jueves, 25 de junio de 2026

BALADA DEL QUE SE VA






























BALADA DEL QUE SE VA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Soy el que se va
Para nunca más volver.
El que se va sin verter
Ni reproches ni estridencias,
Como condenado al flagelo
De una absurda intermitencia.
Soy el que se va
Dejando todo, sin llevar consigo
Más que el bagaje de penas
Que carga su corazón transido.
Soy el que se va
Con las cicatrices que dejaron
La mentira, el agravio,
Y dolores que traspasaron
(Hay cosas que jamás retornan:
Una bala que se dispara,
Una palabra que se ha espetado).
Soy el que se va,
El que todo sabe perdonar;
Pero signado por un sino:
El de no poder olvidar.
Soy el que se va
Tras una intuición que siempre
Se ha evidenciado certera,
Que al principio es un tsunami
Y a su paso lo trastorna todo;
Más después se torna eclipse
Y cubre una estrella con lodo.
Soy el que se va
Hundido en la sima profunda
De la más cruel de las ausencias
Y emerge al fin con la armadura
De una helada indiferencia.
Soy el que se va.

-Juan Carlos Serqueiros-


lunes, 22 de junio de 2026

PALABRAS AUSENTES













PALABRAS AUSENTES
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

No siempre llueve
Ni hace un frio tenaz
O un furibundo sol
Se remonta en el horizonte
Para escribir mensajes
Atravesando entusiasmado
Mi ventana...

Entonces,
Cuando los vientos sean
Apenas una brisa
Y el sol sólo lance
Efímeros halos de tibieza,
Allí revolveré los cajones
Hasta encontrar las palabras
Que quisiera tener presente
Justo en ese momento,
Cuando ellas me digan "ausente".

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

viernes, 19 de junio de 2026

DIARIO LA TRIBUNA















































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Aquí todo el mundo lee los diarios, no uno sino varios, desde el más encumbrado personaje al más humilde changador. (Ernesto Quesada)

Tras la secesión de Buenos Aires, consecuencia inmediata del estallido de la revolución del 11 de setiembre de 1852 contra Urquiza, los hermanos Héctor (n. Montevideo, 02.07.1832) y Mariano (n. Montevideo, 05.03.1834) Varela (beneficiados por sus contactos con —en la Argentina post Caseros ser hijos del malogrado Florencio Varela no era cosa menor en tanto implicaba pertenencia a la hermandad socio política que detentaba el poder y la autoridad, con la consiguiente posibilidad de acceder a prerrogativas y privilegios— la concesión de la Imprenta del Estado y un lucrativo contrato mediante el cual se les otorgaba en exclusividad la publicación de documentos e información oficiales) fundaron el diario La Tribuna, cuya primera edición salió a la calle el domingo 7 de agosto de 1853. La tirada se hacía, pues, en la Imprenta del Progreso —así se conocía y llamaba popularmente a la del Estado (ex Imprenta de Niños Expósitos) por cuanto en ella se imprimía durante 1852 y hasta la salida de La Tribuna, el periódico gubernativo El Progreso—, situada en el número 95 de la calle Santa Rosa (actual Bolívar), pero después, tanto la administración como así también la redacción y la imprenta, fueron trasladadas al 31 de la calle de la Victoria (actual Hipólito Yrigoyen).
Fue La Tribuna —en cuyas dirección y redacción principal se alternaron ambos hermanos— un periódico “crudo” enragé (Miguel Cané dixit). Sin disputa, el más emblemático y relevante entre los órganos de prensa que expresaban y destilaban un porteñismo recalcitrante. La publicación se auto proclamaba “legítima heredera de las ideas patrióticas, republicanas y liberales de la generación proscripta” (en obvia alusión al unitarismo y al anti rosismo de Florencio Varela) y hasta editaba en Montevideo un diario gemelo. No obstante su extremo localismo; constituye un error atribuir a los Varela el ser antiamericanos, pues de hecho, siendo Mariano ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento, no sólo llamó a ser generosos con el vencido Paraguay, sino que además; esgrimió su doctrina “la victoria no da derechos”. En cuanto a Héctor, publicó en París el semanario ilustrado El Americano con el objetivo de difundir en Europa la cultura y las letras hispanoamericanas, y asimismo, fue nada menos que ministro plenipotenciario, es decir embajador, de Venezuela en España.
Si bien en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo XIX la centralidad de los debates en la prensa giraba en torno a lo político e ideológico, muy lejos de agotarse en dichos tópicos; abarcaba también lo económico, lo cultural, lo artístico, lo religioso, lo doméstico, lo militar y hasta cuestiones personales. En ese contexto, Héctor y Mariano Varela fueron ambos formidables, geniales y temibles polemistas. Basta con rascar apenas el cascarón de la historia para hacer visibles los costurones emergentes de sus célebres disputas con —por ejemplo y entre otros— el autor del Martín Fierro, José Hernández; y con el ministro de Gobierno de Buenos Aires, Ireneo Portela (lo cual representó para La Tribuna un doble perjuicio: la cancelación del jugoso contrato para las publicaciones oficiales y el desalojo, por la fuerza pública, de la Imprenta del Estado).
Los Varela eran muy capaces de polemizar con el más pintado e incluso, de hacerlo entre ellos mismos: en 1874 el presidente Nicolás Avellaneda dejó trascender que ofrecería la cartera de Relaciones Exteriores a Bernardo de Irigoyen, ante lo cual estalló La Tribuna —a la sazón dirigida por Mariano Varela en tanto Héctor residía por entonces en Europa, tras vender a su hermano su parte en el diario—. ¡Inaudito, el hijo del “mártir de Metán” ofreciendo el ministerio al “albacea de Cuitiño”! E inició una feroz campaña de prensa denostando a Irigoyen y criticando duramente a Avellaneda. Entonces, al año siguiente Héctor tomó el asunto en sus manos: mandó a editar en Turín un folleto que tituló “Los hombres de Rosas y D. Bernardo Irigoyen”, en el que hacía una encendida defensa de las aptitudes morales, intelectuales y profesionales de éste, a la par que condenaba “la persecución y difamación de que se lo hacía objeto”. Y concluía con un rotundo: “rechazo franca y abiertamente las opiniones que hoy sostiene el diario que yo fundé” Cuestión concluida: Mariano hizo mutis por el foro e Irigoyen fue a la cancillería.
Pero el incidente dañó gravemente la relación entre ambos hermanos. Mientras Héctor, vuelto al país, había fundado dos diarios: El Tribuno, de efímera existencia, y El Porteño, desde cuyas páginas propiciaba la candidatura de Irigoyen para la renovación presidencial de 1880; Mariano le respondía desde La Tribuna lamentando que por sus venas corriese la misma sangre del que “ha trazado en la prensa las líneas de la candidatura de Irigoyen, quien se ha distinguido en su entusiasmo por Rosas primero y por Urquiza después” (sic).
A todo esto, el país se encaminaba a la guerra civil. La Tribuna se había enrolado decididamente en favor de la postulación de Sarmiento, primero, y de Roca después, a la par que criticaba fuertemente a Tejedor; pero eso sí: sin dejar de descalificar continuamente a Avellaneda con especial encono, lo cual le valdría la clausura. Paradojalmente, entre Tejedor (que en algún momento había integrado como redactor el staff de La Tribuna) y Mariano Varela existía una relación de amistad: cuando a fines de 1879 las facciones en pugna buscaban evitar la guerra elevando la postulación de un “candidato de transacción” e instando a Tejedor y a Roca a renunciar las suyas, el primero lo hizo en carta a Mariano Varela. Asimismo, fue La Tribuna quien publicó en exclusiva el desarrollo de la entrevista entre Roca y Tejedor en la cañonera Pilcomayo, anclada en el río Luján, frente al Tigre. Y más aún: en su edición especial —estraordinaria (sic), como se escribía por entonces— del 18 de junio de 1880, La Tribuna publicaba bajo el título “GRANDES NOTICIAS”:


Como podemos ver, se descartaban los “falsos rumores de anoche” esparcidos "en Belgrano" —en aquel tiempo localidad y hoy barrio donde provisoriamente se había asentado el gobierno nacional ante la rebelión de Buenos Aires y Corrientes aliadas, que corrían acerca de una derrota del coronel Arias (se refiere a José Inocencio Arias). De todos modos, La Tribuna era excesivamente optimista: tres días después, esto es, el 21, Arias era derrotado por el ejército nacional en el combate de los Corrales (actual barrio de Parque de los Patricios) y la sublevación era vencida. Nótese que La Tribuna tildaba de "enemigo de la nacionalidad argentina" ¡al gobierno nacional, cuando la alzada en armas era la provincia de Buenos Aires! Así las cosas, ciertamente es entendible que el presidente dispusiera la clausura del diario, ¿no?
Con el propósito de burlarla, Mariano Varela creó La Tribuna Argentina, el cual se editó hasta abril de 1881. Dos años después reactivó el diario con su nombre original, hasta que su última edición, el 30 de junio de 1884, marcó el cierre definitivo.
Héctor Varela, desconceptuado y en la pobreza (y aquí ahorraré a usted, mi querido amigo lector, los detalles tanto de su declinación moral e intelectual como de las sucesivas tragedias que hubo de soportar), embarcado hacia Barcelona, durante la escala de trasbordo en Río de Janeiro, murió el 10 de octubre de 1891 como consecuencia de haber contraído la fiebre amarilla. Burla cruel del destino la de perecer por la misma enfermedad contra la que él mismo tanto había batallado con firmeza, coraje cívico y abnegación durante la epidemia de 1871 en Buenos Aires, presidiendo, tras la muerte del doctor Roque Pérez, la Comisión Popular de Salubridad. En cuanto a Mariano Varela, quien al momento de su deceso integraba el tribunal de Apelaciones, falleció en Buenos Aires el 18 de julio de 1902.
Equivocadamente, los argentinos hemos creído que por fin, tras la guerra civil de 1880 y la capitalización de Buenos Aires concluirían nuestras profundas diferencias. Vana suposición: la funesta reforma constitucional de 1994 prohijada por el inmundo ladrón de Anillaco con la complicidad (¡cuándo no!) del infame radicalismo y la subsiguiente creación del engendro miserable llamado CABA, nos ha colocado al borde mismo de la disolución nacional.
En lo que hace a la cuestión del periodismo y los medios de prensa, simple y sencillamente me limitaré a consignar que no alcanzan las palabras para expresar adecuadamente tanta abyección como la que hoy por hoy se percibe en esa cloaca de la que sólo emanan gases mefíticos.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

Beltrán, Oscar Rafael. Historia del periodismo argentino. Editorial Sopena, Buenos Aires, 1943.
BNMM. Hemeroteca. La Tribuna.
Etchegaray de Añón Suárez, Martha M. V. La cuestión capital y la sucesión presidencial a través de la prensa de la época (en Revista de la Universidad n° 27, Universidad Nacional de La Plata, 1981).
Galván Moreno, Celedonio. El periodismo argentino. Amplia y documentada historia desde sus orígenes hasta el presente. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1944.
Quesada, Ernesto. El periodismo argentino (1877-1883), (en Nueva Revista de Buenos Aires, ps. 72-101, año III, tomo IX). Imprenta y Librería de Mayo de C. Casavalle, Buenos Aires, 1883).
Sofia, Paula Inés y Suarez, Eduardo. La revolución de 1880: el rol de la prensa porteña en la construcción / deconstrucción de una legitimidad política (en X Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Rosario, 2005).
UNLP. Biblioteca Pública. Hemeroteca. La Tribuna.
Viacaba, Héctor. Héctor Varela, el porteño irresponsable (en revista Todo es Historia n° 222, octubre de 1985).
Wasserman, Fabio. Prensa, debates y vida pública en Buenos Aires durante la década de 1850 (en XIV Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia). Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.


domingo, 14 de junio de 2026

DESTELLOS DE CONSCIENCIA





















Escribe: Gabriela Borraccetti *

La vida tiene épocas de soles que queman, de tiempos en que todo lo vivido arde en un fuego purificador para no dejar más que lo puesto y seguir adelante.
También hay períodos de viento, de esos que simplemente soplan para llevarnos como un barco sin timón a la deriva.
Y ni hablar de los ciclos de montaña, esos en los que abrazamos alguna cumbre largamente deseada, seguida algunas veces por inviernos descoloridos y otras por primaveras y mesetas.
Pero por suerte, en cada uno de esos períodos existen destellos de consciencia capaces de captar el mensaje que a través de fuegos, vientos, soles, montañas y mesetas debemos alcanzar: ser capaces de re-cordar, de no perdernos y de volver a pasar por el corazón nuestro camino. 
Por eso, haz lo que más amas a cada instante, antes que vivir una vida sin sentido.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. 
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.



miércoles, 10 de junio de 2026

PA' QUE SEPAN CÓMO SOY
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Parafraseando al Flaco Norberto Aroldi, "quiero batir mi prontuario… pa' que sepan cómo soy".
Le cuento, pues: nací en un GRAN país: la República Argentina. Un GRAN país que es mío en la proporción de uno sobre cuarenta y siete millones. Un GRAN país al cual Manuel Belgrano dio su independencia, José de San Martín su emancipación, Juan Manuel de Rosas su soberanía, Justo José de Urquiza su organización, Juan Bautista Alberdi su constitución, Domingo Faustino Sarmiento su educación, Julio A. Roca su estado moderno, Roque Sáenz Peña su libertad de sufragio y Juan Domingo Perón su justicia social.
Un GRAN país cuyos ejércitos jamás salieron en pos de conquistas, antes bien; salieron sólo a libertar otros pueblos, a los cuales después dejaron absolutamente dueños de sus destinos y sin arrebatarles ni un palmo de sus tierras.
Un GRAN país, decía, que dio al mundo el mejor y más bueno de cuantos papas hubo: Francisco.
Esa es, para mí, la síntesis de la gloriosa historia de la nación a la que pertenezco en cuerpo y alma.
En fin, con estas palabras sólo persigo el propósito de que usted sepa de dónde provengo y sobre todo; cómo pienso y siento, así conoce de antemano con quién trata y no se llama a engaños.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 5 de junio de 2026

DOLOR





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Hay pérdidas que duelen tanto... Y precisamente situado ante ellas es cuando más lamento carecer de fe, no poder creer en la vida eterna, en que hay eso que llaman "más allá"... 
Es en esos momentos terribles de la orfandad absoluta en que uno adquiere consciencia de su egoísmo, de que en realidad, no llora por quien se fue; sino que uno llora por sí mismo, por el vacío en que queda.
"La vida es una herida absurda" (Cátulo Castillo). "Rara vez esta vida tiene sentido, amor" (Indio Solari).
Los lugares comunes, las frases de ocasión, no sirven hoy y no sirvieron nunca; así que huelgan las palabras. Sólo diré que para vivir y morir, fuiste siempre coherente, de principio a fin.
Gracias por la magia, INDIO.

-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 2 de junio de 2026

FANTASMAS































FANTASMAS
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Me aturdo, hablo
Y no hilvano las palabras.
Olvido la frase anterior
Tropiezo con la siguiente…

Como una gran equilibrista
Piso un bache de canciones,
Una baldosa que falta
En la foto de esta vereda.

Camino en tramos cortados
Por cascotes mal picados,
Recuerdo de dardos vanos
Y pasadas discusiones…

A los tumbos llego al borde
De un cordón desgastado,
De cemento derrotado
A fuerza de repensarlo.

Y allí me voy, rendida,
Por la alcantarilla,
Bajando a los subsuelos
De la tierra que otra pisa.

Me siento morir ahogada
En un dolor imposible
Y con el olor insistente
De fantasmas en tu cama.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


jueves, 28 de mayo de 2026

LA OSADÍA DE EVA


















































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La vida te da sorpresas, canta Rubén Blades en “Pedro Navaja”. Acabo de corroborarlo una vez más y van… ¿O acaso usted cree que la circunstancia de que un científico especializado en el campo de la biotecnología súbitamente se revele como un consumado escritor muy capaz de producir un thriller estremecedor, es algo que se da con frecuencia? Bueno, pues le cuento que eso es precisamente lo que ocurre con Sebastián Chávez (n. Sevilla, 1964), quien viene a sorprendernos gratamente con esta su magistral primera novela: “La osadía de Eva” (Editorial Almuzara, 2025).
La trama gira en torno a Dámaso Dorado, un prestigioso y altruista biotecnólogo que se encuentra en la cárcel, acusado de haber asesinado a su esposa: Vera Melgar, una arqueóloga notable, quien a partir del hallazgo en el Líbano de una tableta de arcilla conteniendo escritura cuneiforme, al momento de su muerte se aprestaba nada menos que a reinterpretar el mito bíblico de Adán y Eva expulsados del Jardín del Edén por comer el fruto prohibido del Árbol del conocimiento del bien y del mal, lo cual por ende, significaba cuestionar la jerarquía de género, es decir, el patriarcado enunciado y sostenido por —entre otros— Agustín de Hipona, y sus consecuencias: la subordinación de la mujer al hombre como “orden natural” y la imposición de una moral sexual limitada a la procreación.
La prensa y la policía están convencidas de la culpabilidad de Dámaso, quien se niega a ser legalmente defendido del crimen que se le imputa, a raíz de lo cual se le asigna una inexperta defensora oficial: Carmen Laguillo, alguien que ni siquiera es penalista en tanto hasta allí ha ejercido esforzadamente su profesión como abogada laboralista. ¿Por qué se empeña Dámaso Dorado en negarse a declarar y renunciar a su defensa? ¿Qué secreto resuelve guardar, aún frente al extremo de perder su libertad? ¿Estarán acertados tanto el inspector Segura —funcionario policial que ha obviado la investigación de ciertos detalles del caso por considerarlos irrelevantes— como la jueza Eulalia Carbonell —quien se apresuró a disponer la prisión del acusado y a pesar de las evidencias que le presenta Carmen Laguillo en favor de éste; mantiene su decisión de que permanezca preso—?
Los entresijos del ámbito catedrático con las rivalidades y celos que afloran en el trabajo de investigación en equipo, lo miserable e infame del periodismo sensacionalista al amparo de la estupidez generalizada del público consumidor de esa especie abominable, los despachos judiciales en que se administra una justicia que con alarmante frecuencia dista muchísimo de ser tal cosa, las poderosas corporaciones internacionales, consorcios que se benefician del conocimiento apropiándose de los descubrimientos hechos por científicos enrolados en postular que ellos deben favorecer a toda la humanidad y no estar destinados a maximizar la ganancia de esa maffia (la verdadera, no la ficticia pergeñada en los estudios cinematográficos de Hollywood) de tecno-duques (Indio Solari dixit), la deliciosa gastronomía andalusí, la poesía sublime de Joan Margarit y en fin; todo ello enmarcado en el casco histórico de la milenaria Sevilla de modo de constituir un cóctel trepidante que nos mantendrá en vilo de principio a fin.
No se prive de leerla, le aseguro que vale la pena.

-Juan Carlos Serqueiros-


martes, 26 de mayo de 2026

NOSOTROS, LOS PSICÓLOGOS
























Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

¡Los psicólogos somos locos, gracias a Dios! (y por favor, tráiganme un vaso con agua que tengo que tomar el haloperidol). Me explico: resulta que en esta jungla que es internet, anda dando vueltas un artículo acerca de nosotros los psicólogos, en el cual se pone en duda nuestra salud mental. 
En verdad, no es que la cosa me cause especial extrañeza e incluso hasta podría decir que ese "recurso" suele ser habitual a la hora de estigmatizar nuestra profesión, la cual por cierto no es transera, no se pliega mansamente a los dictados del sistema como sí lo hace la medicina— y no sirve a la comercialización de medicamentos (con lo cual no genera ganancias exorbitantes a corporaciones multinacionales), entonces; obviamente se constituye en un gran obstáculo para los intereses de los que buscan instalar una ciencia que deje de lado el alma, para así mantenernos ajenos a nosotros mismos.
Conociendo que a todo lo que se le adjudica el mote de "loco" se le trata de clavar un estigma descalificativo, no es en modo alguno raro que así hayan llamado a muchos grandes inventores y descubridores cuyo mayor "pecado" fue, en el afán de favorecer a la humanidad toda, el de develar algo que estaba oculto (como hizo Nikola Tesla, por citar un ejemplo) y que otros veían como la maximización de sus beneficios económicos. ¡Y vaya que somos inconscientes de cuánto nos manipulan!
Es común que en la imagen del psicólogo se proyecte toda suerte de miedos y problemas (vivimos de las proyecciones y las cobramos), puesto que inconscientemente se pretende que quien se dedica a buscar significados en el alma de otros, no tenga sus mismos problemas. Obviamente, todos tenemos un inconsciente y los psicólogos no constituimos la excepción.
Reza el dicho popular: "hay de todo en la viña del Señor" y seguramente hay en nuestra profesión gente traumada, así como también hay en medicina drogados con bisturí en mano a la hora de abrir un cuerpo; sólo que en el imaginario colectivo, el de guardapolvo blanco es dios.
El cuerpo es dios, el alma... es eso que se retuerce en la obra de un artista, en la pluma de un poeta, en la soledad del que se adelanta a su tiempo y en todo momento en el que cada persona despierta a la consciencia sin saber y esa es precisamente la clave cómo hará de allí en más. Es que el alma no se arregla con comprar un vestido nuevo, o una casa fastuosa, o un automóvil lujoso, o un viaje al destino soñado; el alma duele aún con un cuerpo en perfecto estado y una vida materialmente opulenta.
En el fondo de toda profesión hay una preocupación que se convierte en vocación, hay una suceso que lleva a ello, hay un núcleo dorado que se convierte en luz y una chispa que ilumina lo mejor de nosotros. ¿Será el miedo del astrólogo al futuro cierto? ¿Será que pretende controlarlo todo omnipotentemente conociendo lo que va a pasar? ¿Será que el cirujano es un sádico sublimado y el médico un ser que teme a la muerte y se cree dios? ¿Será el contador un ladrón que estudia cómo evadir impuestos? ¿Será el kinesiólogo un rígido? ¿Serán las maestras de jardín de infantes maltratadoras de niños en revancha por una infancia infeliz? Lo que tiene de bueno el psicólogo, es que funciona como pantalla de los miedos de todos. 
Eso sí: viendo quiénes comparten esa tontería del artículo que mencioné, se puede deducir aquello que se siente como una amenaza al propio campo. Quien esté seguro de su herramienta no debe tener miedo a nada.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.como Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

