viernes, 30 de enero de 2026

LIC. GABRIELA BORRACCETTI. TERAPIA PSICOANALÍTICA ESTÉS DONDE ESTÉS




































Me llamo Gabriela Borraccetti y soy licenciada en Psicología por la Universidad John F. Kennedy. Con una muy extensa trayectoria profesional de más de treinta años, ejerzo como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad, y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales.
Soy argentina, nací, me formé y resido en Buenos Aires, pero también he vivido en otras ciudades, y el hecho de tener, al momento de mudarme de sitio, varios pacientes presenciales que deseaban seguir el tratamiento conmigo, me condujo a proseguir con mi trabajo a través de videoconferencia. Soy, pues, pionera en dicha modalidad de atención, la cual en breve lapso demostró ser ampliamente efectiva y exitosa.
El consultorio virtual ofrece varias ventajas a saber:

1. El confort de tu hogar
2. Evitar traslados y viajes
3. Un ambiente terapéutico idéntico al de consultorio presencial
4. Una calidad de atención que no se altera en absoluto por ser on line; al contrario (nadie se modifica por estar detrás de una pantalla, salvo que se confunda pantalla con careta).

Si necesitas atender aquellas cosas que les duelen a tu alma, atraviesas una crisis, o deseas salir de algún padecimiento, mejorar tu calidad de vida, dejar de vivir angustiado, trabajar con tus problemas en lugar de negarlos, tratar dificultades sexuales, de pareja, de relaciones en general, o simplemente no sabes hacia dónde dirigir tus pasos para estar contento de caminar sobre tus pies; has llegado al lugar adecuado y no hay más que probar esta forma moderna de hacer terapia, para confirmar que la internet no sólo es redes sociales, entretenimiento y diversión, sino que también puede ser una gran herramienta para el autodescubrimiento.
Los aparatos no tienen personalidad ni nos dirigen. Nosotros imprimimos nuestro sello a todo lo que hacemos, y poco importa si estamos a 3 metros o a 5.000 kilómetros. En mi consulta puede pasar de todo; menos que te vayas igual a como llegaste. Y ten por seguro que te irás sintiendo mejor, porque el click que haces en tu computador, también lo harás en tu mente.
Para contactarme, puedes enviarme un e-Mail o un Whatsapp, e intercambiaremos preguntas e información.
Y una vez que hayas decidido comenzar tu terapia on line, será preciso que abras una cuenta en Skype (o si usas Whatsapp y lo prefieres de ese modo, también podemos hacerlo por videollamada) y disponer de una PC de escritorio con cámara y parlantes, o una notebook o laptop, o una tablet, o un teléfono celular inteligente o SmartPhone, o un IPod, o cualquier elemento que admita conexión a internet. De ese modo, estaremos a un click de empezar.
Necesitarás tan sólo reservarte por una hora la habitación de tu hogar que más tranquilidad brinde, para disponerse a cerrar, por ese lapso, el ruido externo e ingresar en el territorio interno.
Por lo demás, lo que sigue es idéntico al modo presencial: acordaremos un día, un horario y un honorario, todo lo cual pasará a ser el “espacio” en que poder trabajar a partir del alma sin preocupaciones por el tráfico, los embotellamientos, los medios de transporte público, etc.
El pago de mis honorarios se abona: por depósito en o transferencia a, mi cuenta bancaria, si vives en Argentina; o por giro en Western Union o similares si vives en otros países.
Por una cuestión de calidad de atención y de excelencia profesional, no trabajo con obras sociales ni empresas de salud prepaga, ya que las limitaciones emergentes de los requisitos que imponen a sus afiliados y clientes, causan que las derivaciones no se realicen hacia el profesional más apto para el paciente; sino al psicólogo que les posibilite evitarse el costo de una terapia profunda. Cuando se trata con el inconsciente, no hay velocidad que pueda imprimirse al psiquismo, y cada paciente tiene un tiempo, una forma y un latido especial a respetar. Eso (sólo eso y ninguna otra cosa) es lo que va a graduar la duración del tratamiento.
Obviamente, cada pago que realices contará con la correspondiente factura, la cual recibirás por e-Mail, para que llegado el caso, la presentes ante tu obra social o empresa de salud prepaga si eres adherente a alguna de ellas, de manera que puedas acceder al reembolso total o parcial que dichas instituciones eventualmente reconozcan a sus afiliados y clientes.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

