Aquí todo el mundo lee los diarios, no uno sino varios, desde el más encumbrado personaje al más humilde changador. (Ernesto Quesada)
Tras la secesión de Buenos Aires, consecuencia inmediata del estallido de la revolución del 11 de setiembre de 1852 contra Urquiza, los hermanos Héctor (n. Montevideo, 02.07.1832) y Mariano (n. Montevideo, 05.03.1834) Varela (beneficiados por sus contactos con —en la Argentina post Caseros ser hijos del malogrado Florencio Varela no era cosa menor en tanto implicaba pertenencia a la hermandad socio política que detentaba el poder y la autoridad, con la consiguiente posibilidad de acceder a prerrogativas y privilegios— la concesión de la Imprenta del Estado y un lucrativo contrato mediante el cual se les otorgaba en exclusividad la publicación de documentos e información oficiales) fundaron el diario La Tribuna, cuya primera edición salió a la calle el domingo 7 de agosto de 1853. La tirada se hacía, pues, en la Imprenta del Progreso —así se conocía y llamaba popularmente a la del Estado (ex Imprenta de Niños Expósitos) por cuanto en ella se imprimía durante 1852 y hasta la salida de La Tribuna, el periódico gubernativo El Progreso—, situada en el número 95 de la calle Santa Rosa (actual Bolívar), pero después, tanto la administración como así también la redacción y la imprenta, fueron trasladadas al 31 de la calle de la Victoria (actual Hipólito Yrigoyen).
Fue La Tribuna —en cuyas dirección y redacción principal se alternaron ambos hermanos— un periódico “crudo” enragé (Miguel Cané dixit). Sin disputa, el más emblemático y relevante entre los órganos de prensa que expresaban y destilaban un porteñismo recalcitrante. La publicación se auto proclamaba “legítima heredera de las ideas patrióticas, republicanas y liberales de la generación proscripta” (en obvia alusión al unitarismo y al anti rosismo de Florencio Varela) y hasta editaba en Montevideo un diario gemelo. No obstante su extremo localismo; constituye un error atribuir a los Varela el ser antiamericanos, pues de hecho, siendo Mariano ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento, no sólo llamó a ser generosos con el vencido Paraguay, sino que además; esgrimió su doctrina “la victoria no da derechos”. En cuanto a Héctor, publicó en París el semanario ilustrado El Americano con el objetivo de difundir en Europa la cultura y las letras hispanoamericanas, y asimismo, fue nada menos que ministro plenipotenciario, es decir embajador, de Venezuela en España.
Si bien en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo XIX la centralidad de los debates en la prensa giraba en torno a lo político e ideológico, muy lejos de agotarse en dichos tópicos; abarcaba también lo económico, lo cultural, lo artístico, lo religioso, lo doméstico, lo militar y hasta cuestiones personales. En ese contexto, Héctor y Mariano Varela fueron ambos formidables, geniales y temibles polemistas. Basta con rascar apenas el cascarón de la historia para hacer visibles los costurones emergentes de sus célebres disputas con —por ejemplo y entre otros— el autor del Martín Fierro, José Hernández; y con el ministro de Gobierno de Buenos Aires, Ireneo Portela (lo cual representó para La Tribuna un doble perjuicio: la cancelación del jugoso contrato para las publicaciones oficiales y el desalojo, por la fuerza pública, de la Imprenta del Estado).
Los Varela eran muy capaces de polemizar con el más pintado e incluso, de hacerlo entre ellos mismos: en 1874 el presidente Nicolás Avellaneda dejó trascender que ofrecería la cartera de Relaciones Exteriores a Bernardo de Irigoyen, ante lo cual estalló La Tribuna —a la sazón dirigida por Mariano Varela en tanto Héctor residía por entonces en Europa, tras vender a su hermano su parte en el diario—. ¡Inaudito, el hijo del “mártir de Metán” ofreciendo el ministerio al “albacea de Cuitiño”! E inició una feroz campaña de prensa denostando a Irigoyen y criticando duramente a Avellaneda. Entonces, al año siguiente Héctor tomó el asunto en sus manos: mandó a editar en Turín un folleto que tituló “Los hombres de Rosas y D. Bernardo Irigoyen”, en el que hacía una encendida defensa de las aptitudes morales, intelectuales y profesionales de éste, a la par que condenaba “la persecución y difamación de que se lo hacía objeto”. Y concluía con un rotundo: “rechazo franca y abiertamente las opiniones que hoy sostiene el diario que yo fundé” Cuestión concluida: Mariano hizo mutis por el foro e Irigoyen fue a la cancillería.
Pero el incidente dañó gravemente la relación entre ambos hermanos. Mientras Héctor, vuelto al país, había fundado dos diarios: El Tribuno, de efímera existencia, y El Porteño, desde cuyas páginas propiciaba la candidatura de Irigoyen para la renovación presidencial de 1880; Mariano le respondía desde La Tribuna lamentando que por sus venas corriese la misma sangre del que “ha trazado en la prensa las líneas de la candidatura de Irigoyen, quien se ha distinguido en su entusiasmo por Rosas primero y por Urquiza después” (sic).
A todo esto, el país se encaminaba a la guerra civil. La Tribuna se había enrolado decididamente en favor de la postulación de Sarmiento, primero, y de Roca después, a la par que criticaba fuertemente a Tejedor; pero eso sí: sin dejar de descalificar continuamente a Avellaneda con especial encono, lo cual le valdría la clausura. Paradojalmente, entre Tejedor (que en algún momento había integrado como redactor el staff de La Tribuna) y Mariano Varela existía una relación de amistad: cuando a fines de 1879 las facciones en pugna buscaban evitar la guerra elevando la postulación de un “candidato de transacción” e instando a Tejedor y a Roca a renunciar las suyas, el primero lo hizo en carta a Mariano Varela. Asimismo, fue La Tribuna quien publicó en exclusiva el desarrollo de la entrevista entre Roca y Tejedor en la cañonera Pilcomayo, anclada en el río Luján, frente al Tigre. Y más aún: en su edición especial —estraordinaria (sic), como se escribía por entonces— del 18 de junio de 1880, La Tribuna publicaba bajo el título “GRANDES NOTICIAS”:
Como podemos ver, se descartaban los “falsos rumores de anoche” esparcidos "en Belgrano" —en aquel tiempo localidad y hoy barrio donde provisoriamente se había asentado el gobierno nacional ante la rebelión de Buenos Aires y Corrientes aliadas—, que corrían acerca de una derrota del coronel Arias (se refiere a José Inocencio Arias). De todos modos, La Tribuna era excesivamente optimista: tres días después, esto es, el 21, Arias era derrotado por el ejército nacional en el combate de los Corrales (actual barrio de Parque de los Patricios) y la sublevación era vencida. Nótese que La Tribuna tildaba de "enemigo de la nacionalidad argentina" ¡al gobierno nacional, cuando la alzada en armas era la provincia de Buenos Aires! Así las cosas, ciertamente es entendible que el presidente dispusiera la clausura del diario, ¿no?
Con el propósito de burlarla, Mariano Varela creó La Tribuna Argentina, el cual se editó hasta abril de 1881. Dos años después reactivó el diario con su nombre original, hasta que su última edición, el 30 de junio de 1884, marcó el cierre definitivo.
Héctor Varela, desconceptuado y en la pobreza (y aquí ahorraré a usted, mi querido amigo lector, los detalles tanto de su declinación moral e intelectual como de las sucesivas tragedias que hubo de soportar), murió el 10 de octubre de 1891 en Río de Janeiro, a consecuencia de contraer fiebre amarilla. Burla cruel del destino la de perecer por la misma enfermedad contra la que él mismo tanto había batallado con firmeza, coraje cívico y abnegación, durante la epidemia de 1871 en Buenos Aires, presidiendo, tras la muerte del doctor Roque Pérez, la Comisión Popular de Salubridad. En cuanto a Mariano Varela, quien integraba el tribunal de Apelaciones, falleció en Buenos Aires el 18 de julio de 1902.
Equivocadamente, los argentinos hemos creído que por fin, tras la guerra civil de 1880 y la capitalización de Buenos Aires concluirían nuestras profundas diferencias. Vana suposición: la funesta reforma constitucional de 1994 prohijada por el inmundo ladrón de Anillaco con la complicidad (¡cuándo no!) del infame radicalismo y la subsiguiente creación del engendro miserable llamado CABA, nos ha colocado al borde mismo de la disolución nacional.
En lo que hace a la cuestión del periodismo y los medios de prensa, simple y sencillamente me limitaré a consignar que no alcanzan las palabras para expresar adecuadamente tanta abyección como la que hoy por hoy se percibe en esa cloaca de la que sólo emanan gases mefíticos.
-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS
Beltrán, Oscar Rafael. Historia del periodismo argentino. Editorial Sopena, Buenos Aires, 1943.
BNMM. Hemeroteca. La Tribuna.
Etchegaray de Añón Suárez, Martha M. V. La cuestión capital y la sucesión presidencial a través de la prensa de la época (en Revista de la Universidad n° 27, Universidad Nacional de La Plata, 1981).
Galván Moreno, Celedonio. El periodismo argentino. Amplia y documentada historia desde sus orígenes hasta el presente. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1944.
Quesada, Ernesto. El periodismo argentino (1877-1883), (en Nueva Revista de Buenos Aires, ps. 72-101, año III, tomo IX). Imprenta y Librería de Mayo de C. Casavalle, Buenos Aires, 1883).
Sofia, Paula Inés y Suarez, Eduardo. La revolución de 1880: el rol de la prensa porteña en la construcción / deconstrucción de una legitimidad política (en X Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Rosario, 2005).
UNLP. Biblioteca Pública. Hemeroteca. La Tribuna.
Viacaba, Héctor. Héctor Varela, el porteño irresponsable (en revista Todo es Historia n° 222, octubre de 1985).
Wasserman, Fabio. Prensa, debates y vida pública en Buenos Aires durante la década de 1850 (en XIV Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia). Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.














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