viernes, 30 de octubre de 2015

CÁTULO CASTILLO, EL POETA QUE AMABA LOS PERROS


























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Producido el 16 de setiembre de 1955 el golpe de estado que derrocó al presidente Juan Domingo Perón, uno de los hombres en quienes se cebó la venganza del gorilismo fue el poeta Cátulo Castillo, profundamente identificado y consustanciado con el gobierno depuesto y con su líder, a punto tal que era nada menos que el presidente de la Comisión Nacional de Cultura, cargo para el que había sido designado por el mismísimo Perón, quien lo hizo así luego de escucharlo en una conferencia que pronunció referida a la historia del teatro argentino.
Ferozmente perseguido por los miserables del régimen instaurado por las armas, que no le perdonaban su condición de peronista y el haber llevado el tango, con el fueye del Gordo Troilo, al Colón; tuvo que malvender todo y mudarse a una casa a orillas del río Matanza. Allí vivió, junto a su esposa Amanda Peluffo, dedicado a la pintura, a los versos, a la grafología, a la astrología (intervenida SADAIC y prohibidas sus obras; llegó a tener que vivir de confeccionar cartas natales) y... a desparramar amor por los perros de la calle, a los que recogía y albergaba en su casa. Llegó a tener 95 perros, 19 gatos y 2 corderitos, a los que puso por nombres Juan y Domingo, y como no tenía plata para la atención médica de tantos bichos, se vio obligado a estudiar veterinaria, al menos, hasta un punto que le posibilitara bastarse para atenderlos él mismo.
Debido a su inmensa bondad, su amigo, el genial Hombre Gris de Buenos Aires, Julián Centeya, lo "bautizó" con el apodo de "San Cátulo", y así quedó, siendo desde entonces y para siempre, "San Cátulo, el santo de los perros".

-Juan Carlos Serqueiros-

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