Whatsapp: +54 9 11 7629-9160 


lunes, 26 de enero de 2026

PORTEÑITAS
















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Comenzaré estipulando clara e inequívocamente que odio a los supermercados. Y diré aún más: lo mío pasa por lo que llamaríamos una cuestión de herencia familiar, ya que mi viejo toda su vida los consideró una de las grandes calamidades de la posmodernidad. Y de hecho, mi vieja murió a los 93 años sin haber puesto jamás un pie en ninguno de esos antros. Los Serqueiros siempre fuimos orgullosamente fieles al querido almacén del barrio.
No obstante; por odiosas "razones" de obligada economía familiar, hace unos días tuve que ir con Gabriela, mi esposa, a un supermercado. Cuando ya estábamos en la cola de cajas (yo, desde luego, con mi mejor cara de orto), prontos a pagar las compras que habíamos hecho; ta tan ta tan... ¿qué vi?: Porteñitas, aquellas deliciosas galletitas de Bagley cuyo recuerdo me remontó instantáneamente a mi niñez.  Así que obedeciendo a un irresponsable y maldito impulso, sin hesitar manoteé un paquete y lo agregué a lo que íbamos a llevar. 
Llegamos a casa y obviamente, lo primero que hice fue prepararme un mate cocido y disponerme a saborear mis Porteñitas, de modo de sacarme rápido la bronca de haber tenido que ir al puto supermercado. ¡Juanca pelotudo, mil veces pelotudo! Sólo a un iluso, a un tarado como yo, se le puede haber ocurrido que las Porteñitas seguían siendo como las que solía disfrutar hace sesenta o más años, cuando era un pibito. Estas de ahora son un asco, finitas como hostias, con gusto a cartón mezclado con soja y cubierto con un edulcorante artificial que andá a saber cuál mierda de veneno será...
Claro que la culpa de la estafa (las Porteñitas de hoy son literalmente eso: una estafa) no la tiene "la Bagley" (que dicho sea de paso, ya no es aquella vieja y querida Bagley sinónimo y garantía de calidad y satisfacción; sino una empresa más dentro de un inmenso conglomerado industrial oligopólico que se quedó con el prestigio de sus viejas marcas, tal como sucedió con las famosas firmas alimenticias que teníamos los argentinos además de Bagley, como por ejemplo, Canale, Terrabusi, LIA, etc.; todas ellas fueron absorbidas por grupos concentrados); sino que quien incurrió en tan imperdonable pecado no es otro que el inveterado imbécil que soy, por haberlas adquirido en un arranque de sentimentalismo barato. No hay caso conmigo, no aprendo más...
Alguien podría preguntarme: "Che, pero ¿qué tiene que ver el supermercado con que las Porteñitas hoy sean horribles?". Le respondería que TODO tiene que ver, porque ¿te lo imaginás a don Tito, el almacenero del barrio vendiendo semejante basura? Ni en pedo, los vecinos le armarían flor de quilombo y se quedaría sin clientes; esas mierdas las comercializan las grandes cadenas de supermercados. Y el público, la gente ( que cada día que pasa es un cachito más idiota e hija de puta), las compra. Y no te extrañe nada enterarte de que las cadenas de supermercados forman parte de las gigantescas corporaciones transnacionales que elaboran esas porquerías.
No digo "todo tiempo pasado fue mejor", pero convendrás conmigo en que la vida y los años nos van quitando cosas: el pelo, la agilidad, la pinta, la velocidad, el vigor y claro... las Porteñitas, que hoy se han berretizado hasta ser incomibles.
Conchaesumadre.

-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 20 de enero de 2026

LA TRAGEDIA GRIEGA Y LAS MÁSCARAS EN CASA
















Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

Cuando hablamos de fidelidad y felicidad, solemos referirlas a lo externo. El afuera nos hace de metro patrón, y comenzamos desde temprano a ajustar a sus requerimientos las medidas de nuestro deseo.
"Yo quiero hacer tal cosa, pero a Fulana o Mengano le vendría bien o le gustaría que yo hiciera tal o cual otra, y modifiqué un poco de acá y otro poco de allá... porque...". Y así seguimos hasta que nos deformamos de tal manera, que quedamos irreconocibles, y todo para poder caber en un traje que nos chinga, nos queda ajustado, corto o descentrado, y que definitivamente no es ni se parece remotamente al nuestro.
Como nos preocupa que nos mientan, que nos hagan el vacío, que se olviden de nosotros, que no nos escuchen, que no nos reconozcan, que no nos aplaudan, que no nos acepten, que nos rechacen, que nos corran de lugar y todo aquello que implique quedar fuera del radio de aceptación de las personas; terminamos por convertirnos en alguien que ha quedado tan lejos de su centro, que en el único lugar en el que nos reconocemos, es en el espejo. Y no podía ser de otra manera, porque el espejo, también está ahí fuera.
La palabra infante significa indefenso, y es exactamente esa la situación en la que nos hallamos cuando desde el inicio nuestros mensajes y gestos dependen de lo que mamá decodifique y llegue a intuir en ellos. Quizá tuvimos hambre y nos llevaron al médico, quizá tuvimos frío y nos desabrigaron más, o tal vez estábamos furiosos por un dolor de panza y nos dieron de comer, hasta que adoptamos estas interpretaciones ajenas como necesidades propias, siendo estos los primeros escalones subidos en la carrera que implica el encuentro con quienes realmente somos.
Detrás de ese instante en el que es absolutamente necesario que alguien nos haga de voz y de piernas en el mundo, existen una infinidad de instantes en los que a pesar de poder hablar y caminar, conservamos el modelo que nos enseñó a acomodarnos a las señales externas, y poco a poco sin que nos demos cuenta, terminamos por adaptarnos a lo que otro dice, enuncia, requiere o interpreta acerca de nosotros y de quienes deberíamos ser. Y claro... llega un momento en que quedamos tan lejos de nuestra esencia, que junto con ello se nos escapa la definición de felicidad.
Perder el centro es adoptar uno que no nos pertenece, y vivir descentrados no pareciera otorgar ni dicha ni plenitud, ni un sentimiento de saber quiénes somos, ni sobre los pies de quiénes estamos parados.
El camino no es fácil, pero para recobrar el sentido de la propia existencia es necesario registrar qué sucede cuando nos vemos frente a una decisión o una elección. El grado de malestar, de comodidad o disgusto que percibimos ante los requerimientos, es un buen termómetro como para saber cuánto vamos a traicionarnos... otra vez.
Y vendrá bien recordar que ya no somos indefensos infantes, sino que tenemos voz, tenemos voto, y por sobre todo; queremos el traje que está hecho a nuestra medida.
¿El costo? Puede ser un poco de soledad al principio, para luego comenzar a reconstruir un centro a cuya luz, se acercan sólo los que la ven hermosa.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

miércoles, 14 de enero de 2026

VERSOS DE LUNA EN CÁNCER
















VERSOS DE LUNA EN CÁNCER
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

En un trapecio de arpegios
Y encaramado a mis sueños
En procura de la luna
Me hice alarido y anhelo
Al mandato del inconsciente
Obedecí sin dudarlo
Fue mi brújula la intuición
Mi gobernalle el deseo
Son emociones trenzadas
Las cuerdas de mi guitarra
Y mis rotas ilusiones
Son un triste pentagrama
Más nunca dejé que el miedo
Pusiera piedras en mi sendero
Y así ganando la altura
Mi pobre alma de bohemio
Desangraba en pos de un beso
Que a fuerza de ser negado
Se hizo grito de silencio
Las crudas noches de invierno
Mis palabras fueron helando
Mudas de desconsuelo
Pero trepando siempre trepando
Llanto silente de mis ojos
Ausencias y desencantos
De la angustia el socavón
Y de la cumbre el engaño
Así llegando y partiendo
Mil auroras me encontraron
Cortando las ligazones
Echando rejas abajo
Hasta elegir la felicidad
Para dormirme en sus brazos.

-Juan Carlos Serqueiros-


miércoles, 7 de enero de 2026

NUEVO MUNDO SIN PUNTO


NUEVO MUNDO SIN PUNTO
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Mis frases jugaron al fin con las tuyas
Vistiendo de prólogo a tu último epílogo
Conjugando perfecto en tiempo presente
El regular amar para nunca partir

Huyeron fantasmas de verbos vencidos
Durmiendo en un libro de viejos hastíos
Quitamos el polvo de frases gastadas
Por aburrimiento grabado en la piel

Escribiendo versos al bies del futuro
De estrofas perennes sin dejos ni olvidos
Con este temblor de exangüe tintero
Redacto un te quiero sin punto y seguido

Derrotados verbos y arcaísmos batidos
No tienen cabida en este Nuevo Mundo
Ocaso de penas y renacer desde un sismo
Es lo que hay en este Nuevo Mundo

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.como Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


viernes, 2 de enero de 2026

NOSTÁLGICO







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El alma permanece infantil en el pensamiento mágico y tiene muchas formas de manifestarse, de otro modo; no existirían la ilusión, la desilusión, la lealtad a lo que fue y los recortes de la realidad que llevamos a cabo para explicarnos aquello que necesitamos hacer coincidir con nuestro credo interno. (Gabriela Borraccetti)

No puedo sacarme de la cabeza esta frase de Lorenzo Silva en La reina sin espejo: "Hemos de resignarnos a la deslealtad de los lugares hacia el recuerdo que guardamos de ellos".
Es que discrepo con lo que enuncia. Para mí, los desleales no son los lugares (quiero decir, independientemente de los cambios que hayan experimentado debido al avance de eso que llamamos progreso). Más bien creo que somos nosotros los desleales con los lugares. Volvemos a ellos no por la expectativa de encontrarlos tal como eran y estaban cuando los dejamos; sino por la vana esperanza de retornar a un tiempo en que fuimos (o creemos haber sido) felices.
Así, la nostalgia que esperamos remediar revisitando los sitios en que hemos vivido, las casas que hemos habitado y las calles transitadas en el pasado, se troca en decepción. Y nuestra defensa natural es achacar la culpa a los lugares que "cambiaron"; cuando lo que en realidad varió, es nuestra mirada: la visión que ahora tenemos de todo ello ya no es la misma que tuvimos antes. Y entonces, nos equivocamos al buscar en la geografía aquello que pertenece a un tiempo irremisiblemente ido.
Ah, y me declaro culpable de eso yo también, eh, porque a pesar de que desde la reflexión, y bien meditado el asunto (Georgie Borges dixit), creo en lo que puse; de todos modos sigo siendo fácil presa del esplín, nostálgico y propenso a la añoranza.

-Juan Carlos Serqueiros-