miércoles, 20 de mayo de 2026

ENRIQUE STEIN. PERIODISMO SATÍRICO, POLÍTICA, PUBLICIDAD, ARTE Y NEGOCIOS





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El día que abraces tu totalidad, sólo habrá un mundo para todos. (Gabriela Borraccetti)

El Mosquito fue un periódico hebdomadario editado en Buenos Aires, que salía los domingos y se autodefinía como “independiente, satírico, burlesco y de caricatura”. Fundado en 1863 por el dibujante y litógrafo francés Henri Meyer, su primera edición fue la del 24 de mayo de dicho año. Las caricaturas las hacía el propio Meyer y sus redactores, qué decir... un lujo literario: el también francés (nacionalizado argentino) Luciano Choquet, Estanislao del Campo y Eduardo Wilde. En 1868 se incorporó como ilustrador otro francés: Henri —después argentinizado en Enrique— Stein (n. París, 04.10.1843), quien pronto se constituiría en factótum pasando, en 1872, a detentar el cargo de director gerente, para después, en 1875, adquirir el periódico y convertirse en su editor y director propietario, mimetizándose con la publicación hasta el punto de identificarla con su propia figura caricaturizada y “armada” con un filoso lápiz a guisa de lanza. Quedaba claro que El Mosquito y Stein eran una sola cosa, un ente inescindible. Y que sus sátiras eran tan de temer como las punzantes plumas de Sarmiento en El Nacional o de Varela en La Tribuna (a los cuales, por otra parte; El Mosquito no trepidaba en interpelar e increpar).
En 1874, no obstante ser Stein director gerente de El Mosquito (y por lo tanto alineado con el Partido Autonomista de Adolfo Alsina); sorpresivamente aceptó una oferta del Partido Nacionalista para ilustrar el periódico La Presidencia, el cual postulaba la candidatura de Bartolomé Mitre. Dado que obviamente se vería obligado a contradecir, desde las páginas del semanario mitrista, las publicaciones del que él mismo dirigía, firmaba sus caricaturas en El Mosquito con su nombre y apellido; mientras que rubricaba con el pseudónimo Carlos Monet o las iniciales C. M. las que hacía para La Presidencia. Y a los reproches que recibía, los contestaba con el argumento: “no soy argentino ni político, soy dibujante”, es decir, actuaba como un profesional que no veía impedimento alguno para cobrar de Alsina y a la vez, también de Mitre.
En cuanto a lo de auto definirse como independiente… bueno, le diría que eso mejor lo tome usted con pinzas, mi apreciado amigo lector, ya que la cosa no era así —o al menos, no tan así—, porque en 1882 se había obligado contractualmente por el término de dos años, a ponerse bajo el auspicio (léase apoyo económico) del Partido Autonomista Nacional de la provincia de Buenos Aires. Y después, resignó definitivamente su tan cacareada independencia aún cuando ya no mediaba convenio que lo obligase a ello, en tanto su línea editorial dejaba trasuntar su alineamiento con el roquismo primero y el juarismo después. 
El Mosquito se mantuvo en el primer lugar de las preferencias del público durante treinta años. Satirizaba a todos y de todos se reía, empezando por sí mismo, es decir, por quienes constituían su staff: a la pregunta que se le hacía acerca de si era “mashorquero” (rosista) o “salvage” (unitario), “crudo” (alsinista) o “cocido” (mitrista); respondía: “soy político y como todos los demás del gremio disbarro y disbarraré” (donde se emplea disbarro por “desbarro”, o sea desatino, dislate, yerro, barbaridad, disparate). Quedaba clarísimo: El Mosquito podía asumir cualquier postura político partidaria e incluso adherir ocasionalmente a un candidato, para inmediatamente después zaherirlo y ponerse en contra, arrogándose la prerrogativa de ostentar una llamativa volubilidad a la cual consideraba derecho propio y hasta motivo de orgullo. La excepción que confirmaba la regla fue la inalterable admiración de Stein hacia la figura política de Julio A. Roca, la cual —tengo para mí— más que en la coincidencia entre su propio apellido (que en alemán quiere decir roca) y el del Zorro; se basaba en el postulado “paz y administración” que este último enunciaba y en las ideas de republicanismo liberal que ambos profesaban.
