lunes, 5 de diciembre de 2011

EDIPO Y LA LUNA



Escribe: Gabriela Borraccetti

Por lo general, en astrología, se suelen dar configuraciones de planetas para definir, a modo de recetario, las propensiones a tener determinados rasgos de carácter; o la clase de desafíos por los cuales pondremos a prueba nuestras respuestas a la vida. En ese sentido, la práctica nos enseña que más allá de las fórmulas "pre-moldeadas", para evaluar que hace una persona con sus complejos, y entre ellos el de Edipo, no basta con ver simplemente si la Luna está muy afligida por Saturno o los transpersonales, o si existen oposiciones entre las casas X y IV, etc., etc. etc. Digamos para comenzar, que las interpretaciones irán de acuerdo al conocimiento que cada astrólogo tenga respecto al tema, y es por esto que considero importante aclarar que, mientras está popularizado que la instancia edípica se refiere al amor por el progenitor del sexo opuesto, mi punto de vista parte del postulado que indica que éste se da SIEMPRE CON LA MADRE; ya sea en el caso del hombre, como en el de la mujer; pues, lo que no hay que perder de vista, es que la madre es el primer objeto de amor de un ser humano para cualquiera de los dos sexos. Ninguno de nosotros, al momento de nacer, podemos tener consciencia de las diferencias sexuales anatómicas, y es por ello que aquel que cumpla la función de nutrición, contención y protección, se convertirá en el objeto de nuestra preferencia, en ese todo del que querremos ser eternamente el centro, y al que demandaremos con una exclusividad que, por cierto, no siempre estará asegurada, o simplemente..., no siempre se nos dará.
Partiendo de esta definición, quedará claro que considero que la Luna, es uno de los factores a observar... al igual que Saturno; sin embargo, bajo ningún punto de vista será lo único que debamos estudiar. Dicho esto, veamos un ejemplo de lo que es lo que sucede, cuando nos encontramos con gente que tiene mal atravesado su Edipo:
Suelen ser personas que se meten en triángulos no sólo amorosos, sino también amistosos, como modo inconsciente de conseguir sentirse los "favoritos de". Son seres que en forma casi constante, están buscando seducir para cautivar una mirada que ya tiene destinatario y preferencia, tal como antaño lo hacíamos, desde el momento en que descubrimos que no éramos el único motivo de felicidad de nuestra madre. Suelen ser también personas diestras para instigar indirectamente disputas, sembrando desconfianzas entre los miembros del par que se ha propuesto como foco; y con gran frecuencia, terminan por ser la típica persona que se ofrece como confident@, gustando de prodigar halagos que, no sólo no siente en modo alguno, sino que exagera con un fin determinado: manipular nuestro ego. Son entonces como niños que buscan llamar la atención; y para ello recurren a las acciones que les permitan fingir ingenuidad o fragilidad, hasta apelar a la mismísima lástima o conmiseración de sí; en algunos casos de forma inconsciente, y en otros, actuando deliberadamente por sed de un protagonismo que ha quedado frustrado desde siempre.
En otros casos, estos individuos suelen recurrir al humor o al doble sentido, buscando obtener con la risa o la sonrisa, eso que ellos consideran "aprobación".
Todas son tácticas que automáticamente se ponen en funcionamiento, para ganar, a su modo de ver, esa mirada que los haría sentir importantes y valiosos; tanto como siempre desearon ser de pequeños. Hay que destacar que, de lograrse el objetivo, y desarmarse el triángulo, quien busca ser el centro, pierde el interés en dicha relación, ya que, para sostener el deseo protagónico, debe haber algo / alguien, contra quien luchar por el trono. Cuando alguna situación dispara los sentimientos de envidia y venganza, es señal de que en esa situación, hay algún aspecto infantil e insatisfecho que evoca la expulsión de algún paraíso edénico. Es así como aparece la rabia competitiva movilizándose hacia aquel que, inconscientemente, considera "su progenitor rival", su expulsor, o la causa de haber perdido esa infinita adoración que quizá jamás tuvo, pero que aún desea conseguir.
Vale aquí aclarar, que no siempre la terceridad tendrá que relacionarse con personas, pues el trabajo o cualquier función en la que el progenitor haya depositado sus deseos, operará como el "tercero en discordia", causante de la separación de la díada edénica de "madre e hijo".
Para poner un ejemplo práctico y común, las personas chismosas y secretivas, -y aquellas bien dispuestas a hacer circular "versiones"-, son un fiel reflejo de lo que significa un Edipo mal tramitado, y que indefectiblemente, va a implicar a todas las energías de la carta natal.
Por ello, si alguna vez estás tentado de vengarte de alguien y echar a rodar algún dardo, real o fantaseado, fíjate bien qué parte tuya está aún dando alaridos de niño colérico. Seguramente allí, a partir de tu Luna, en donde almacenamos nuestros mecanismos más regresivos, podremos encontrar la raíz de algo que hoy puede afectar a todo tu mandala energético natal, incluyendo relaciones, entorno, autoasertividad, etc. 
No poder superar esa impotencia, implica pensar que el éxito sigue siendo aniquilar al competidor para ocupar su puesto, en lugar de saber forjar el propio espacio, de la mano de nuestra consciencia solar, que conoce de la escencia de nuestras verdaderas motivaciones.
Y si no, habrá que esperar un tránsito de Plutón, que elimina todo aquello que está caduco, que no nos deja crecer ni evolucionar hacia la individualidad sana o la tan deseada "iluminación".

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica