, y El Porteño, desde cuyas páginas propiciaba la candidatura de Irigoyen para la renovación presidencial de 1880; Mariano le respondía desde La Tribuna lamentando que por sus venas corriese la misma sangre del que “ha trazado en la prensa las líneas de la candidatura de Irigoyen, quien se ha distinguido en su entusiasmo por Rosas primero y por Urquiza después” (sic).
A todo esto, el país se encaminaba a la guerra civil. La Tribuna se había enrolado decididamente en favor de la postulación de Sarmiento, primero, y de Roca después, a la par que criticaba fuertemente a Tejedor; pero eso sí: sin dejar de descalificar continuamente a Avellaneda con especial encono, lo cual le valdría la clausura. Paradojalmente, entre Tejedor (que en algún momento había integrado como redactor el staff de La Tribuna) y Mariano Varela existía una relación de amistad: cuando a fines de 1879 las facciones en pugna buscaban evitar la guerra elevando la postulación de un “candidato de transacción” e instando a Tejedor y a Roca a renunciar las suyas, el primero lo hizo en carta a Mariano Varela. Asimismo, fue La Tribuna quien publicó en exclusiva el desarrollo de la entrevista entre Roca y Tejedor en la cañonera Pilcomayo, anclada en el río Luján, frente al Tigre. Y más aún: en su edición especial —estraordinaria (sic), como se escribía por entonces— del 18 de junio de 1880, La Tribuna publicaba bajo el título “GRANDES NOTICIAS”:


Como podemos ver, se descartaban los “falsos rumores de anoche” esparcidos "en Belgrano" —en aquel tiempo localidad y hoy barrio donde provisoriamente se había asentado el gobierno nacional ante la rebelión de Buenos Aires y Corrientes aliadas, que corrían acerca de una derrota del coronel Arias (se refiere a José Inocencio Arias). De todos modos, La Tribuna era excesivamente optimista: tres días después, esto es, el 21, Arias era derrotado por el ejército nacional en el combate de los Corrales (actual barrio de Parque de los Patricios) y la sublevación era vencida. Nótese que La Tribuna tildaba de "enemigo de la nacionalidad argentina" ¡al gobierno nacional, cuando la alzada en armas era la provincia de Buenos Aires! Así las cosas, ciertamente es entendible que el presidente dispusiera la clausura del diario, ¿no?
Con el propósito de burlarla, Mariano Varela creó La Tribuna Argentina, el cual se editó hasta abril de 1881. Dos años después reactivó el diario con su nombre original, hasta que su última edición, el 30 de junio de 1884, marcó el cierre definitivo.
Héctor Varela, desconceptuado y en la pobreza (y aquí ahorraré a usted, mi querido amigo lector, los detalles tanto de su declinación moral e intelectual como de las sucesivas tragedias que hubo de soportar), embarcado hacia Barcelona, durante la escala de trasbordo en Río de Janeiro, murió el 10 de octubre de 1891 como consecuencia de haber contraído la fiebre amarilla. Burla cruel del destino la de perecer por la misma enfermedad contra la que él mismo tanto había batallado con firmeza, coraje cívico y abnegación durante la epidemia de 1871 en Buenos Aires, presidiendo, tras la muerte del doctor Roque Pérez, la Comisión Popular de Salubridad. En cuanto a Mariano Varela, quien al momento de su deceso integraba el tribunal de Apelaciones, falleció en Buenos Aires el 18 de julio de 1902.
Equivocadamente, los argentinos hemos creído que por fin, tras la guerra civil de 1880 y la capitalización de Buenos Aires concluirían nuestras profundas diferencias. Vana suposición: la funesta reforma constitucional de 1994 prohijada por el inmundo ladrón de Anillaco con la complicidad (¡cuándo no!) del infame radicalismo y la subsiguiente creación del engendro miserable llamado CABA, nos ha colocado al borde mismo de la disolución nacional.
En lo que hace a la cuestión del periodismo y los medios de prensa, simple y sencillamente me limitaré a consignar que no alcanzan las palabras para expresar adecuadamente tanta abyección como la que hoy por hoy se percibe en esa cloaca de la que sólo emanan gases mefíticos.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

Beltrán, Oscar Rafael. Historia del periodismo argentino. Editorial Sopena, Buenos Aires, 1943.
BNMM. Hemeroteca. La Tribuna.
Etchegaray de Añón Suárez, Martha M. V. La cuestión capital y la sucesión presidencial a través de la prensa de la época (en Revista de la Universidad n° 27, Universidad Nacional de La Plata, 1981).
Galván Moreno, Celedonio. El periodismo argentino. Amplia y documentada historia desde sus orígenes hasta el presente. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1944.
Quesada, Ernesto. El periodismo argentino (1877-1883), (en Nueva Revista de Buenos Aires, ps. 72-101, año III, tomo IX). Imprenta y Librería de Mayo de C. Casavalle, Buenos Aires, 1883).
Sofia, Paula Inés y Suarez, Eduardo. La revolución de 1880: el rol de la prensa porteña en la construcción / deconstrucción de una legitimidad política (en X Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Rosario, 2005).
UNLP. Biblioteca Pública. Hemeroteca. La Tribuna.
Viacaba, Héctor. Héctor Varela, el porteño irresponsable (en revista Todo es Historia n° 222, octubre de 1985).
Wasserman, Fabio. Prensa, debates y vida pública en Buenos Aires durante la década de 1850 (en XIV Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia). Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.


domingo, 14 de junio de 2026

DESTELLOS DE CONSCIENCIA





















Escribe: Gabriela Borraccetti *

La vida tiene épocas de soles que queman, de tiempos en que todo lo vivido arde en un fuego purificador para no dejar más que lo puesto y seguir adelante.
También hay períodos de viento, de esos que simplemente soplan para llevarnos como un barco sin timón a la deriva.
Y ni hablar de los ciclos de montaña, esos en los que abrazamos alguna cumbre largamente deseada, seguida algunas veces por inviernos descoloridos y otras por primaveras y mesetas.
Pero por suerte, en cada uno de esos períodos existen destellos de consciencia capaces de captar el mensaje que a través de fuegos, vientos, soles, montañas y mesetas debemos alcanzar: ser capaces de re-cordar, de no perdernos y de volver a pasar por el corazón nuestro camino. 
Por eso, haz lo que más amas a cada instante, antes que vivir una vida sin sentido.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. 
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.



miércoles, 10 de junio de 2026

PA' QUE SEPAN CÓMO SOY
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Parafraseando al Flaco Norberto Aroldi, "quiero batir mi prontuario… pa' que sepan cómo soy".
Le cuento, pues: nací en un GRAN país: la República Argentina. Un GRAN país que es mío en la proporción de uno sobre cuarenta y siete millones. Un GRAN país al cual Manuel Belgrano dio su independencia, José de San Martín su emancipación, Juan Manuel de Rosas su soberanía, Justo José de Urquiza su organización, Juan Bautista Alberdi su constitución, Domingo Faustino Sarmiento su educación, Julio A. Roca su estado moderno, Roque Sáenz Peña su libertad de sufragio y Juan Domingo Perón su justicia social.
Un GRAN país cuyos ejércitos jamás salieron en pos de conquistas, antes bien; salieron sólo a libertar otros pueblos, a los cuales después dejaron absolutamente dueños de sus destinos y sin arrebatarles ni un palmo de sus tierras.
Un GRAN país, decía, que dio al mundo el mejor y más bueno de cuantos papas hubo: Francisco.
Esa es, para mí, la síntesis de la gloriosa historia de la nación a la que pertenezco en cuerpo y alma.
En fin, con estas palabras sólo persigo el propósito de que usted sepa de dónde provengo y sobre todo; cómo pienso y siento, así conoce de antemano con quién trata y no se llama a engaños.

-Juan Carlos Serqueiros-