sábado, 29 de julio de 2017

PSICOPATOLOGÍA CONTABLE DE LA VIDA COTIDIANA (CON EL PERDÓN DE FREUD)
















Escribe: Lic. Gabriela Borraccetti


De a poco nos vamos acostumbrando a utilizar el lenguaje de otras ciencias para definir asuntos humanos. Es notorio como vamos des-sensibilizando al amor, los vínculos, las relaciones, torciendo y trastocando las expresiones del alma humana por terminología financiera, contable y llena de gestos de toma y daca que inyectan un montón de basura psíquica y que convierte la vincularidad y el ser en una operación comercial o estética.
Entre las palabras o frases que van a la palestra, tenemos a las siguientes estrellas de la nueva psicología light:

NEGOCIAR: es  una transacción entre dos personas que tienen diferencias. Yo te doy, tú me das a cambio. Cedo en esto y prometo no molestarte en aquello y lo que falta en el medio es un escribano público que selle las actas de compromiso.

INVERTIR TIEMPO: una forma helada de decir que tenemos que hacer un depósito medido en minutos, horas, días o como a usted le convenga mejor en el plazo fijo de su vida, como ejercicio contable que redituará en un beneficio que se supone afectivo.

COSTO DE LA RELACIÓN: se ha reemplazado el valor por costo y el costo puede ser en efectivo o en cuotas. Antes de admitir que se ha hartado, cansado, equivocado, se trata a la relación como a un objeto que se ha desgastado. No podemos utilizar mejores palabras como rutina,  acostumbramiento, conocimiento mutuo, ni seguridad, no; es costo. El de habernos conocido. 

ZONA DE CONFORT: Proveniente del diseño de interiores, la arquitectura y otros cálculos, esta frase se ha transformado en la etiqueta mágica y  marketinera  que define no solo nuestras pocas ganas de cambiar aquello que no tenemos ni media intención de cambiar, sino que obtura con esta fácil explicación, la búsqueda de lo que somos inconscientes de tener que cambiar por nuestro bien. Por lo general, las zonas de confort suelen ser, -contrariamente a lo que se aplica-, aquellas cosas, situaciones o personas que nos estancan y no a lo que otro nos da como causa del estancamiento. La "zona de confort" es lo que hemos hecho carne, se ha vuelto inconsciente y nos daña; pero como todo lo inconsciente, nos atrae como un imán porque del lado de afuera se nos presenta el desafío de lo nuevo y lo que no conocemos.  Aún así, se utiliza esta nueva dimensión arquitectónica, para adjetivar como "confortable" a PERSONAS con las que no tenemos que luchar ni lidiar para conseguir algo.
Sepa que es  algo espectacular para alimentar síntomas histéricos, que más allá de lo despectivo que suene el término "histeria"; si de algo se alimenta, es justamente del deseo insatisfecho, Si todo lo tengo, no encuentro motivo de que quejarme, y sin queja no hay nada que desear. Y aquí es cuando empieza a confundirse lo que es el amor con lo que es el deseo. Para otro capítulo, pero que quede claro que esta es una escultura diseñada especialmente para este tipo de neurosis.
Un consejo: si no quieres la rutina, si quieres vivir de emoción en emoción, si no quieres alguien con quien estar en una zona confortable, ve a buscar a tu amante en la punta del Everest!. Pero si quieres separarte de verdad, llama a eso por su nombre: ya no te amo.

PRECIO DE AMAR: Si bien esta metáfora parece el título de un teleteatro; nos sugiere que amar se paga caro, y si no es caro, no es amor. TIENE QUE DOLER. Esta acepción contable es hermana del costo de la relación. y reafirma que lo esperable no es crecer en la diferencia, ni sostenerse en la llanura de la zona del confort sino sufrir.

Y por hoy dejo aquí. Si quise dejar un pequeño resumen de cuanto estamos haciendo por poner ladrillos en nuestros pies, des-sensibilizarnos, y lanzarnos sin paracaídas al fondo de un mar de números en donde el alma no prospera. Seguimos entre el Ser y el Tener, y si seguimos por este camino, solo será tener para ser infelices.
Freud nos proteja!

Nota: El título se debe a un artículo que Freud tituló PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA, que muchos psicólogos debieran leer antes de adoptar un lenguaje cosificador del alma.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica