lunes, 27 de febrero de 2012

MUJERES EN PUGNA: LA RUBIA MORENO Y LA TIGRA













Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Doña Santos Moreno, apodada La Rubia Moreno; y doña Dolores Díaz, a quien llamaban La Tigra, militaban en bandos tan opuestos –en el partido liberal (ex unitario) una; y en el partido federal la otra-; como disímiles habían sido los orígenes de ambas –nacida en la opulencia de la clase acomodada, una; en la pobreza y de padres desconocidos, la otra-.
Santos –nombre nada frecuente en una niña- Moreno, nacida en 1840 en fecha y mes no determinados, en Santiago del Estero, había quedado huérfana de madre en su temprana juventud. Ante esa circunstancia, su padre, dedicado al comercio de ramos generales –es decir, por ese entonces, una pulpería-, situada a orillas del río Dulce, en la bajada del camino de El Polear, que iba desde Santiago hacia San Isidro en dirección al río Salado, (justo frente al hoy populoso barrio Mishqui Mayu, y si mal no me ubico en la geografía santiagueña, al costado de la autopista que une Santiago y La Banda); decidió, alrededor de 1860, que su hija lo ayudase en el negocio familiar (muy próspero, por otra parte; ya que estaba ubicado estratégicamente en un camino muy transitado). Para entonces, la joven Santos Moreno se había convertido en una bellísima mujer rubia y de ojos verdes, cuya hermosura era muy mentada por el lugar, de carácter recio, duro y habituado a mandar,  seguramente adquirido al adaptarse al ambiente de la pulpería, frecuentada por soldados, troperos, etc. A tal punto se había mimetizado con el entorno en el que se desenvolvía, que había trocado las ropas femeninas usuales en la época; en una falda roja, ceñido sus blondos cabellos con una vincha, y hasta exhibía puñal en la cintura.
La actividad política no le era ajena, por lo contrario; era una resuelta y exaltada adherente al partido liberal encabezado en Santiago del Estero por los mitristas Antonino y Manuel Taboada -que eran (extrañas vueltas de la vida), nada menos que sobrinos del mismísimo caudillo y gobernador federal Juan Felipe Ibarra, el Saladino, fallecido en 1851-. En ese contexto, la Rubia Moreno había persuadido a su padre de destinar una gran parte del patrimonio familiar, al partido liderado por los Taboada.
Y si escasas son las certezas de lo que se conoce acerca de la Rubia Moreno; las que hay respecto de Dolores Díaz, lo son aún más. Se ignoran tanto la fecha, mes y año de su nacimiento, como así también quiénes fueron sus padres, y por añadidura; se desconoce el lugar en que ocurrió. Generalmente, se acepta que era riojana; aunque hay quienes la suponen paisana de Felipe Varela, es decir, catamarqueña. Sí se sabe que era una federal a machamartillo y que en cuanto el ya veterano caudillo lanzó desde su exilio en Chile su proclama llamando a la Guerra de la Unión Americana; la Tigra se dirigió inmediatamente a incorporarse a la montonera.
Se acercaba el día en que ambas mujeres, tan opuestas y a la vez tan parecidas en cuanto a coraje y decisión, se encontrarían (se “encontrarían” figurativamente, digo; ya que hasta donde se sabe, nunca se conocieron personalmente la una con la otra) enfrentadas en un campo de batalla.
La fecha sería el 10 de abril de 1867, en el Pozo de Vargas, ubicado a 2 kilómetros de la ciudad de La Rioja, en la batalla más cruenta, encarnizada y extensa (cerca de 8 horas duró la lid, desde el mediodía hasta el anochecer) de nuestras luchas intestinas. El Pozo de Vargas no era, como se cree vulgarmente, un jagüel natural; sino un espejo de agua formado en un socavón, de resultas de la extracción de tierra para la elaboración de adobes y ladrillos. Allí había situado Antonino Taboada sus tropas del ejército nacional (lo de “nacional” era porque se trataba de la división norte del ejército de línea, y gobernaba el país Bartolomé Mitre, a quien adhería Taboada). El ejército federal era más numeroso que su oponente, pero había una sustancial diferencia: los nacionales estaban perfectamente armados con fusiles, mientras que los federales sólo tenían lanzas (hechas con media tijera de afilar encastrada en la punta de una tacuara). Desesperados por la sed, los montoneros federales llevaron adelante una carga arrolladora, pero la superioridad de las armas de fuego fue decisiva y al anochecer, el triunfo (una victoria pírrica) quedó para los mitristas, que después del mismo, saquearon La Rioja durante tres días.
Ambas mujeres tuvieron activa participación en la batalla, pero mientras la Rubia Moreno se ubicaba junto a Antonino Taboada, que dirigía a su ejército desde la retaguardia, al lado de la banda de música; la Tigra combatía en la vanguardia, en las primeras filas y salvó de la muerte a Felipe Varela, que conducía personalmente la carga encabezando sus tropas, y había caído al borde del jagüel con el caballo muerto. Al ver en el suelo a su jefe, Dolores Díaz dirigió su propio caballo hasta el sitio, extendió un brazo, y asido al mismo, Varela subió también al de la Tigra, justo cuando los nacionales venían a ultimarlo. “En ancas de La Tigra, el caudillo escapó a la muerte”, escribiría el historiador José María Rosa.
La acción militar de Pozo de Vargas, marcaría para Santos Moreno y Dolores Díaz, el inicio de sus dramas personales: el padre de la Rubia Moreno murió en la batalla; mientras que la Tigra quedó prisionera de Taboada.
Doña Santos Moreno regresó a Santiago, donde vivió dedicada a su pulpería y a amadrinar niños pobres y desamparados. Se dice que los avatares políticos de la sucesión presidencial de Mitre a Sarmiento, y como derivación de esa circunstancia, la caída en desgracia de los Taboada; condujeron a que la Rubia Moreno resultara económicamente damnificada. Sarmiento en efecto, estaba dispuesto a eliminar a los Taboada (“voy a reventar a los Taboada”, fueron sus propias palabras); con lo cual es posible y hasta muy probable, que doña Santos Moreno, identificada plenamente con los Taboada, se haya visto perjudicada como resultado de su pérdida de influencia. Murió en Santiago del Estero, y sus restos descansan en el cementerio de La Misericordia, de dicha capital provincial. Perdura su recuerdo en la hermosa zamba La Rubia Moreno, con versos de Cristóforo Juárez los cuales musicalizó Agustín Carabajal:

