martes, 8 de agosto de 2017

ENEMIGOS ÍNTIMOS II




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Roca es el anfitrión perenne en el festín de la decadencia. (Roque Sáenz Peña, discurso del 14 de octubre de 1903)

Fracasado el intento de impedir la candidatura presidencial de Manuel Quintana proclamada el 12 de octubre de 1903 por la llamada "convención de notables" -convocada a inspiración de Julio A. Roca para decidir la renovación presidencial en 1904, en que terminaba su período, para frustrar a como diese lugar, la postulación de Carlos Pellegrini-; el íntimo amigo y socio de este último, Roque Sáenz Peña, organizó, en el elegante Café de París, situado en la calle Cangallo (actual Teniente General Juan Domingo Perón) entre San Martín y Florida, un banquete en su desagravio.
En dicho evento, Sáenz Peña pronunció un durísimo discurso en el cual, con frases ingeniosas e hirientes como sables de filo, contrafilo y punta (la arriba citada es sólo una de ellas) condenaba acre y severamente la actitud de Roca.
Lo acusaba de haber "concebido una presidencia sin partido" -aludiendo al futuro mandato de Manuel Quintana quien, en efecto, carecía de partido político, y a quien Roca esperaba manejar a su antojo (predicción esa de Sáenz Peña que -hay que decirlo en obsequio a la verdad histórica- no se cumpliría, demostración cabal de que lo de profetizar no se contaba como la mejor de sus aptitudes)- "para ejercer desde afuera el gobierno caudillesco". Y finalizaba: "El triunfo estaba asegurado para nuestra agrupación, lo afirmo bajo mi palabra, pero ante las cifras reveladoras del triunfo (se refería a la candidatura de Pellegrini, impedida, como cité antes, por Roca), el señor general Roca desnudó a un candidato (Felipe Yofre, ministro del Zorro) y vistió al otro (Quintana) con los ropajes del muerto" (sic).
No sería esa la primera ni la última vez que Sáenz Peña cruzara fuerte a Roca; ya mucho tiempo atrás le había zampado aquel lapidario "napoleón de azúcar rubia", por el postre así llamado.
Y no era para menos; porque hay que tener en cuenta que once años antes, esto es, en 1892, Roca -en sociedad con Mitre (y también Pellegrini anduvo en el enjuague, dicho sea de paso)- había "matado" la candidatura modernista de Sáenz Peña, levantando la del padre de éste, don Luis. Así que entre aquellos dos hombres, enconados enemigos políticos, había existido hasta allí una larga la lista de desinteligencias y desencuentros, cuyo origen venía de los tiempos de la presidencia de Juárez Celman.
Eso no impidió que a mediados de 1912, Sáenz Peña, por entonces presidente de la República, designara a Roca ministro plenipotenciario ante el Brasil, en el marco del convenio al que se había arribado con dicho país para que ambas naciones limitaran la adquisición de nuevos acorazados, luego de superar una etapa especialmente difícil y de gran tensión en las relaciones bilaterales.
Y tampoco impidió que al fallecer Sáenz Peña, Roca fuera uno de los que llevaran los cordones de la cureña que transportaba el féretro en el cual viajaría hacia su última morada.
En fin... otros tiempos. Y otros hombres.


-Juan Carlos Serqueiros-

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