lunes, 4 de marzo de 2013

LO QUE SABEMOS, LO QUE DESCONOCEMOS, por Lic. Gabriela Borraccetti



Escribe: Gabriela Borraccetti
 
Cuántas veces en la vida decimos "no sé". Y sin embargo, hay algo que siempre nos guía en favor de aquello que decimos desconocer. Solemos creer que nuestra ignorancia respecto de nosotros mismos es enorme, y quizá tengamos razón hasta cierto punto; pues lo que nos falta reconocer es que poseemos un saber que está inconsciente y que es eso lo que ignoramos. Ignoramos que sabemos; ya que después de todo, somos los únicos en poder avalar con la angustia, la negación o la aceptación; la interpretación de un analista. Solamente nosotros podemos comprender esa clase de "intuición" que nos lleva a elegir a un médico y no a otro; y también deberíamos estar seguros que no son casuales las elecciones de pareja, amigos, compañías y vínculos en general; aunque pretendamos desconocer a quienes estamos eligiendo.
Hay algo que está más allá de nuestra consciencia, que detecta en el otro aquello que podría mostrarnos que hemos heredado vínculos viciados; hay algo que parece un sensor cuando nos acercamos a personas que pueden dañarnos; hay algo que nos lleva por caminos a los cuales cerramos los ojos de la consciencia, porque estar todo el tiempo despiertos sería vivir en carne viva atentos al dolor.
Sin embargo, las vueltas que damos para negar una realidad, nos encuentra a la vuelta de la esquina. Elegimos en "piloto automático" y es el modo que tenemos de aprender, aunque sea por el camino más largo y sin percatarnos de que lo peor, nos sucede aún con nuestra complicidad inconsciente. Pero, ¿¿¿cómo???
Si tuviésemos la capacidad de conocer la real dimensión de nuestra percepción y nuestra memoria, nos asustaría y asombraría la cantidad de información que registramos en un minuto. Podemos estar mirando una vidriera, y sin darnos cuenta registrar lo que sucede detrás nuestro a través del cristal: qué auto tocó bocina, cuál estacionó mal y fue remolcado por la grúa, y qué canción venía escuchando el señor del auto blanco. Podríamos recordar hoy cómo olía la señora que pasó caminando detrás nuestro aquel día, y también recordaríamos la ropa y el detalle de un cuello arrugado del muchacho que acababa de ingresar al banco. En ese sector de nuestra mente, nada se olvida, nada escapa a nuestro sensor; pero semejante cantidad de información en tan poco tiempo, no podría almacenarse de golpe y ser recordada toda junta sin que nos estallara la cabeza.
Es por eso que "seleccionamos" lo que nos concierne, o al menos lo que creemos de nuestra incumbencia, dejando afuera el exceso o lo que produce ruido o saturación a nuestro sistema. Es en ese momento -en el de filtrar-, que quedan "borroneadas" muchas de las notas que, de reconocerlas como "peligrosas", amenazantes o nocivas; no serían bienvenidas a nuestro perímetro.
Sin embargo, dejamos pasar palabras, situaciones y personas, tan sólo por encontrarlas "familiares" y por ello "seguras", sin tener en cuenta que lo familiar, muchas veces está relacionado con Drácula, con la violencia, la manipulación, con el dolor, la impotencia o la denigración.
He allí nuestro máximo saber a pleno: detectar lo familiar en tan poco tiempo, es lo que por un lado, nos puede resguardar y llevar a sentir que estamos a salvo; pero por el otro, es también lo que nos quita la posibilidad de salir fácilmente de los escenarios del pasado por ser parte "natural" de nuestro entorno psíquico - social -experiencial desde el nacimiento. Grabamos todo en nuestra mente; nada queda excluído de nuestro reservorio mnémico; y sin embargo sólo una pequeña parte de la información accede a la consciencia. 
Quizá esto sirva como para empezar a pensar que existe un saber enorme por debajo de nuestro mundo visible; y que sin dudas, las respuestas que buscamos, están dentro de nosotros.
Llegar a ellas es un camino que se inicia en el momento en que estamos dispuestos a dejar de sufrir, buscando en ese momento a alguien que con su faro, nos acompañe y guíe el trayecto para adentrarnos en nuestra psique.
Revisar las memorias no es retroceder -como muchos dicen-, sino es tomar la decisión de querer avanzar soltando el dolor, las falsas creencias, los errores del pasado y los pecados de nuestros ancestros.
El paso se hace más ágil, una vez que se dejaron atrás las piedras que guardó nuestra alma; y un nuevo horizonte se hace allí, posible.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica