jueves, 19 de julio de 2012

HOMBRES ILUSTRADOS SE BUSCAN

















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La noche del 28 de agosto de 1821, el general Abrahán González se alzó en Tucumán contra el gobierno despótico de Bernabé Aráoz, derrocándolo. Al día siguiente, González fue proclamado gobernador; y la República del Tucumán, creada por Aráoz (ver mi artículo al respecto en este ENLACE) ya no existía. Inmediatamente, González circuló la novedad a los gobiernos de Buenos Aires y las demás provincias, al general San Martín y a O'Higgins. En ese contexto, y en respuesta a una anterior, le escribía el 29 de octubre de 1821 al gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez:

"Para que V. no extrañe que aquí no se adopte el sistema representativo como me insinúa en sus oficios, quiero decirle a V., que conoce el país, lo siguiente:
V. sabe que una representación diminuta, o es una facción o dista una línea de serlo, y creo que por este principio es que se ha sabiamente doblado la representación provincial de Buenos Aires; sabe V. también, que ella no puede subsistir; sino dotada o compuesta de hombres con comodidad, y espíritu público bien grande y sostenido de buenas luces. Supuesto esto, eche la vista sobre esta provincia y si separa al Dr. García asesor de Cabildo, al Dr. Paz, juez de alzadas, al Dr. Molina, que huye de todo asunto de esta clase, y al Dr. Perico Aráox, no encuentra V. más quienes formen el Cuerpo Representativo. Suponga V. que todos estos se allanaran a servir sin sueldo y reunirse ¿que serviría un cuerpo tan diminuto, y en qué es preciso callar circunstancias particulares de los individuos? Si en las otras clases hubiera medianas luces, espíritu público como en esa, yo estaría allanado; pues aún cuando estuviera lleno de ambición por este triste mando, sé como V. sabe que en América hasta pasados muchos años, los gobernantes con un poquito de política, harán de estos cuerpos lo que Augusto con el Senado y Enrique VIII con el Parlamento; pero V. conoce este país, y si me da media docena de hombres capaces del cargo, aunque muy buenos por otra parte, le agradeceré mucho el hallazgo. Esto y no otra es la causa de no entrar en ello. (...)" (*)
(sic) (la bastardilla es del original)

(*) Original en A. G. N., X-5-10-5, Tucumán, 1820/33)

Como se desprende del texto, Martín Rodríguez, gobernador por entonces de Buenos Aires, debe de haberle escrito a Abrahán González al recibir la comunicación de éste enterándolo de que estaba en el gobierno de Tucumán; extrañándose de la ausencia de legislatura en la provincia y sugiriéndole su implementación.
Y como vemos, González le respondía que no debiera sorprenderlo, pues en Tucumán sólo había cuatro personas capacitadas para integrarla; en función de lo cual le parecía ridículo e inconducente formar una representación tan escasa numerariamente.
Y en efecto, como lo consigna González en su carta, una legislatura de cuatro diputados (y eso suponiendo que aquel "Dr. Molina que huye de todo asunto de esta clase" aceptara el cargo, y que el Perico Aráox mencionado, hiciera lo mismo (cosa improbable, porque el tal Perico"no era otro que Pedro Miguel Aráoz, pariente y mano derecha de Bernabé Aráoz, a quien González había derrocado) con certeza se constituiría en una facción.
Abrahán González era nacido en las Misiones y estando en la Banda Oriental, participó de la lucha contra los realistas, hasta la toma de Montevideo por las fuerzas patriotas. Luego siguió a Rondeau, integrado al Ejército Auxiliar del Perú. Estacionado éste en Tucumán, reducido a una guarnición al mando del coronel Arévalo; González sublevó la misma, derrocó al gobernador Mota Botello, a quien apresó junto a Arévalo, y pretendió hacer lo mismo con el general Belgrano, que se hallaba en Tucumán, ya gravemente enfermo. De resultas de ese movimiento, González hizo convocar a un cabildo abierto, el cual eligió gobernador al instigador principal de la sublevación, Bernabé Aráoz, que lo ascendió a teniente coronel. Posteriormente, al estallar el conflicto entre Tucumán y Salta, Aráoz puso a González al frente de la caballería del ejército que derrotaría al de los salteños en la batalla de Marlopa, y como consecuencia de su desempeño, lo ascendió a general. Disconforme con el manejo y los procederes de Aráoz en el gobierno, Abrahán González lo derrocó la noche del 28 de agosto de 1821 y asumió el gobierno al día siguiente. Pero por pocos meses, ya que no pudo sostenerse y a principios de 1822 la poderosa familia Aráoz lo desplazó. Tras su caída, González abandonó la política y terminó sus días en la provincia de Buenos Aires, administrando un campo de su propiedad.
Nótese que González poseía cierto grado de cultura, lo cual se evidencia a través de las citas de la historia romana (el emperador Augusto con el Senado) e inglesa (Enrique VIII con el Parlamento) del párrafo extraído de su carta, y también de otros oficios suyos, en los cuales campean menciones de los clásicos.
Pero más allá de González, los Aráoz y Martín Rodríguez, y de una simple correspondencia intercambiada entre dos gobernadores; me interesa remarcar el detalle que cita González: No había en Tucumán, -y a fines de 1821, eh; no ya al principio de la revolución- más que cuatro personas letradas capaces de desempeñarse en una legislatura, y encima, de las cuatro, sólo podía contarse de fijo con dos, y a las otras dos, en circunstancias normales no cabría considerarlas; ya que el Dr. Molina que huye de todo asunto de esta clase no quería saber nada con la política; y el otro, el Dr. Perico Araóx, era el cura de la catedral, o sea que para conformar una representación, había que sacarle el cura a la catedral.
Y esto no se daba sólo en Tucumán: Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Chichas, Mizque, Mendoza, San Juan y San Luis adolecían del mismo problema. Sólo Buenos Aires, Charcas y Córdoba (que había enviado diputados -única en hacerlo- a ambos congresos independentistas) escapaban a la regla general. En cuanto a las provincias nucleadas en los Pueblos Libres (ya extinguidos para la fecha de la carta de Abrahán González), la situación no variaba mayormente: tanto la Banda Oriental como así también Corrientes, las Misiones, Santa Fe y Entre Ríos, no se caracterizaban precisamente por la abundancia de ilustración que en ellas había.
Avancemos en la historia hasta 1834: en ese extraordinario documento político que conocemos como Carta de la Hacienda de Figueroa, un perspicaz Juan Manuel de Rosas le escribía el 20 de diciembre de ese año a Juan Facundo Quiroga:  

"(...) ¿Habremos de entregar la administración general a ignorantes, aspirantes, unitarios, y a toda clase de bichos? ¿No vimos que la constelación de sabios no encontró más hombre para el Gobierno general que a don Bernardino Rivadavia, y que éste no pudo organizar su Ministerio sino quitándole el cura a la Catedral (nota mía: Rosas se refería a Julián Segundo de Agüero), y haciendo venir de San Juan al Dr. Lingotes (nota mía: Rosas mencionaba el apodo que le habían puesto a Salvador María del Carril, por su "idea" de pagar las deudas en metálico) para el Ministerio de Hacienda, que entendía de este ramo lo mismo que un ciego de nacimiento entiende de astronomía? (...)"



Y estamos hablando de... ¡13 años después!, sin que la situación hubiese variado.
El logro de hacer nacer una patria en semejantes condiciones aumenta aún más, si cabe, la gloria del general Belgrano; y también -en otra "vereda" ideológica y metodológica- la del general Artigas.
Belgrano, el verdadero Padre del Aula, con su infatigable prédica en favor de la educación, demostrada también en lo tangible, en los hechos concretos; y Artigas, con su recordado y sostenido "seamos ilustrados y valientes", nos mostraban el camino, único posible de recorrer para forjar la grandeza de una nación: la ilustración de sus ciudadanos.
Y en pos de la ansiada ilustración estamos, o por lo menos, decimos que estamos... ¿Estaremos?