domingo, 31 de agosto de 2014

EL DESTINO QUE SE REPITE





















Escribe: Gabriela Borraccetti
 
Si algo te causa dolor, lo reprimes. Entonces, por un tiempo, llegas a olvidar incluso que ese algo haya existido.
Más tarde, si alguna dificultad se te plantea y te obstaculiza la felicidad; la relacionarás con un acontecimiento externo. Lo más probable es que con el transcurso de los años, la misma situación se te presente una y otra vez con distintos velos, como ser una repetición de frustraciones -sean amorosas, laborales, filiales o familiares-, dolores, fallos, desilusiones, etc. 
Allí comienzas a creer que es la fatalidad del destino la que se ha ensañado con tu vida, que el mundo está equivocado y que debe cambiar, y que dentro tuyo todo está muy claro, tan sólo porque afuera; está la oscuridad.
Al final, te encontrarás debiendo tomar una decisión de fondo, seguramente costosa, ya que aquello que enterraste para evitar un dolor; te lo siguió causando durante mucho más tiempo del que te hubiera gustado.
Siempre que uno queda atrapado en un síntoma, éste retorna con diferentes disfraces para que el dolor sea el que te obligue a decidir que ya no quieres ser más su súbdito, y buscas dentro de ti. Al modo de los antiguos rituales dedicados a los dioses, algo de ti termina siendo integrado, reconsiderado, purificado, blanqueado, conscientizado. Y ese dolor del "sacrificio" que nunca habías querido hacer (por temor, falsas creencias, culpas, prejuicios y juicios condenatorios), se convierte en el milagro del antes y el después en tu vida.
Animarse a ser uno no es fácil. Pero sin sacrificio, no hay redención por la cual pasar a tener un pasado; sin que el pasado te tenga a ti.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga clínica