lunes, 18 de noviembre de 2013

LOS TRAIDORES QUE ECHÓ EL GENERAL. PRIMERA PARTE
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Ha pasado la hora de gritar Perón; ha llegado la de defenderlo." (Juan Domingo Perón, Mensaje Presidencial del 20.01.1974)

 Los hechos que voy a narrar a continuación, me fueron referidos de primera mano, a la semana de haber acaecido, por uno de los protagonistas principalísimos de los mismos: el señor -o mejor escrito, SEÑOR, así con mayúsculas- escribano Ferdinando Pedrini -Fernando (Ferdinando es Fernando en italiano) o el Flaco, para los amigos-, quien fue hombre de toda la confianza de Perón y que era a la sazón por esa época presidente del Bloque Justicialista de la Cámara de Diputados de la Nación; que fuera luego designado interventor en la provincia de Salta y que tuvo la enorme deferencia -la cual nunca dejaré de agradecerle y por eso honro su memoria cada vez que tengo oportunidad de hacerlo- de conceder su amistad -él, que tenía una larga trayectoria al servicio del peronismo y que era por derecho y merecimientos propios una de las primerísimas figuras políticas del país- a un mocoso don nadie que aún no había cumplido los 18 años como era yo por entonces (mocoso, muy a mi pesar y con casi 58 por el lomo, ya no lo soy; don nadie... eso sí, lo sigo siendo).

 

Voy, pues, a contarlos tan fielmente como me fueron transmitidos, luego de algunas consideraciones previas de modo de refrescar la memoria de algunos "olvidadizos" empeñados en la construcción de un relato mentiroso, falso de toda falsedad. Y muy especialmente, la de dos sujetos en particular, de los cuales daré sólo sus iniciales: José Pablo Feinmann son las de uno y Horacio González las del otro.
El 21 de junio de 1973, tras los desgraciados hechos de Ezeiza, Perón había dicho: “Cada argentino, piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en seguridad y pacíficamente. El Gobierno tiene la insoslayable obligación de asegurarlo. Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia detesta". Hubieron, lamentablemente, quienes prestaron oídos sordos y la escalada de violencia, apañada y alentada desde el gobierno de Cámpora, iba in crescendo.
Y después, ya producida el 13 de julio la renuncia de aquel mediocre pusilánime bueno para nada, el General diría el 21 de setiembre, un par de días antes de las elecciones que lo consagrarían presidente de los argentinos por tercera vez: “Es preciso también que la juventud se persuada de que la lucha activa ha terminado y que comienza otra lucha no menos importante por la reconstrucción y la liberación de la patria, en la que hay que llegar a la unidad nacional cohesionada con una solidaridad de todos los argentinos que sea garantía de una paz indispensable para la reconstrucción".
Le contestaron cuatro días más tarde, a dos de haber sido plebiscitado con el 62% de los votos, con el asesinato alevoso del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, y trascartón; con una clarinada de guerra: el anuncio poco después, más precisamente, el 12 de octubre -¡justo el día en que el General asumía la presidencia!-, de la fusión entre Montoneros y FAR (que ya venían actuando en conjunto -o más bien, en complicidad-, dicho sea de paso y por más que ahora se empeñen en negarlo para eludir en la justicia las consecuencias de sus crímenes) en una sola y tenebrosa organización. 
Al delirante vanguardismo  "de izquierda", ese que quería la "patria socialista", con su demencial violencia; se le opuso la locura no menor de la violencia "de derecha": las dos caras de una misma y ruin moneda. Y el país todo fue coto de caza de esos dos bandos (o más apropiadamente, bandas). Y al calor asfixiante y opresivo del fuego que se cruzaban, se iba incubando el huevo de la serpiente.
Perón percibió claramente las implicancias del desafío que le hacían las organizaciones guerrilleras, y recogió el guante: pocos días después del anuncio de fusión de éstas, dispuso que se girara al Congreso para su tratamiento, un proyecto de ley propiciando la introducción de reformas en el Código Penal, más precisamente en la configuración del delito de asociación ilícita y aumentando las penas para el mismo y también para el de tenencia de armas de guerra. 
En la noche del sábado 19 de enero de 1974, la guerrilla trotskista del ERP, con la planificación de su líder Roberto Santucho y  la dirección de Enrique Gorriarán Merlo, produjo un ataque e intento de copamiento a los cuarteles de Azul, provincia de Buenos Aires, asiento del Regimiento 10 de Caballería Blindada y del Grupo 1 de Artillería Blindada, durante el cual fueron asesinados el conscripto Daniel González, el jefe de la guarnición, coronel Camilo Gay y la esposa de éste, Hilda Casaux; y secuestrado el teniente coronel Jorge Ibarzábal  (que sería muerto por sus captores diez meses después). 
En la mañana del domingo 20 muy temprano, ni bien anoticiado del suceso, Perón pidió estar solo para trazar el curso de acción a seguir. Al rato, requirió la presencia del secretario general de la Presidencia, doctor Vicente Solano Lima, y llamó a reunión de gabinete, ampliada con la presencia de Isabel, el secretario militar de la Presidencia, los comandantes de las tres armas, el jefe de la Casa Militar y el jefe de la SIDE. Llegado el mediodía pidió que lo comunicaran telefónicamente con el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri. "Lastiri, ¿qué pasa con el proyecto de reforma del Código Penal que envié? ¡Necesitamos esa herramienta!". "Verá, General, según me manifestara el presidente del bloque, compañero Pedrini; existe reticencia por parte del algunos...", empezó a responder Lastiri. Perón cortó y ordenó: "Pónganme al teléfono con Pedrini". A todo esto, el Flaco había sido invitado a almorzar en casa de su amigo y socio Fernando Mitjans (que era el escribano personal de Perón y que poco después sería nombrado interventor en la AFA). Allí lo ubicaron. Puesto al habla con el General, éste le repitió la pregunta que le había formulado antes a Lastiri. "General, el bloque ya se ha expedido y el proyecto está listo para ser tratado en el recinto; pero esperaba poder reunirme con usted a fin de interiorizarlo sobre las objeciones al mismo que existen por parte de los compañeros diputados de la Tendencia". "Muy bien, lo espero aquí mañana a las 7. Adiós.", dijo Perón. Por la tarde, escribió el mensaje que esa noche a las 21 hs. daría al país todo, y que sería transmitido en directo por cadena nacional.
Se lo vería por TV, en su uniforme de teniente general, serio, adusto, demacrado, con gesto tan grave como graves eran las circunstancias.

