Cuántas veces me habrás juzgado mal. Cuántas veces te habrás sentado y estirado tus pies para sentirte cómodo al evaluar mis glúteos y mis callos. Cuántas veces habrás querido pecar de sabio, atreviéndote a pontificar acerca del color o del calor de mis pensamientos y mis sentimientos. Cuántas veces te habrás juzgado tan pequeño en tu bondad y tu cordura, como para verme tan gigante en maldad y locura. Cuántas veces habrás querido denostarme, por no darte cuenta que, lejos de bajar tu mirada para verme; la elevabas como si vieras a un ser tan grande como para necesitar derrumbar el monumento que de mí habías construido.
Observa bien: esa imagen no es la mía; es la sombra que proyectas cuando el sol te da en la espalda.
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

Me fascina este poema. No tengo palabras.
ResponderEliminar¡Gracias! Nos alegra que te guste.
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