Rubia Moreno, pulpera gaucha
de falda roja, vincha y puñal.
No había viajero que no te nombre
por el antiguo camino real
Hecha entre el bronco bramar del Dulce
solo sabía tu voz mandar.
Eran tus ojos dos nazarenas
bravas espuelas en el mirar.
Rubia Moreno guarda mi pueblo
a orillas del río natal.
Tu nombre heroico como figura,
como figura de cuño real.

Juntito al vado, tu rancho amigo
alzaba al cielo su banderín.
Por los carriles de cuatro vientos
venía el alerta de algún clarín.
¿Tuviste amores?..., ¿tuviste celos?...
Rubia pulpera sin corazón.
Eras más brava que las leonas
de los juncales del Albardón


En cuanto a doña Dolores Díaz, lo último que se supo de ella fue su destierro a la prisión militar de El Bracho, en la frontera con los indios. Eso está perfectamente documentado en una carta dirigida por Antonino Taboada a un tal doctor Natanael Morcillo, juez de La Rioja, en respuesta a un requerimiento que éste le hacía de la persona de Dolores Díaz. Dicha nota decía: 
General en jefe del Ejército del Norte – Cuartel General Catamarca, febrero 7 de 1868. 
Al señor juez de sección de La Rioja, doctor Natanael Morcillo: Contesto a la nota fecha 26 del ppdo., que V. S. se ha servido dirigirme, reclamando a Dolores Díaz (a) ‘La tigra’, que fue confinada por disposición del Cuartel general, a la frontera de Santiago, por el tiempo suficiente para que su presencia en La Rioja no fuese peligrosa al orden nacional … La mencionada Dolores Díaz y cinco mujeres más, fueron confinadas a Santiago del Estero, no han sido sujetas a juicio, ni han sufrido la aplicación mínima de pena, pues solo a V. S. corresponde esta atribución; ellas han sido simplemente trasladadas de un punto a otro de la República, en obsequio de la tranquilidad y del orden de una de sus provincias más azotadas por el vandalaje, a cuyo frente ha figurado más de una vez esa mujer, en los robos y salteos que han tenido lugar en la ciudad de La Rioja.Sabedor de que Dolores Díaz y sus compañeras de la hez de la población de La Rioja, a la que pertenecía la primera, eran, puede decirse, el alma de la montonera, con cuyos robos y saqueos traficaban, contribuyendo con su consejo y su palabra a fomentar los hábitos perversos de los gauchos que formaban la montonera de Varela, resolví extrañarla del teatro de sus excesos por un tiempo determinado, hasta que, como hemos dicho antes, el orden y la tranquilidad se afianzara sólidamente en La Rioja… he dispuesto anteriormente que todas ellas pueden regresar libremente a esa provincia, donde V.S. puede proceder al enjuiciamiento y castigo de los delitos porque hay proceso.General Antonino Taboada
Y allí se pierde el rastro de la Tigra, ignorándose dónde, cómo y cuándo falleció, y mucho menos, dónde están sepultados sus restos. Por lo demás, Dolores Díaz no ha tenido, como sí la tuvo la Rubia Moreno, zamba alguna que evoque su memoria. 
Particularmente, me gusta pensar que quizá, en la dimensión en que se encuentren doña Santos Moreno y doña Dolores Díaz, habrán sabido sintetizar un pasado histórico que a nosotros, en esta nuestra bendita patria, nos sigue conmoviendo. y al cual todavía no le encontramos la vuelta.

-Juan Carlos Serqueiros-

5 comentarios:

  1. Hermosa la Zamba escrita en nombre de Doña Santos Moreno! buscando cual era su historia llegue al post. Gracias por compartir!!!
    Atte. Sabrina.

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  2. Mi padre recuerda que su abuelo solia hablar con cariño de su tia "la rubia" y de como vivia en "El Polear".
    Edgardo Moreno.
    La Banda, Sgo del Estero

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    1. Ciertamente. Son recuerdos imborrables los que nos evocan las historias familiares, transmitida sde generación en generación. Gracias!

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  3. Hermosa zamba e historia. Mi madre me la cantaba siempre de niño.

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  4. Como lo busco de otra forma a tu link marcelo q es

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