viernes, 22 de febrero de 2019

CARVALHO: PROBLEMAS DE IDENTIDAD








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Esto es una mierda, pero hasta el más miserable se aferra a ella. (Carlos Zanón, "Carvalho: problemas de identidad", Editorial Planeta, 2019)

Me aconteció uno de esos casos -afortunadamente, raros- en los que la lectura de una muy buena novela... no significó, ni mucho menos, una acertada elección literaria. Quiero decir, no precisamente para la tarde de un viernes, espacio temporal ese en que lo mejor que uno puede hacer es llegar a su casa, figurarse que Mugricio Lacri y su cipayesca banda no están en el gobierno, olvidarse que tiene los grilos más flacos que nunca, servirse una copa de lo mejor que le haya quedado en stock y sumirse en la lectura de algo que lo transporte muy lejos de la realidad opresiva. Algo... light, digamos, descomprometido, si se quiere.
Pero resultó que este libro es lo menos a propósito para ello, porque es una novela negra, no sólo por tratarse de un thriller; sino porque es negra en serio, crudelísima, lacerante.
Carlos Zanón reflota a Carvalho, el personaje fetiche de Manuel Vázquez Montalbán, pero trayéndolo al presente, más cínico, descreído, sarcástico e irónico que nunca, y achacoso al punto de ir al médico (y lo que tiene, pinta como algo grave). ¿Puede imaginarlo? ¡Carvalho acudiendo a la consulta de un doctor! Su maestría de chef se mantiene, pero ya sin sus deleites de refinado gourmet en compañía de su amigote el gestor Fuster (al que ha reemplazado un picapleitos) y -para colmo- ya sin Charo, "su" puta. E incluso -cosas veredes...- ya ni siquiera se aguanta a su fiel escudero, el pobre fetillo Biscuter. Y si bien sigue quemando libros y odiando la música (no podía ser de otro modo); el bueno de Pepiño se ha visto obligado -concesión cruel a los tiempos que corren- a instalar computadoras en su agencia y, consiguientemente, a tener que bancarse a un cráneo informático.
A la par de sumergirse en una angustiosa búsqueda en pos de sí mismo, Carvalho (que para colmo, se ha enredado con una mujer que está casada con un encumbrado personaje del poder que se las trae); deberá investigar los casos de una prostituta deficiente mental desaparecida y de un horrendo crimen familiar.
La novela es muy buena; lo malo es el momento que yo elegí para leerla: me sacudió fuerte. De todos modos, la disfruté -y la sufrí- intensamente, porque (es sabido y tendré que admitirlo de una vez) en el fondo... soy un masoquista.
Pero también soy un tipo de suerte: en medio del bajón que pintó tras la lectura; me llamó un gomía para invitarme a un asadito en su quinta. Pileta y vino me esperaban para distraerme de la pálida de este mundo de hoy.
Ah, léala, eh; vale la pena.

-Juan Carlos Serqueiros-