viernes, 21 de marzo de 2025

ARTIGAS POR DEMERSAY







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En la imagen que oficia de portada vemos un dibujo a la carbonilla hecho por el médico y naturalista francés Alfred Demersay, quien llegó al Paraguay en 1845 (casi todos los historiadores consignan 1844, pero se trata de un error, ya que si bien embarcó en Francia ese año; recién arribó a Asunción en los primeros meses del siguiente).
En fecha no precisada de 1847, visitó a Artigas (quien por esa época tenía entre 82 y 83 años) en Ibiray, y lo dibujó, siendo ese el único retrato del Jefe de los Orientales en vida y tomado del natural que existe. En él, Artigas aparece mostrado de perfil, sentado en una silla, está calvo en la parte superior de la cabeza, por sus labios apretados en una línea se lo percibe inequívocamente desdentado, tiene el cuerpo cubierto por un poncho y empuña un bastón.
Están fuera de discusión la aptitud y la habilidad de Demersay para el dibujo, lo cual se acredita a partir de la comparación de los retratos por él realizados, con los hechos por otros artistas, y también con daguerrotipos y fotografías de los distintos personajes que representó: Juan Manuel de Rosas, Carlos Antonio López y Aimé Bonpland, entre otros; por lo cual no cabe dudar que, en efecto, en cuanto a su fisonomía Artigas era realmente como él lo dibujó.
Vuelto a Francia, Demersay editó en París entre 1860 y 1864, su obra Histoire physique, économique et politique du Paraguay, acompañada de un atlas integrado por dos mapas y catorce láminas impresas con dibujos de su propia autoría, entre los cuales estaba el de Artigas con la reproducción de su firma (la de Artigas, quiero decir) al pie.
Pero la visión que Demersay tenía de Artigas (y que de hecho, volcó en su libro) era franca y absolutamente negativa, en tanto lo describe como un malhechor y el retrato que hizo obedecía a la intención de encontrar en él los rasgos que definirían su tipología delictiva según las creencias científico-criminológicas en boga por entonces. Y si no, veamos lo que escribió: 
“(…) Artigas, jefe de salteadores de la más formidable especie -por cuanto se servía de la política como máscara y pretexto para sus latrocinios- (…) batido y perseguido (…) halló un refugio en el Paraguay (…) en la villa de Curuguaty (…) pasó muchos años en ese retiro entregado a los trabajos agrícolas. Después (…) le fue permitido residir en los alrededores de Asunción. Fue allí que nos lo encontramos, viviendo, como él mismo lo confesara, de las limosnas del presidente López, habitando en Ibiray en una de sus casas, todavía derecho y vigoroso a pesar de su edad avanzada. Él falleció en este lugar en 1850. Véase en el Atlas el retrato dibujado del natural de ese jefe de partisanos cuyas crueldades han tornado célebre (…)”.
Así las cosas, tenemos que el único retrato que hay de Artigas tomado del modelo natural es fidedigno, sí, pero sólo en cuanto refiere a su apariencia exterior; mientras que para su retrato verdadero, habrá que parafrasear a Borges: “Sólo Dios puede saber / la laya fiel de aquel hombre”. 
El problema es que Borges, ironías del destino... también era anti artiguista.
En fin…

-Juan Carlos Serqueiros-

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