martes, 24 de febrero de 2026

LAS TRES CRUCES


























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Mario Millán Medina (n. Colonia Porvenir, Goya, 25.05.1914 – m. Rosario, 06.11.1977) es el autor y compositor del chamamé titulado “Las tres cruces”. Hay aquiescencia generalizada en consignar el de 1936 como año de su creación (pero más allá de que en lo formal y legal figure debidamente registrado en SADAIC con fecha 18.02.1953 bajo el código de obra 26469 | ISWC T0370284380).

LAS TRES CRUCES
(Chamamé, 1936)
Letra y Música: Mario Millán Medina

En las cuatro bocas que aquel camino
forma al cruzarse con el real,
a un costado está clavada
la cruz sagrada de mi Taita.
Muy junto a ella, a un torniquete
la cruz de Olano atada está;
a dos, tres pasos del alambrado
media caída, la de Cambá.
Para una fiesta de día patrio,
pa’ un 25 de Mayo fue;
hubo carreras en las Cuatro Bocas,
en el bolicho de don José.
Taita y Olano, viejos contrarios
enemistados por su opinión,
al encontrarse se pelearon,
ponchillo en brazo, facón a facón.
Cambá que era el comisario
corrió a apartarlos, era su deber;
muy malheridos y ensangrentados
los tres quedaron allí en su ley.
Desde entonces las Cuatro Bocas
son muy sagradas en el lugar
y las tres cruces son milagrosas
las de Taita, Olano y Cambá.
Los pobladores de aquel paraje
chipa y naranjas suelen llevar
para que rece por esas almas
algún andante por el lugar.

Estamos frente a una canción que remite a las cruentas luchas entre autonomistas y liberales trabadas en la provincia de Corrientes durante las tres últimas décadas del siglo XIX y que se prolongaron hasta finales de la primera del XX. Comienza mencionando dónde había transcurrido lo que en ella se narra: “en las cuatro bocas que aquel camino / forma al cruzarse con el real”. Es decir que tenemos un camino secundario (aquel camino), que se cruza con el real, o sea, el principal. Se denominaba "camino real" o "del Rey", al que unía capitales o poblaciones de cierta significación, tenía el ancho apropiado para permitir el tránsito vehicular de aquella época (carretas, diligencias, galeras), y que era por el que obligatoriamente (pues así lo prescribían las leyes y reglamentos) debían tomar todos los funcionarios del Estado (gobernantes, correos, etc.). En la actualidad, casi todas las principales rutas nacionales siguen la traza de aquellos "caminos reales" de antaño, con lo cual podemos afirmar que el punto mencionado por Millán Medina necesariamente debe de situarse o sobre la ruta 12 o sobre la 14, formándose las cuatro bocas cuando se cruzan con algún camino secundario; más al no estar especificado cuál es éste, es imposible determinarlo con exactitud. No obstante, sí podemos acotarlo a dos y sólo dos posibilidades; ya que en la provincia de Corrientes los únicos parajes designados como Cuatro Bocas quedan: uno en jurisdicción de Saladas, en el cruce de la ruta nacional 12 con la provincial 118; y otro situado en el departamento Monte Caseros, en la intersección de las rutas 14 y 127. Ergo, ambos pueden ser el aludido por el autor.
Trascartón, la letra nos dice que se distinguen en el lugar tres cruces, clavadas en memoria de y homenaje a, unos tales Taita, Olano y Cambá; y también que aquel camino que interseca con el real, atraviesa campos o estancias particulares, ya que hay un alambrado señalando el linde entre el ámbito público y la propiedad privada (“a un costado está clavada / la cruz sagrada de mi Taita. / Muy junto a ella, a un torniquete / la cruz de Olano atada está; / a dos, tres pasos del alambrado / media caída, la de Cambá”).
Seguidamente, se nos cuenta que los hechos acaecieron en fecha patria (“para una fiesta de día patrio, / pa’ un 25 de Mayo fue”). ¿Por qué el autor elige el 25 de Mayo con preferencia al 9 de Julio? Simple: lo hace por una cuestión elemental de estructura poética, de musicalidad propia de los versos y de correspondencia con la melodía que les adosó para convertirlos en canción. Y además, por un motivo que inexplicablemente se les pasó inadvertido a los biógrafos de Millán Medina: esa es, precisamente, la fecha de su natalicio. Y acota que los festejos incluyeron la realización de cuadreras (“hubo carreras en las Cuatro Bocas”) en el escenario constituido por un almacén de ramos generales y despacho de bebidas ("el bolicho de Don José") al estilo de las antiguas pulperías.
En relación a los protagonistas: Taita, Olano y Cambá, del primero sólo se cita su apodo (que en guaraní significa "padre", sea en sentido de consanguinidad o sea figurativamente (por ej.: a Tránsito Cocomarola se lo conoce como el "taita del chamamé", es decir, el padre del chamamé, por la trascendencia de su obra musical dentro de ese género). En este caso se aplica a alguien en señal de respeto rayano en veneración (“mi Taita”, pone el autor en primera persona constituido en hablante lírico de la poesía, pero no para expresar taxativamente deferencia hacia él en especial, en desmedro de la consideración que le merecen los otros dos, y mucho menos por identificación política). Del segundo personaje tenemos sólo el apellido: Olano, pero no su nombre de pila (¿Millán Medina lo habrá elegido para identificarlo con alguna localidad en especial en la cual haya varias personas caracterizadas que lleven dicho apellido? Chi lo sa…). Y del tercero se especifica únicamente la función que desempeña, el cargo que ostenta (comisario), y su apodo: Cambá, o sea "Negro" en guaraní, aplicado tanto en sentido real (a alguien con fenotipo de piel oscura); como figurado (a una persona morocha, de piel trigueña).
Taita y Olano se hallan distanciados hace mucho tiempo, al punto del odio sordo, tenaz (“viejos contrarios", “enemistados”) por cuestiones políticas ("por su opinión"); así que podemos afirmar que uno de ellos adhería al Partido Autonomista y el otro al Partido Liberal, que eran por entonces (finales del siglo XIX o principios del XX, tal como consigné precedentemente) las facciones en pugna. Pero chaque la confusión: en la lírica del autor, ni Taita ni Olano son referentes principalísimos e ineludibles de una u otra divisa en una porción geográfica determinada, rol ese que se reservaba a los acaudalados estancieros de la elite correntina capaces de arrastrar a cientos cuando no miles de pobres paisanos que por pura lealtad criolla los seguían, luciendo al cuello ora el pañuelo colorado ora el celeste. Y tampoco son gauchillos (voz popular en Corrientes equivalente al gaucho “de avería” o “vago y mal entretenido” usuales en la provincia de Buenos Aires) alzados contra la autoridad policial, incursos en delitos y/o dedicados a erigirse en matones de comité para inclinar el voto de la gente hacia el candidato que contara con sus servicios. Lejos de eso; son campiriños en un mundo chiquito acotado a cinco o diez leguas, que por sus prendas de carácter se habían ganado el respeto y la estima de sus paisanos, y que albergando viejos enconos juraron matarse en cuanto se toparan (lo cual fatalmente termina ocurriendo). Así las cosas, la letra pasa a contarnos el desenlace: un duelo a cuchillo entre Taita y Olano, quienes “al encontrarse se pelearon / ponchillo en brazo, facón a facón"; entonces ahí entra a tallar el comisario Cambá, quien en cumplimiento ineludible de sus responsabilidades para con el orden (“era su deber”) procura separar a los adversarios; y el asunto que resulta en tragedia con los tres personajes muertos.
Y tras el temple evocador, sombrío y luctuoso de los versos hasta aquí citados; de pronto se hace la luz, así como “cuando la noche es más oscura / se viene el día en tu corazón” (Indio Solari dixit), y entonces podemos distinguir, nítido, el propósito del autor, que no es otro que destacar, ensalzar, la religiosidad profunda, humilde y simple del paisano correntino, es decir, la devoción popular, con esa mención a que “los pobladores de aquel paraje / chipa y naranjas suelen llevar” (a modo de ofrenda y también para que quienes transitan por el sitio pudiesen yantar, refrescarse, rezar por las almas de los tres caídos allí, y hasta pedir algún milagro, en tanto “las tres cruces son milagrosas”).
Con este chamamé, Mario Millán Medina se adelanta en treinta años al culto (tan difundido hoy en día a partir de las décadas de 1990 y 2000, originalmente con un formidable bombardeo marketinero en diarios, radio y televisión, el cual sería llevado al paroxismo al emerger las redes sociales; y con profusión de iconografía) al mito Curuzú Gil primero, y al Gauchillo Gil (muy convenientemente devenido en Gauchito) después, cuyo origen no puede rastrearse más allá de 1960-1968).
En cambio, Taita, Olano y Cambá, esto es, “Las tres cruces”, no les deben absolutamente nada ni al mercadeo ni a la iglesia ni a internet ni al engaño de asignarles el haber tenido existencia real por más que de la misma no haya un solo elemento documental que la registre y compruebe o tan siquiera la mencione; sino que encarnan per se la forma más pura y sencilla de integrarnos a una cosmovisión mágico-religiosa… tan sólo a partir de una canción.


Y hasta aquí anduvimos juntos usted, mi estimado lector, y el seguro servidor que soy, en un trip que nos condujo a un reino esbozado en versos y acordes. Disfrute de la canción, sírvase una caña y brinde por esas almas.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-


miércoles, 18 de febrero de 2026

UN CORAZÓN




























UN CORAZÓN
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Un corazón de piedra, mi amor
Un corazón de piedra quisiera
Que no lo lastime el dolor
Silente de esta, mi tierra

Un corazón de barro, mi amor
Un corazón de barro quisiera
Todo moldeado con primor
Y que no sangren sus heridas viejas

Un corazón fragante, mi amor
Un corazón fragante quisiera
Y que tape el petricor
De esta lluvia tempranera

Un corazón inconsciente, mi amor
Un corazón inconsciente quisiera
Y que desdeñe el ardor
Acuciante de mis tristezas

Un corazón de vino, mi amor
Un corazón de vino quisiera
Y que los vahos del alcohol
Sean bálsamo a tanta pena

Un corazón de nieve, mi amor
Un corazón de nieve quisiera
Que fundido en algún sol
Retorne en ilusiones nuevas

Un corazón creciente, mi amor
Un corazón creciente quisiera
Y que mengüe aquel sopor
De esperar la luna llena

Un corazón de niño, mi amor
Un corazón de niño quisiera
Que me renazca desde el horror
De aquella mi angustia añeja.


-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Adrian Borda, "Fragile", óleo sobre tela, contemporáneo.

miércoles, 11 de febrero de 2026

LIBRE ALBEDRÍO









































Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

Quienes saben de su poder y conocen sus posibilidades, pueden crear su camino de modo tal de creer que el destino tiene su fuente en el libre albedrío. En cambio, quienes se desconocen y no creen en sus estrellas, no hacen más que volverse títeres de su propio destino.
Y planteado el interrogante “¿qué debo hacer?”, la única contestación es: “una elección sin garantías”; porque lo que está escrito es la pregunta, y lo que has venido a dar es tu respuesta. Eso es libre albedrío.
Querer que cambien las cosas es adoptar una posición pasiva dejando que el mundo se haga cargo de nuestro problema. Cambiar nosotros ante lo que nos conflictúa, es la mejor opción, sobre todo; porque eso cambia nuestra mirada acerca de la vida y nos permite saber que libre albedrío es justamente poder responder libremente a los desafíos para que el mundo que nos rodea se adapte a nosotros y no ser nosotros adaptables al mundo.
Por supuesto, no hay que confundir un mundo a la medida de nuestros caprichos, con un mundo en el que realmente estemos felices de ser quienes somos.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 3 de febrero de 2026

LA "JUSTICIA" Y LA CORRUPCIÓN





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No creo en las meigas, pero haberlas haylas. (Dicho popular gallego)

Para la república y la democracia no sólo es saludable que los funcionarios sean controlados e investigados, imputados (de haber indicios de que se corrompieron durante su gestiones), juzgados y condenados (si se probase que cometieron ilícitos), sino que además; es imprescindible que así ocurra.
El problema radica en que muchos de los jueces que deben incoar los procesos, son genuflexos del poder político cuando no corruptos ellos mismos. ¿O acaso preferimos ignorar que perciben sueldos dobles cobrando en “negro" uno igual al "blanco" a través del sobre que religiosamente les llega vía la agencia de inteligencia o por algún otro conducto non sancto? ¿O que algunos de ellos están estrechamente vinculados al narcotráfico u otras actividades delictivas, cuando no a intereses foráneos? ¿O que casi todos ellos deben, en mayor o menor medida, sus cargos a algún/unos politicastro/s determinado/s que haya/n ocupado sitiales importantes de decisión y que en consecuencia, así como no pueden pedirse peras al olmo; es quimérico esperar que los beneficiados vayan contra sus favorecedores? ¿O que en la Suprema Corte (que hace mucho ya no es de Justicia, sino de in-justicia) uno de sus integrantes fungió siempre como abogado de las gigantescas corporaciones transnacionales en contra de los intereses argentinos? ¿O que dicho organismo (enfermo y purulento) "funciona" irregularmente reducido a tres integrantes, y que como si eso fuera poco escándalo; puede tomarse veinte o más años en pronunciarse o no hacerlo nunca? ¿O que haya jueces que concurren a postrarse a los pies de algún magnate extranjero obedeciendo a su "desinteresada invitación" y que encima; cuando son descubiertos chatean entre sí para resolver qué otro delito van a cometer para disimular? En fin... sería cosa de nunca acabar el mencionar determinadas situaciones.
Y eso entre otras "lindezas" que son como las brujas: todos sabemos que no existen, pero que las hay; las hay.
Se ha logrado instalar en el imaginario colectivo de una mitad irresponsable, estulta y abúlica de la sociedad argentina, que el problema de la corrupción está acotado a funcionarios que eventualmente se hayan enriquecido por medios ilícitos (y dicho sea de paso, muchas veces se trata de acusaciones infundadas que después no pueden sostenerse y mucho menos comprobarse; pese a lo cual se los detiene y encarcela a gran estrépito de la prensa adicta al/a los denunciante/s, reitero: sin que medie condena y sin siquiera someterlos a juicio previo); mientras que quienes saquearon y saquean el país dejándolo inerme frente a la voracidad del extranjero (con el cual colaboran como cipayos y perduellis que son; y en este punto, remember aquello del compañero Herminio Iglesias, que fue tan ferozmente sometido al escarnio: "Es verdad, yo me como las eses al hablar, pero otros se comen el país") no sólo están en libertad, sino que además; presumen de ser puntales de la comunidad, guardianes de la moral, ¡y hasta gobiernan! Eso es, cuanto menos, poner el cachapé adelante de los bueyes.
Y equivale a lo que hace dos siglos escribió Bartolomé Hidalgo en su Diálogo patriótico interesante: mandar al presidio al gaucho que "robó unas espuelas" o "alivió del peso de unos medios" a algún paisano; mientras el señorón que "tuvo una casualidad", queda impune.

-Juan Carlos Serqueiros-