Pero lo que me propongo, más que narrar la historia de El Mosquito; es referirme a las aptitudes innatas que de sobra se evidencian en Stein a la hora de analizarlo no ya como artista y periodista; sino en su faceta de publicista, actividad en la cual obtuvo también un éxito nada desdeñable. Para ello, he elegido como portada de este opúsculo una publicidad de Bagley del año 1889, por él diseñada y ejecutada en la técnica litografía coloreada, encargada por su cliente y amiga, la inglesa Mary Jane Hamilton viuda de Melville Sewell Bagley, quien desde la muerte de su esposo ejercía la dirección de dicha empresa. Estaba destinada a la promoción de las manufacturas características de la compañía: la bebida Hesperidina, aperitivo argentino por antonomasia hecho a partir de corteza de naranja agria; el dulce (mermelada) Bagley, elaborado con la pulpa de naranja que quedaba en el proceso como excedente; y las galletitas Adelina, por entonces recientemente lanzadas al mercado y así llamadas en homenaje a la soprano Adelina Patti.
Se trata de una propaganda comercial inspirada en la situación política de la época, de manera de aludir a las profundas discrepancias que en materia de ideas, opiniones y criterios, existían entre los personajes en ella representados (de izquierda a derecha: Ramón J. Cárcano (¿o Aristóbulo del Valle?), Julio A. Roca, Bartolomé Mitre, Miguel Juárez Celman, Dardo Rocha y Eduardo Wilde), pero a la vez; minimizándolas y volviéndolas relativas mediante una inscripción que reza: "En algo han de estar de acuerdo y es que los productos de Bagley son 3 cosas buenas" (sic). La magistral asociación entre imagen y epígrafe en aquel mensaje publicitario venía así a resultar altamente eficaz en tanto establecía una conexión directa con el consumidor transmitiéndole optimismo y positivismo.
Pero en rigor de verdad, debo mencionar también que Stein tenía un criterio bastante… elástico, digamos, al momento de observar y respetar, en el ámbito de la propaganda comercial, el límite entre el legítimo empleo de la fantasía como medio de generar deseo; y lo que era lisa y llanamente publicidad engañosa: en su edición de fecha 30 de julio de 1882, incurrió en esa mala práctica al hacer promoción —para colmo, encubierta, disfrazada de noticia— de la cerveza que fabricaba su cliente y amigo Emilio Bieckert, expresando beneplácito ante la decisión de éste de rehusar la medalla de oro emergente de la obtención del primer premio en el contexto de la Exposición Continental Sud-Americana de ese año. Aparentando no necesitar de ningún galardón, Bieckert a través de la pluma de Stein hacía trascender que renunciaba al premio que se le otorgaba, molesto e indignado porque el jurado había cometido “la increíble injusticia de dar uno igual a otro cervecero” (sic), pero sin siquiera especificar de cuál “otro cervecero” se trataba, pues no revelaba ni la empresa elaboradora ni la marca comercial, lo cual no le impedía endilgarle “tener cuñas y servirse de ellas”, para concluir preguntando: “¿No es acaso el público consumidor el que da el fallo en esta cuestión?”. Todas macanas. La verdad era que Bieckert no rehusó ningún premio y que el público no estaba en condiciones de “dar el fallo”, al no poder probar otras marcas, toda vez que se le había concedido a Bieckert la exclusividad en el expendio de cerveza en todos los cafés, restaurantes y pabellones de la Exposición. Así las cosas, en esa publicidad subrepticia, enmascarada de modo de hacerla pasar por cordial adhesión a la actitud de un amigo, Stein incurrió en nada menos que falsear información, tergiversar y ocultar datos.
En fin… una de cal y otra de arena. Después de todo, nunca hay que olvidar que de carne somos. Ah, y a propósito: estimo pertinente destacar que en 1888 Stein había procedido con nobleza cobijando en su propia casa a su archirrival periodístico: Eduardo Sojo, director del periódico Don Quijote (ferozmente opositor al gobierno), de modo de sustraerlo a la persecución de que era objeto por parte del jefe de policía Alberto Capdevila y de Lucio V. Mansilla (quien incluso, el año anterior lo había hecho encarcelar).
En enero de 1889, más o menos coincidentemente con los días en que lanzaba la publicidad para Bagley, Stein recibió un mensaje del presidente de la Nación, Miguel Juárez Celman, por el cual éste le ofrecía “complacerle en algún favor” (se sobreentendía que ese “favor” adquiría el carácter de “especial”, por cuanto de hecho, estaba subvencionado por el gobierno tanto directa como indirectamente). Entonces Stein manifestó que le gustaría integrar la comitiva oficial que viajaría a París con motivo de la participación argentina en la Exposición Universal de ese año, lo cual le fue concedido. Así, en marzo dejó la dirección del periódico en manos de su colaborador Eugenio Damblans y viajó a la “ciudad luz”, en la cual permaneció hasta agosto, en que regresó a Buenos Aires para reasumir la dirección de El Mosquito en septiembre.
Por entonces, se sentía cada vez más hastiado de la política y proyectaba alejarse de ella. Desde 1881 había venido desarrollando sostenidamente su propio comercio: Librería y Papelería Artística Stein, del cual podía vivir cómodamente y sobre todo; más tranquilo (nunca evidenció excesiva apetencia por el dinero ni se demostró afecto al lujo). Pocos días antes del estallido de la Revolución del Parque, anunció que vendía El Mosquito a “una sociedad anónima” (sic) y que en consecuencia, cesaba en su función de editor responsable y quedaba “solamente” a cargo de los grabados y la administración" (sic). Y en tal carácter siguió hasta la edición n° 1580 del domingo 13 de julio de 1893, fecha en que el semanario, sin anuncio previo, simplemente dejó de salir. De allí en adelante, en lo comercial se dedicó a su negocio de librería, papelería, fotografía y galería de arte, mientras que en lo artístico se consagró principalmente al dibujo histórico. Su óleo sobre tela pintado en 1903 y titulado “Declaración de la Independencia”, aún hoy continúa reproduciéndose en las láminas ilustrativas de los manuales escolares.
Enrique Stein falleció en Buenos Aires el 17 de enero de 1919. Si existe eso llamado eternidad, ya lo encontraremos en algún recodo de ella con su lápiz-lanza en ristre dispuesta a destripar algún político, tendiendo su mano caballeresca y fraterna al rival en desgracia, tejiendo la urdimbre de verdad-mentira en el reino de la publicidad comercial y con el corazón siempre dividido entre su amada Francia y esta nuestra Argentina en la que vino a dejar sus huesos.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

AGN. a) Biblioteca. Colección Celesia. Productos Bagley. El Mosquito, 1889.
          b) Fondo Enrique Stein, Sala VII, Leg. 1438-1441.
BNMM. Diarios y revistas. El Mosquito, periódico semanal, independiente, satírico, burlesco y de caricatura.
Román, Claudia A. Prensa, política y cultura visual. El Mosquito (Buenos Aires, 1863-1893). Editorial Ampersand, Buenos Aires, 2017.
Suárez Danero, Eduardo M. El cumpleaños de El Mosquito. Eudeba, Buenos Aires, 1964.