domingo, 3 de julio de 2016

HISTORIA DE PARQUE DE LOS PATRICIOS. COMBATE DE LOS CORRALES














Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La infinidad de muertos y heridos de que ha quedado sembrado el campo de batalla, prueba el valor del soldado y del ciudadano argentino. Ante estos testimonios no se puede decir que hubieron cobardes. (Diario La Prensa, 22 de junio de 1880)

La sucesión presidencial de 1880 estuvo signada por una de las tantas guerras civiles en que nos hemos trabado los argentinos en nuestra corta historia de dos siglos. El resultado de los colegios electorales que consagraron a Julio A. Roca y Francisco Madero como presidente y vice de la República, respectivamente; no fue aceptado por las provincias de Buenos Aires y Corrientes -aliadas política, militar y económicamente-, gobernadas por Carlos Tejedor la una y por Felipe Cabral la otra, las cuales se rebelaron contra el gobierno nacional del presidente Nicolás Avellaneda.


Estalló, pues, la guerra, que comenzó efectivamente el 17 de junio con un choque en el paraje de Olivera, cerca de Luján, prosiguió con las acciones de Barracas al Sud -actual Avellaneda- (domingo 20 de junio), luchándose por el puente de Barracas (como se llamaba popularmente al puente Prilidiano Pueyrredón), y culminó con combates prácticamente simultáneos en todo el frente: Puente Alsina -el antiguo Paso de Burgos, en tiempos del virreinato, las invasiones inglesas y hasta fines de la década de 1850-, los Corrales, la Convalecencia -Barracas- y el mercado Constitución -la actual plaza Constitución, en el barrio de ese nombre- (lunes 21 de junio).
La única posibilidad de triunfo que tenían Buenos Aires y Corrientes, radicaba en que el ejército de la primera lograse resistir el ataque de las tropas que el gobierno nacional concentraba en la Chacarita de los Colegiales (actual barrio de Chacarita), para llevar después la guerra más allá de la provincia, o por lo menos, de la ciudad; y en que el ejército de la segunda invadiese Entre Ríos y Santa Fe (desguarnecidas, pues los regimientos allí asentados habían sido dirigidos a Rosario para desde allí pasar a la Chacarita) para derrocar a sus gobiernos y establecer otros que fueran afines a la postura sustentada por Tejedor y Cabral.
Pero el gobernador de Buenos Aires se limitó a una guerra “defensiva” (inentendible, cuando era él mismo quien había desatado el conflicto), para lo cual hizo cavar trincheras y alzar barricadas para proteger el centro de la ciudad, en un triángulo cuya base se extendía entre las calles Suipacha y Cochabamba y cuyo vértice se situaba en la Ayacucho, y emplazar baterías para contestar el fuego de la escuadra nacional. Para colmo, su aliado, el gobernador de Corrientes, se había mantenido inexplicablemente a la espera, sin atinar a nada.
El escenario principal de la guerra estaría, pues, en los arrabales de Buenos Aires, en torno a los cuales su gobierno dispuso lo que llamó línea Sud de la Defensa. Así las cosas, si el ejército nacional conseguía entrar a la ciudad por el puente Alsina y/o por el de Barracas, rebasando dicha línea, ocuparía la periferia, es decir, las orillas; controlaría las quintas, las huertas, los tambos y el matadero, e indefectiblemente terminaría por empujar al ejército de Buenos Aires hasta la línea interior de trincheras, completando el sitio con el bloqueo del puerto a cargo de la escuadra, de modo de obligar a los rebeldes a rendirse por la quiebra del comercio y la escasez de los alimentos.
En estos planos, confeccionados en 1888 por Carlos Beyer, ingeniero geógrafo de la editorial Angel Estrada y Cía., puede usted apreciar, estimado lector, el diagrama ilustrativo de aquel conflicto bélico.



Pero no me propongo, acotado como me hallo a la brevedad de un artículo, narrar los pormenores de aquella lucha; sino simplemente referirme de manera sucinta a una acción en particular: la de los Corrales. Principiaré por citar que si desea usted interiorizarse acerca de dicho suceso, podrá hallar muchas crónicas y relatos tanto en la virtualidad de la web como en libros de diversos historiadores (incluso alguno muy ilustre y de enormes y merecidos prestigio y trascendencia, como José María Rosa), consignado como “batalla de los Corrales Viejos”, lo cual es erróneo. Veamos.
En 1860 se resolvió el traslado del matadero del Sud, que estaba ubicado en Barracas, en la Convalecencia o el Alto (antigua plaza de Los Inválidos y actualmente parque España), para llevarlo más al oeste. Entre 1866 y 1867 se habían construido ya los corrales para el ganado, en el sitio que a partir de entonces se conocería como la Meseta de los Corrales (el actual barrio de Parque de los Patricios); pero diversos motivos (litigios sobre los terrenos, una epidemia de fiebre amarilla y cuestiones presupuestarias) llevaron a que el traslado del matadero se efectivizara recién el 12 de noviembre de 1872. Y veinticuatro años después, esto es, en 1896, se dictó una ordenanza en la cual se disponía migrar el matadero a la zona de la estación Liniers del Ferrocarril del Oeste (actual barrio de Mataderos), comenzándose en 1898 la construcción de los nuevos corrales, obra ésta que se concluyó en 1901, produciéndose por fin la mudanza al año siguiente. Consecuentemente, recién a partir de 1902 el sitio donde estaba el matadero empezó a ser llamado popularmente los Corrales ViejosCon lo precedentemente enunciado estoy, pues, demostrando que mal podía haberse llamado en 1880 batalla de los Corrales “Viejos” a la que se libró ese año, toda vez que el nombre recién se aplicó a la zona que es hoy el barrio de Parque de los Patricios ¡veintidós años después de acaecido aquel conflicto bélico!
Así, ya puede usted afirmar en adelante, mi querido lector, que la lucha librada en 1880 no se llamó de los Corrales “Viejos” como le venían contando; sino de la Meseta de los Corrales, en algunos partes militares, o simplemente de los Corrales, en otros.


Se ha tejido todo un mito alrededor de aquel suceso, que en rigor de verdad, más que batalla propiamente dicha fue, junto a los de puente Alsina, la Convalecencia y Constitución; otro de los combates que en el marco de una gran batalla que podríamos denominar de Buenos Aires, se trabaron aquel 21 de junio de 1880 (dicho sea de paso, hay historiadores que equivocan la fecha y consignan que se produjo el 22) en las orillas de la ciudad.
En apretada síntesis, las acciones comenzaron a las 4 de la madrugada en el puente Alsina, cuando tropas del ejército nacional comandadas por el coronel Eduardo Racedo y que habían salido de la Chacarita de los Colegiales y atravesado San José de Flores, atacaron dicha posición, que era defendida por tropas del ejército de Buenos Aires al mando del coronel José Inocencio Arias. Al romper el alba, el puente quedaba en poder de los nacionales y Arias recibía la orden de replegarse hasta las trincheras interiores. En su retroceso, llegó a una casa “de altos” ubicada en “la esquina de la calle de la Arena con la que servía de límite a la ciudad”, y se detuvo en ella para observar el movimiento de las tropas que venían persiguiéndolo.
¿Dónde estaba esa casa “de altos” (que probablemente haya sido una quinta con mirador, o quizá alguna fonda en la que pernoctaban troperos y arrieros) en la cual se constituyó Arias aquel día? Está claro que la calle que “servía de límite a la ciudad” era el antiguo Camino de las Tropas (actual avenida Sáenz) por el cual se conducían las reses hasta el matadero de los Corrales. Pero ubicar el lugar exacto se complica, porque la otra calle, esa con la cual formaba esquina, ¿se trataba de Arena (la actual avenida Almafuerte) o era la de la Arena (actual avenida Chiclana), situada poco más al sur? La primera se llamaba así por la naturaleza arenosa del terreno, y la segunda recibía ese nombre por la arena con que se la cubría de intento, pues en ella se realizaban carreras cuadreras y cinchadas de carros. Pudo haber sido cualquiera de las dos. Particularmente, supongo que la casa debía hallarse en la intersección de las actuales Sáenz y Chiclana, porque desde allí Arias tendría una visión prácticamente en línea recta de lo que sucedía en los Corrales, al este; y a la vez, estar más hacia el norte, más cercano al punto al cual se dirigía (las trincheras interiores) y asimismo, más alejado de las tropas que lo perseguían; pero para establecerlo con certeza, habría que bucear en el Catastro, a fin de comprobar si en su antecedente más inmediato, el Registro Gráfico de 1890, existen datos de aquella propiedad (después de todo, no debieron de ser muchas las casas “de altos” en una zona que estaba por entonces muy escasamente poblada). Aunque quizá no valga la pena el esfuerzo: no es razonable albergar muchas expectativas de encontrar información, y en definitiva, el asunto es baladí; me hacía la pregunta solamente por curiosidad de historiador, pero la situación exacta de la casa aquella no modifica en absoluto los hechos ni la cronología de los mismos.
A todo esto, a las 9 de la mañana la columna del ejército nacional al mando del coronel Nicolás Levalle, en un avance arrollador, entraba a la ciudad por el puente de Barracas con los objetivos de cortar la retirada de Arias y converger con las tropas de Racedo y con otras que venían al mando del coronel Octavio Olascoaga, del coronel Manuel Campos y del mismísimo ministro Carlos Pellegrini; para desalojar a las que defendían los puntos estratégicos de la Línea Sud de la Defensa, empujándolas hasta las trincheras interiores. Pero las milicias bonaerenses del coronel Hilario Nicandro Lagos, llegadas desde plaza Once, ya habían ocupado la Meseta de los Corrales, y desde esa altura barrían, desde las 7 de la mañana con su eficaz artillería, a los nacionales que pugnaban por tomarla.
La resistencia que opuso Lagos posibilitó que Arias pudiese llegar después a las trincheras interiores y evitó que todo su ejército quedara prisionero del de la Nación (así y todo, de los 12.000 hombres que lo componían, sólo llegarían 4.000; pues el resto fue muerto en puente Alsina -entre 1.200 y 1.500-, otros 3.000 eran de caballería -inútil en un combate como aquel, por lo cual fueron enviados a reforzar la defensa de los Corrales y de la ciudad antes del enfrentamiento- y el resto se dispersó o desertó).
La Meseta de los Corrales defendida por Lagos parecía inexpugnable, pero… parecía, nomás; porque el triunfo correspondió a las tropas nacionales, que terminaron por coparla y arrojar a las provinciales hacia la línea interior de trincheras. En el parte de batalla del coronel Joaquín Viejobueno a Pellegrini se consigna que Racedo y Olascoaga situaron su artillería en “la casa del señor Peña (posición ventajosísima)” (sic) y que desde allí salieron los batallones que finalmente obtendrían la victoria frente a un enemigo que “fue vencido y desalojado de sus posiciones, abandonándolas en completa derrota” (sic). 
¿Sería aquella “casa del señor Peña” la del político y financista Juan Bautista Peña, quien fuera presidente de la comisión municipal, fallecido en 1869? Es probable. 
La esquina de Caseros y Monteagudo donde se situaba la comisaría, fue otro de los puntos de referencia de aquel feroz combate.


El conflicto fue magistralmente representado en los dibujos del artista Carlos Clérice, por entonces corresponsal en Buenos Aires del hebdomadario francés Le Monde Illustré, y aparecieron en la edición del 24 de octubre de 1880 de dicho periódico:


La lucha fue terrible y la mortandad espantosa. Baste con citar, a modo de ejemplo, que la comisión municipal de Buenos Aires se vio obligada a autorizar nuevamente sepulturas en el antiguo cementerio del Sud (actual plaza Florentino Ameghino), en el cual se habían prohibido las inhumaciones hacían ya nueve años.



Ya muy largamente pasado el mediodía, Lagos recibió por fin la orden de replegarse a las trincheras interiores. Racedo quedaba dueño de la posición. Cesó la metralla y los cañones enmudecieron. Eran las 2 de la tarde. El combate de los Corrales había finalizado y un telón luctuoso se cerraba sobre una escena de horror y muerte.
Entre las ruinas y el humo quedaban, alfombrando aquel suelo anegado en sangre de valientes, cientos de cadáveres cual testigos mudos de un heroísmo tan argentino, tan grande y enaltecedor, como inútil, y que fue, más que prodigado; dilapidado miserablemente en aquella inicua guerra fratricida.
Un año más tarde, el periódico El Mosquito en su edición del 19 de junio de 1881, traía el recuerdo de esos aciagos días en una ilustración en la cual aparece representada la República apostrofando a Tejedor.


Vicente Fidel López (partidario de Buenos Aires, claro) relataba a su hijo Lucio Vicente los últimos sucesos en carta del 23 de junio de 1880, en la que estipulaba en “1.200 las bajas de cada parte” (englobando todos los combates). El mismo día en que López escribía eso, Buenos Aires negociaba la capitulación. 
Y el 30, renunciaba a la gobernación quien había sido el principal culpable de haber desatado aquella tragedia: Carlos Tejedor.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Archivo General de la Nación, Sección Roca.
Archivo General de la Nación, Fondo Los López.
Bernat, María Eva y Riquelme, Cynthia en Arqueología Histórica Argentina. Actas del Primer Congreso Nacional de Arqueología Histórica, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2002.
Camogli, Pablo, Batallas entre hermanos, Aguilar, Buenos Aires, 2009.
Diario La Nación, Buenos Aires, varias ediciones de 1880.
Diario La Prensa, Buenos Aires, varias ediciones de 1880.
Diario La Tribuna, Buenos Aires, varias ediciones de 1880.
Fantuzzi, Marcelo J., Fuerzas militares en la guerra civil de 1880, Legión Italiana Voluntarios de la Boca, Buenos Aires, 2010.
Luna, Félix, Soy Roca, Sudamericana, Buenos Aires, 2012.
Municipalidad de Buenos Aires, Memoria Municipal de 1880, Buenos Aires, 1881.
Periódico Le Monde Illustré, edición N° 1230, 24 de octubre de 1880, París, Francia.
Piñeiro, Alberto Gabriel, Las calles de Buenos Aires, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2003.
Rosa, José María, Historia Argentina, Tomo 8, Editorial Oriente S. A., Buenos Aires, 1974.
Ruiz Moreno, Isidoro J., Campañas Militares Argentinas, Tomo 5, Editorial Claridad S. A., Buenos Aires, 2012.
Sábato, Hilda, Buenos Aires en armas. La revolución de 1880, Siglo Veintiuno Editores Argentina S. A., Buenos Aires, 2008.
Semanario El Mosquito, Buenos Aires, varias ediciones de los meses de abril, mayo, junio y julio de 1880; y la del 19 de junio de 1881.
Semanario La Cotorra, Buenos Aires, varias ediciones de los meses de abril, mayo, junio y julio de 1880.

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