Hay cosas en la vida que parecieran no ser comparables, pero haremos el intento de dejar una imagen gráfica respecto del proceso que llevas a cabo cuando buscas algo que haga más satisfactoria tu jornada.
Por ejemplo, cuando eliges un libro: en el primer instante, miras la tapa, la contratapa, y si puedes, ojeas el prólogo. Quizá, si tienes un poco más de tiempo, buscas en la solapa algo que te dé indicios sobre su autor. Y con un poco de intuición, compras el ejemplar y te lo llevas a tu casa.
Con la tranquilidad que sólo encuentras en tu rincón preferido, como si fuese un ritual sagrado, vas descubriendo el mundo que desde la portada se abre ante tus ojos, y con la mirada expectante y feliz como la de un niño, lees los primeros renglones.
Por lo general, desde el comienzo sabes si te va a gustar aquella aventura, aquel relato, aquel estilo; y como si fuese una pareja que durará hasta el final de la lectura, llevas contigo el libro a donde sea que vayas.
Cuando elijas estar con alguien, puedes recordar los pasos que llevaste para elegir tu libro: presta atención a la primera impresión, siéntete dispuesta/o a disfrutar de la aventura del descubrimiento, y por sobre todo, no la/o elijas para toda la vida. La búsqueda de lo duradero suele tender trampas que provienen del miedo, contaminándolo todo con los fantasmas del temor, del fracaso y del aburrimiento; y ya sabes que a nadie le gustaría una de esas lecturas reiteradas de “siempre lo mismo”, que terminan abandonando el proceso por la mitad.
Por último, y como para diferenciar un objeto, de un ser que escribe sus propios renglones y libretos, tienes que tener presente que, a diferencia del libro; una persona no tiene una sola lectura sino miles, y si la primera que hiciste te ha gustado, es posible que intentes reiterarla una y otra vez, buscando esos significados que sólo se abren a quien sabe que ha encontrado una fuente de disfrute y significado.
Si este fuera el caso, es casi seguro que te encuentras frente a uno de esos seres que terminan siendo de cabecera y para toda la vida, pues alguien se convierte en importante para nosotros, no cuando pensamos en cuánto va a durar; sino cuando hallamos un ser significativo.
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

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