Algunas veces, se dedica toda una vida a comprender, a ir más allá de lo que da la capacidad de tolerar, aguantar y soportar. Se excede del tamaño de sus tajos, heridas y punzadas, y se recorre un camino escarpado en el que no nos demoraríamos un segundo si de por medio, ese algo que olvidar no nos dejara con culpa, con miedo o con temor.
Las más engorrosas, claro, suelen ser figuras de autoridad, tradicionales o parentales, puesto que son las primeras que nos instauran el miedo como modo de respetar y amar.
Pero si nos diésemos cuenta de que en muchos casos estamos amenazados para tener que dar lo que naturalmente debe fluir; no tendría que haber dificultad en dejar de intentar el amor donde hay una amenaza; porque amor y amenaza son mutuamente excluyentes.
Allí donde hay una serpiente dispuesta a atacar, no hay nombres ni parentescos; sólo hay un veneno que debemos aceptar para transformarlo en perdón y quizá en despedida.
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814
