Los cambios jamás se hacen optando por pasarnos a "la vereda de enfrente", ya que irse al extremo opuesto o la otra punta cuando algo se nos hace intolerable, es simplemente una reacción; algo que se hace "en contra de" o "por oposición a"; pero no por elección libre del alma.
Este actuar oponiéndonos a una situación, a una persona, a un grupo, o a una idea; describe una conducta cuyo distintivo es el girar en torno a un eje como tema central que define nuestra la vida. En esa situación, no hay nada que podamos decidir porque queremos (aunque no faltarán argumentos que expliquen una y mil veces, que somos muy diferentes de aquello de lo cual intentamos huir o tomar distancia); pero sí tendremos argumentos para fundamentar que hemos elegido tal camino, gracias a una cantidad de "causas" que nos han motivado. Cuando las "causas" (y no las naturales circunstancias) nos motivan a cambiar, en el fondo, podríamos encontrar que reproduciremos una situación similar al actuar empujados y no convencidos.
Es característico del "reaccionario" comportarse igual que aquellos a los que critica, y aunque parezca un ejemplo trillado, en las izquierdas y derechas políticas, más de una vez o casi siempre, no podremos distinguir quién es más o quién es menos autoritario a la hora de imponer sus ideas. Lo mismo sucede con los hijos que se quejan de padres severos, terminando en la adultez por seguir siendo idénticos a lo que siempre habían criticado, y repitiendo: "al final, los viejos tenían razón".
Este tipo de situaciones, describe que en lugar de habernos distinguido, nos hemos mantenido igual todo el tiempo; pues ser reaccionarios no es síntoma de flexibilidad ni de originalidad, y mucho menos de ser conscientes de la necesidad de cambiar, por el contrario; nos mantiene en un péndulo que, se encuentre en el polo en que se encuentre, oscila por la fuerza que le imprime el impulso y no la decisión que parte del equilibrio.
Los cambios reales se deciden y llevan a cabo desde el balance y la armonía. Y recuerda: el péndulo oscila, pero nunca se independiza del reloj que le marca el tiempo.
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

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