lunes, 15 de septiembre de 2014

EDUCACIÓN Y TRABAJO. LAS GRANDES CARENCIAS


























Escribe: Gabriela Borraccetti
 
-Dale, Marito ¡hacé los deberes!.
-Para qué, papá? Estoy cansado.
-Cansado de qué?
-De jugar
-Por eso. Ya jugaste, ahora hacé los deberes.
-Igual pasamos de grado todos, papá.
 
Diálogos que empezarán a repetirse entre aquellos que desean que sus hijos aprendan. Diálogos que ya no existen entre aquellos que, sin más, los “depositan” en la escuela.
Los maestros, todos con los que hablé, están hartos de su trabajo desde hace tiempo, y como si fuera poco; comienza a asomar en el horizonte que educar es casi sinónimo de tiranía. Todo el lenguaje se tuerce para disfrazar la realidad, y se llama “pobre” al ladrón, cuando éste no necesariamente delinque porque es pobre sino que jamás laboró (caso digno de mención son los politicastros, que no trabajan sino que lo que hacen son negociados).
Existen dos soportes culturales de base para encauzar la agresividad natural del hombre:  el trabajo y la educación; y se ha instituido como cáncer social la droga, que es la que echa nafta sobre estas dos carencias anteriores. Ya vamos por la segunda generación en el país que no conoce lo que es un trabajo estable: una, íntegra, que vivió del Estado a través de la dádiva y la prebenda en un marco de clientelismo politiquero disfrazado de asistencialismo; y la segunda, que sufre hoy los embates de personajes enquistados en los ministerios de educación que leen teorías extrañas o sacan las “suyas” de otras, no menos extrañas, y las aplican desconociendo la psicología de las masas.
Las "reformas educativas", tanto la instrumentada por el menemismo como esta que impulsa el kirchnerismo; nos dejan y dejarán con las orejas de burro puestas.
Y a quienes no se toman la "molestia" de hablar con docentes, les sugiero encarecidamente hacerlo, antes que leer a charlatanes que no pisan un aula ni por casualidad y la miran desde afuera. ¡Los pibes no comprenden lo que leen!
Por último, si tiene más de 40, hable con usted mismo y pregúntese cuándo vio antes el nivel de agresividad de estos tiempos a nivel familiar, vecinal, social y enla calle. ¿Sabe usted que los chicos de 15 años ignoran lo que significan las emociones?
Quienes estamos vivos ahora, llegamos a conocer de muy pequeños la violencia del Estado terrorista. Ahora entramos a conocer la violencia social, a punto tal que un boliche hoy por hoy, se transforma en una trampa de la que se puede no salir, o salir golpeado, engañado o secuestrado o muerto.
Lo que hay que corregir no pasa por aflojar todo lo que se llame cultura -y no me refiero a libros, sino a CULTURA; eso que hace que la libido no se desborde y nos permita convivir social y civilizadamente-. No se puede llamar tiranía a todo lo que exige un sistema de premios y reconvenciones.
Es necesario que esto exista si no queremos poner un pié en la vereda y que nos bajen de un tiro para sacarnos 50 pesos.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica