lunes, 28 de septiembre de 2026

DESEO Y PASIÓN











Escribe: Gabriela Borraccetti *

En tanto inconsciente, el deseo tiene que ver más con el motor de la vida; mientras que la pasión es la sal. Sin dudas, es bueno que algo nos apasione; pero lo que nos lleva a buscar… es el DESEO.
Tal como lo postula el psicoanálisis freudiano a partir de Lacan, el deseo es aquello que se torna, por definición, inconsciente, y que creemos o estamos convencidos de conocer.
Sin embargo, eso no es cierto; sólo vemos sus sombras. Y muchas veces nos volvemos sombras... precisamente por desconocerlo.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

martes, 22 de septiembre de 2026

JULIO A. ROCA SEGÚN LOS PROGRES


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No recuerdo a quién leí narrando esta anécdota. Creo (CREO, dije), que fue a Antonio Pérez Amuchástegui, pero no estoy seguro; la verdad es que no me acuerdo con la exactitud imprescindible para afirmarlo con certeza absoluta. Cuenta que un día, estaban en el puerto de Buenos Aires el por entonces presidente de la Nación, doctor Nicolás Avellaneda; y su ministro de Guerra, general Julio A. Roca, observando el desembarco de los inmigrantes:
—¡Qué lindo es verlos llegar! —exclamó Avellaneda.
—Sí, señor presidente, es lindo verlos llegar. El problema vendrá cuando a los hijos de éstos les toque gobernar el país —respondió Roca.
Lo que voy a escribir a continuación no es políticamente correcto, pero como no soy políticamente correcto y me importa tres belines no serlo; lo hago de todos modos: los ácratas mentirosos estilo Osvaldo Bayer y los "progres" (es decir, los pseudo progresistas, gente que propugna cualquier delirio menos el progreso bien entendido como tal) que le forman claque y se empeñan en denostar la figura histórica de Julio A. Roca, que quieren tirar abajo los monumentos erigidos en su homenaje y memoria, y que lo tildan de "genocida" y "vendepatria", saben de historia lo mismo que yo de física cuántica.
Cada quien es muy dueño de entender la historia como más adecuado le parezca y de adherir a la corriente de interpretación que quiera, o incluso de proponer una nueva, si así se le antojara; pero de lo que no es dueño, es de mentir, esto es, de falsificarla y manipularla.
El pelotudaje progre se pierde en "sesudas" especulaciones y pomposamente boquea a voz en cuello sobre los "pueblos originarios", mientras con encomio digno de mejor causa alucina con "soluciones" que tendrán la misma eficacia que los disparates que elucubra: nula. Paralelamente y para completarla (porque sabido es que los progres son expertos en todo, por más que no sepan un carajo de nada), abundan en descalificaciones y denuestos contra el "genocida" Roca y tildan de “infame” al perito Moreno —a quien presentan poco menos que como un antecesor de Josef Mengele—; todo mientras asisten extasiados a las idioteces del mitómano Bayer y la recua de burdéganos de similar laya, para terminar la función masturbándose con las “hazañas” del personaje de ficción con el cual divagan sus mentes calenturientas: “Arbolito”.
Los progres están convencidos de que la historia es un tribunal supremo de justicia póstuma (del cual desde luego, se consideran no sólo los jueces que lo integran; sino también los verdugos que ejecutarán la sentencia inapelable que han de pronunciar). Son "revisionistas" de cafetín —cuando no de café "biam", tipo La Biela— tan trastornados, mentirosos, dañinos y gravosos para la historiografía, como a su turno lo fueron los de la historia erigida en oficial después de Pavón y hasta la década de 1940.
Roca y el roquismo, con sus luces y sombras, méritos y deméritos, encarnaron precisamente lo contrario de lo que les imputan esos "progres", y significaron para nuestro país, en su época, en el contexto nacional y en el orden internacional vigente por entonces, el progreso (el verdadero, pretendo significar) y la “izquierda”; frente al conservadurismo mal entendido y la “derecha” que representaban Mitre y el mitrismo.

