lunes, 5 de marzo de 2018

LA GENTE QUE (me) ENCANTA




















Escribe: Gabriela Borraccetti

Me gusta la gente que no sabe ni lo que llevo puesto, aunque debo admitir que con los años, se me ha dado por liberarme de lo estrictamente formal o aferrado a la moda en diseño, color y modelo para la edad. Eso parece que convoca las miradas, justo al revés de lo que en otro momento, vistiendo como todos, quería atraer, aunque ahora sea por vieja zarpada.
Hoy puedo ponerme una capelina si me place o un poncho de seda lleno de los colores que se le ponen a los graffitis de la calle. Peso muchos más kilos que los que me preocupaba engordar y eso no me priva todavía de un postre; aunque me tenga que cuidar al menos para no sumar.
Soy mucho más selectiva de mis amistades, de mi entorno, de la gente a la que le enseño o no le enseño algo. Creo que es una responsabilidad elegir a quienes brindar un conocimiento que debe ser asentado sobre una base humana y no mercantil. Y eso se nota a dos millones de años luz. No me interesa ganar dinero formando mercaderes cuando se necesita alguien con vocación para ayudar y sanar. Para matricular banqueros de lo humano, está la universidad . Allí, cualquiera que estudia, aprueba. Y está bien que así sea. Pero no soy una institución; soy mi decisión.
Me encanta la gente que se despega de los moldes y que por despegada, no se cree revolucionaria ni una excepción, que no hace bandera de quién es, sino que es. Que no chusmea, que no mira de reojo si le queda la pilcha mejor que al que pasa enfrente y que no mide y especula con el "si te doy tanto, voy a recibir tanto" o "sé que me vas a favorecer en...".
Me encanta la gente que abre el corazón a quien no conoce, la que dice y hace, la que no promete sino que cumple.
Adoro a la gente sin vueltas, sin falsa humildad ni hipocresía o que finge bienestar y superación cuando se le ve todo lo contrario en cada gesto y en cada pose.
Admiro a los que se equivocan por exceso de dar y no de guardar, por generosos y confiados que están lejos de los que yerran por egoístas y egocéntricos.
Me encanta el que se sabe único pero no por ello se agranda, -una especie de rara avis que se encuentra como una aguja en un pajar-, la gente que no duda de lo que soporta, que se critica con justicia los defectos, pero que con el mismo orgullo; conoce sus virtudes y no las esconde.
En definitiva, me gusta la gente que no tiene miedo de ser quien es, que no espera ser aceptada por todos, gustada por todos y bienvenida en todas partes. Me gustan los que muchos llaman locos, pero que sin embargo; nos invitan a aflojarnos los tornillos de las paredes que se construyen en una sociedad que tiene mucho de consumo y poco de humano.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

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