 

"Me dirijo a ·todos los argentinos frente al bochornoso hecho que acaba de ocurrir en la Provincia de Buenos Aires en la localidad de Azul, en el Regimiento de Tiradores Blindados C 10, donde una partida de asaltantes terroristas realizara un golpe de mano, mediante el cual asesinaron al jefe de la unidad, coronel don Camilo Gay y a su señora esposa, y luego de matar alevosamente a soldados y herir a un oficial y suboficial, huyeron llevando como rehén al teniente coronel lbarzábal.
Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad y audacia de los grupos terroristas que vienen operando en la Provincia de Buenos Aires ante la evidente desaprensión de sus autoridades.
El Gobierno del Pueblo, respetuoso de la Constitución y la ley, hasta hoy ha venido observando una conducta retenida frente a esos desbordes guerrilleros que nada puede justificar en la situación que vive la República.
Tampoco desde nuestro Movimiento hemos querido producir un enfrentamiento, desde que anhelamos la paz y propendemos a la unión y solidaridad de todos los argentinos, hoy ocupados en la Reconstrucción y Liberación Nacional.
Pero todo tiene su límite. Tolerar por más tiempo hechos como el ocurrido en Azul, donde se ataca una institución nacional con los más aleves procedimientos, está demostrando palmariamente que estamos en presencia de verdaderos enemigos de la Patria, organizados para luchar en fuerza contra el Estado, al que a la vez infiltran con aviesos fines insurreccionales.
Nuestro Ejército, como el resto de las Fuerzas Armadas, que han demostrado su acatamiento a la Constitución y a la ley en provecho de una institucionalización, no merecen sino el agradecimiento del pueblo argentino que, frente a .lo ocurrido, debe sentirse herido en lo más profundo de sus sentimientos patrióticos.
Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneas, ataca al Estado y a sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la Reconstrucción y la Liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúan mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.
En consecuencia, ni el Gobierno, que ha recibido un mandato popular claro y plebiscitario, ni el pueblo argentino, que ha demostrado con creces su deseo de pacificación y liberación, pueden permanecer inermes ante estos ataques abiertos a su decisión soberana, ni tolerar el abierto desafío a su autoridad, que pone en peligro la seguridad de la ciudadanía, cada día expuesta a la acción criminal de esta banda de asaltantes.
No es por casualidad que estas acciones se produzcan en determinadas jurisdicciones. Es indudable que ello obedece a una impunidad que la desaprensión e incapacidad hacen posible, o lo que sería aún peor, si mediara, como se sospecha, una tolerancia culposa.
En consecuencia, el Gobierno nacional, en cumplimiento de su deber indeclinable tomará de hoy en más las medidas pertinentes para atacar el mal en sus raíces, echando mano a todo el poder de su autoridad y movilizando todos los medios necesarios. El Movimiento Nacional Justicialista movilizará asimismo sus efectivo s para ponerlos d ecididamente al servicio del orden y colaborar estrechamente con las autoridades empeñadas en mantenerlo.
Pido, asimismo, a todas las fuerzas políticas y al Pueblo en general, que tomen partido activo en la defensa de la República, que es la afectada en las actuales circunstancias.
Ya no se trata de contiendas políticas parciales, sino de poner coto a la acción disolvente y criminal que atenta contra la existencia misma de la Patria y sus instituciones, que es preciso destruir antes de que nuestra debilidad produzca males que pueden llegar a ser irreparables en el futuro.
Pido igualmente a los compañeros trabajadores una participación activa en la labor defensiva de sus organizaciones que tanto ha costado llevarlas al clima magnífico de su actual funcionamiento. Esas organizaciones son también objeto de la mirada codiciosa de estos elementos, muchas veces disfrazados de dirigentes. Cada trabajador tiene un poco de responsabilidad en esa defensa, y espero confiado porque los conozco, que .las sabrán defender como lo han hecho en todas las ocasiones.
El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una Patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar. Sin ello, ni la Reconstrucción Nacional ni la Liberación serán posibles. Yo he aceptado el Gobierno como un sacrificio patriótico porque he pensado que podría ser útil a la República. Si un día llegara a persuadirme de que el Pueblo argentino no me acompaña en ese sacrificio, no permanecería un solo día en el Gobierno. Entre las pruebas que he de imponer al Pueblo, está esta lucha. Será pues, la actitud de todos la que impondrá mi futura conducta. Ha pasado la hora de gritar Perón; ha llegado la de defenderlo." (sic)


Como puede inferirse clara y fácilmente, lo de "los grupos terroristas que vienen operando en la Provincia de Buenos Aires ante la evidente desaprensión de sus autoridades y lo de "No es por casualidad que estas acciones se produzcan en determinadas jurisdicciones. Es indudable que ello obedece a una impunidad que la desaprensión e incapacidad hacen posible, o lo que sería aún peor, si mediara, como se sospecha, una tolerancia culposa", eran alusiones directas al gobernador de Buenos Aires, Oscar Bidegain, a quien se lo reputaba como estrechamente vinculado con la Tendencia, y cuya renuncia sería forzada dos días más tarde.
En compañía de su esposa y vicepresidente de la Nación, María Estela Mártínez; el comandante en jefe del Ejército, general Leandro Anaya y el jefe del Regimiento de Granaderos, coronel Jorge Sosa Molina, Perón se dirigió al velatorio del coronel Gay.



Continuará