-Juan Carlos Serqueiros-


lunes, 14 de septiembre de 2026

LA FELICIDAD ES GRATUITA






































Escribe: Gabriela Borraccetti 

Si la tarde se está yendo y en el día no has hecho nada excepto repetir una jornada más, no te acuestes sin mirar tu jardín, la sombra de los árboles, las estrellas, el contorno de la luna, la oscuridad de tus pupilas…
O quizá, prefieras escuchar caer el chorro de agua que lava tus manos, los grillos, el murmullo del viento entre las hojas o cualquiera de esas cosas que dejas pasar de largo como si fueran poco para entusiasmar.
Si pierdes el asombro por lo cotidiano, de a poco vas creyendo que la única forma de pasar un día diferente es que salga a tu encuentro una varita mágica para transformar tu vida. Y eso… no es más que una ilusión que hemos comprado o que esperamos comprar cuando tengamos lo suficiente en la billetera.
¡Disfruta! La mayor parte de las cosas que hacen feliz a las personas son gratuitas. ¿O acaso crees que el amor por la vida se compra?
Ya tienes la respuesta.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

miércoles, 9 de septiembre de 2026

LUZ DE LUNA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Yo hago mis canciones como muñecas: desnudas. Y luego son los intérpretes quienes me las visten. (Álvaro Carrillo)

En la primera mitad de la década de 1940, el oaxaqueño Álvaro Genaro Carrillo Alarcón (n. 02.12.1919, San Juan Cacahuatepec – m. México D. F., 03.04.1969) compuso una canción enmarcada en el género huapango, la cual más de veinte años después, se convertiría en suceso musical: "Luz de luna".

LUZ DE LUNA
(Huapango)
Letra y música: Álvaro Carrillo

Yo quiero luz de luna
para mi noche triste,
para pensar Divina
la ilusión que me trajiste,
para sentirte mía
mía tú como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Yo siento tus amarras
como garfios como garras
que me ahogan en la playa
de la farra y del dolor.
Si llevo tus cadenas a rastras
en la noche callada,
que sea plenilunada,
azul como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Si ya no vuelves nunca,
provincianita mía,
a mi celda querida
que está triste y está fría,
que al menos tu recuerdo
ponga luz sobre mi bruma,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Detrás del tema hay una jugosa historia: Carrillo estudiaba para ingeniero agrónomo (de hecho, en 1949 se graduó como tal) en la Escuela Nacional de Agricultura (actualmente Universidad Autónoma Chapingo), institución que por entonces tenía un régimen militarizado. Siendo muy enamoradizo, un día conoció allí a una joven cuyo nombre de pila era Divina. Se trataba de la hermana de uno de sus condiscípulos, y Álvaro concertó con ella una cita para el fin de semana que se avecinaba, quedando ambos en que se reunirían en un sitio determinado de la ciudad de México (los estudiantes tenían permiso de salida sábados y domingos, y Chapingo dista sólo 29 kilómetros de la capital del país).
Pero ocurrió que el director de la ENA había organizado un ágape para ese mismo fin de semana, y sabedor de las dotes artísticas de Carrillo, le pidió a éste que sacrificara su permiso de salida a fin de actuar ante sus invitados. Como Carrillo se negó, alegando que tenía una cita; el director, muy enojado, ordenó su arresto y dispuso que lo encerraran en una celda, como castigo por su insubordinación. Entonces, frustrado y entristecido compuso, inspirado por la luna llena que veía a través del estrecho ventanuco de su encierro, una de sus más bellas canciones: “Luz de luna”.
Tras recibirse de ingeniero agrónomo especializado en irrigación y ya radicado en la ciudad de México, Álvaro Carrillo empezó a desempeñarse como tal en el Instituto Nacional del Maíz. Pero era esencialmente un artista y su vocación pasaba por la música. Sus extraordinarias aptitudes como autor y compositor le trajeron prestigio, fama y relaciones. Actuaba en funciones privadas para celebridades y políticos notables, y también en centros nocturnos de espectáculos y diversión. Así las cosas, el espaldarazo definitivo lo obtuvo en 1959 con su obra más difundida, esa que le traería reconocimiento internacional: “Sabor a mí”.
A todo esto, “Luz de luna”, pese a ser ya a fines de los 50 una canción muy popular y archiconocida en México; aún no había trascendido allende las fronteras, lo cual recién ocurriría en 1965, año en el cual la grabó Javier Solís —pero no como huapango, sino en el género bolero ranchero— para el sello CBS Columbia en el LP titulado “Y todavía te quiero”. 

Trascartón nomás, en 1966, la grabó el propio Carrillo para la discográfica RCA Camden en el LP "Álvaro Carrillo interpreta las canciones de Álvaro Carrillo".

Y fue en esas circunstancias que la cosa explotó: cientos de artistas, muchos de ellos consagrados en el mundo entero (Rocío Dúrcal, Armando Manzanero, Chavela Vargas, Luis Miguel, por ejemplo y entre otros) la versionaron, pero... qué querés que te diga... para mí, quienes más maravillosamente la interpretaron, son Los Altamirano. Escuchá:


Como se aprecia, Los Altamirano no se quedaron ni en el huapango ligero y bailable que había compuesto Carrillo ni en el bolero romántico característico en Solís; sino que convirtieron a "Luz de luna" en una novedosa creación a partir del arreglo de Mario Altamirano alterando ritmo y tempo, introduciendo coros y prescindiendo de todo atisbo de requinto, violín, trompeta, maracas y contrabajo; para situarse en un esquema que conjuga el clásico juego de voces entre la primera (José Muñoz —segunda guitarra—), la tercera y más alta (la del propio Mario —primera guitarra—) y la segunda y más baja (de Jesús Corazza —bombo—), con la re armonización adecuada para trascender lo que Carrillo había concebido como enunciación lírico musical de algo evocador, cuasi anecdótico, y que a su vez; Solís versionó como un bolero con mariachi, acariciante y nostálgico; transformándolo magistralmente en una sentida y conmovedora canción latinoamericana profundamente expresiva de lamento, pena y melancolía. Y por eso, precisamente, el epígrafe que elegí.
En cuanto a Álvaro y Divina, después de aquel brevísimo encuentro en la ENA en que quedaron citados, jamás volverían a verse, pues ella habitaba en un lejano pueblito y sólo estaría en la ciudad de México aquel fin de semana ("si ya no vuelves nunca / provincianita mía", reza la letra). Él falleció en la cúspide de su carrera artística, cuando contaba tan sólo 49 años, la tarde noche del 3 de abril de 1969, de resultas de un choque automovilístico en la autopista México-Cuernavaca. Ella murió en 2025, poco después de cumplir 100 años.
“Luz de luna” es, en síntesis, un hitazo. Una canción mágica. Nada más y nada menos que un… plenilunado instante de eternidad.

-Juan Carlos Serqueiros-


jueves, 3 de septiembre de 2026

EL GRAN BONETE




















Escribe: Gabriela Borraccetti 

En el juego del Gran Bonete, cuando uno se lo saca, alguien más lo coloca en su cabeza. 
Y así es la vida. Cuando dejamos de hacernos cargo de un problema, otro lo tiene; cuando dejamos de tener una emoción, otro la siente; cuando dejamos de recibir un naipe en la partida, otro lo recibe; cuando dejamos vacío un sitio, otro lo ocupa o queda vacío para siempre; pero nada vuelve a ser igual.
Es bueno recordar no sólo que no somos imprescindibles, sino que al corrernos de un lugar, las piezas se reacomodan nuevamente sin que el mundo se acabe, quizá con la sorpresa adicional de que alguien, en ese movimiento de correrse, haya acertado a poner sus pies en nuestros zapatos, tomando consciencia de que criticar desde afuera no es lo mismo que ver las cosas in situ y dándonos cuenta de que lo único que se desmoronó es el límite que vanamente nos habíamos impuesto para poder delegar en otro nuestro poder y decisión.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814