sábado, 30 de noviembre de 2013

LOS TRAIDORES QUE ECHÓ EL GENERAL. TERCERA PARTE (FINAL)
















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"El terrorismo, inexplicable frente a un gobierno del pueblo, ha mostrado sus verdaderas intenciones. La nueva legislación ha puesto en manos de la justicia los medios indispensables para enfrentarlo sin salirse de la ley." (Juan Domingo Perón, Mensaje Presidencial del 04.02.1974)

Desde el jueves 18 de enero de 1974, Noticias, el diario de la organización terrorista Montoneros, venía batiendo el parche con su campaña de oposición a lo que se empeñaba en llamar peyorativamente "ley represiva", en lo que sería el primer intento desembozado de instalar en el imaginario colectivo la semblanza de un Perón "viejo facho y represor", táctica infame esta que luego perfeccionaría el entrismo a través de Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky, José Pablo Feinmann, Horacio González, Ernesto Jauretche (y a propósito de éste, me vienen a la memoria aquellos versos de Cosas que pasan, de don Víctor Abel Giménez: "Y hasta parece mentira, / pero es cosa señalada, / que de una sangre pareja / salga la cría cambiada."); y otros cuantos de la misma laya.
En la edición del 19, precisamente bajo el título "La nueva ley represiva" (eso de "nueva" era una flagrante hijoputez, ya que el empleo de ese adjetivo era un subterfugio para presentarla a la opinión pública como asimilada con las normas impuestas por la tiranía militar, que habían sido derogadas ocho meses antes), abundando en citas del General sacadas de contexto, intentaban "demostrar" que la propuesta del Ejecutivo (en cuya formulación habían intervenido los más prestigiosos penalistas, dicho sea de paso) estaba reñida con lo que el propio Perón enunciara antes (el pasquín Noticias, en una burda maniobra, quería tendenciosamente -y nunca mejor aplicado el término- vincular sus dichos: "La subversión no se arregla con la Policía; eso se soluciona con un poco más de justicia y libertad" vertidos en tiempos de tiranía militar; con el statu quo de ese momento, en que había un gobierno constitucional que además, había sido plebiscitado -"pequeña" diferencia, ¿no?-, de todo lo cual el diario montonero se "olvidaba") e informaba que la Coordinadora de Juventudes Políticas (integrada por la Jotapé, la Juventud Radical, la Federación Juvenil Comunista, la Juventud Intransigente, etc.) se había "entrevistado con el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, para manifestarle su oposición". También mencionaba que el diputado Juan Carlos Cárdenas de la Vanguardia Federal de Tucumán (un cuasi inexistente partido minoritario de cuatro gatos oligarcas que integraba la FuFePo, orientada por los Guzmán, padre e hija) había enviado un telegrama a Perón solicitándole el retiro del proyecto "en bien de la pacificación necesaria para la común y gran tarea de la reconstrucción nacional" (¡?). Y la cereza del postre era otro titular que rezaba: "Balbín dijo que estaba en contra de las reformas", y a  continuación, transcribía las declaraciones del Chino en tal sentido (de paso, vemos así expuesta y evidenciada la "importantísima colaboración" con el orden institucional a la que el radicalismo se había comprometido según el hartante guitarreo y la soporífera sanata hipócrita de su jefe; en fin...).
El 21, los diputados de la Tendencia no tuvieron mejor idea que emitir un comunicado de prensa (funesto error político, otro más de una sucesión que ya parecía no tener fin), remarcando que se oponían a la "ley represiva", firmado por trece de ellos: Armando Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Nilda Garré, Nicolás Giménez, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel, Diego Muniz Barreto, Juan Ramírez, Juana Romero, Enrique Sversek, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar.
El martes 22 a las diez de la mañana, Perón, acompañado del presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri y el del bloque del FreJuli, Ferdinando Pedrini;  el ministro del Interior, Benito Llambí; el ministro de Bienestar Social, José López Rega; el secretario de Prensa y Difusión, Emilio Abras y el secretario general de la Presidencia, Vicente Solano Lima, recibió en Olivos a los disidentes.  
El General había dispuesto que la reunión fuese televisada por Canal 7 en vivo y en directo a todo el país. Perseguía con eso el propósito de desenmascararlos delante de todo el pueblo argentino; porque así los ponía a optar: o agachaban la cabeza y se dejaban de delirios, acatando al líder (tal como a priori suponía la pertenencia a un movimiento de masas), y se sometían a las reglas que rigen el funcionamiento de todo bloque parlamentario; o se sacaban la camiseta peronista y se iban. Así de sencillo.
A Perón, luego de escuchar los inconsistentes "argumentos" e insinceras motivaciones de los díscolos, unos pocos minutos le bastaron para pulverizar las objeciones que éstos le presentaban con descaro camufladas bajo el disfraz de una indigna y servil genuflexión, tan exagerada y falsa como las protestas de lealtad que hacían para esconder su repugnante felonía; y de poner en evidencia ante todo el mundo su marcha gambetera y el doblez con el que procedían:

Toda esta discusión debe hacerse en el bloque. Y cuando el mismo decida por votación lo que fuere, ésta debe ser palabra santa para todos los que forman parte de él; de lo contrario, se van... Y si la mayoría dispone, hay que aceptar o irse. El que no está contento; se va. Por perder un voto no nos vamos a poner tristes...  no le veo razón a ninguno de los argumentos que vienen exponiéndome... será por la tarea de discutir y buscar triquiñuelas a las cosas. No; aquí hay un fin, el medio es otra cosa... Quien esté en otra tendencia diferente de la peronista, lo que debe hacer es irse... Lo que no es lícito, diría, es estar defendiendo otras causas y usar la camiseta peronista... Ahora, la decisión es muy simple: hemos pedido esta ley al Congreso para que éste nos dé el derecho de sancionar fuerte a esta clase de delincuentes. Si no tenemos la ley, el camino será otro; y les aseguro que puestos a enfrentar la violencia con la violencia, nosotros tenemos más medios posibles para aplastarla; y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes. Estamos afrontando una responsabilidad que nos ha dado plebiscitariamente el pueblo argentino. Nosotros no somos dictadores de golpes de estado... vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualesquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente; porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer; no tenga la menor duda.

Los disidentes, haciendo gala de un cinismo inaudito y una hipocresía sin igual, concluyeron en lo mismo que venían haciendo hasta ahí: simular, fingir. Sus palabras fueron:

Lo que queremos es señalarle y ratificarle, con toda la fuerza que tenemos, que estamos totalmente junto a usted como integrantes del movimiento peronista y junto al pueblo. En ese sentido, somos disciplinados en nuestro Movimiento. Fuimos, somos y seremos disciplinados, hasta la muerte. Queremos agradecerle de todo corazón esta entrevista, y estamos muy contentos de estar con usted, de verlo y de escucharlo.

Veamos ahora cómo "honraron" esa declamada disciplina que tanto cacareaban. El 24 de enero, luego de pasarse todo el día anterior deliberando (¿divagando?) en una oficina cercana al Congreso, ocho de ellos: Armando Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel, Diego Muniz Barreto, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar, renunciaron sus bancas; traición agravada con la aberración de compararse ¡ellos, tan luego! con Evita: "Nosotros, como dijera nuestra inolvidable compañera Evita, renunciamos a los honores pero no a la lucha", se atrevieron a escribir (si presta atención a eso, querido lector, notará que el evitismo es una característica común en los marxistas impostados como peronistas; pretenden así oponer la imagen de una Evita -que en sus mentes afiebradas vendría a ser la única y auténtica revolucionaria-, a la de un Perón al que -como consigné precedentemente- reputan como un "milico viejo facho y represor que ejercía una conducción autoritaria y burguesa"). Y por supuesto, todo ello convenientemente salpicado con mendaces protestas acerca de su condición de "soldados peronistas", "disciplinados hasta la muerte", bla bla bla (desde ya, sin explicar en virtud de cuáles inefables reglas semióticas que eran herméticas para el común de los mortales pero no para ellos en tanto vanguardistas iluminados, como se consideraban a sí mismos, lograban compaginar esa condición de "soldados peronistas disciplinados" que se atribuían; con la conducta infernal que en los hechos evidenciaban).
No quisieron confrontar con Perón ni ceder a las presiones de la conducción de Montoneros, y por ello se negaron a renunciar: Nilda Garré, Nicolás Giménez, Juan Ramírez, Juana Romero y Enrique Sversek.
Y no se privaría el visceralmente gorila diario La Prensa de poner la lupa sobre ese asunto en su edición del 25 de enero de 1974, mencionando que "no asisten los diputados peronistas que renunciaron... en cambio, concurrieron al recinto la señorita Juana Romero y los señores Nicolás Jiménez (sic), Juan Manuel Ramírez...  también la señorita Nilda Garré, quien no fue a la entrevista con el presidente..."; y señalando con perspicacia que la iniciativa sería aprobada.
En obsequio a la verdad histórica, uno debe necesariamente reconocer que en esa ocasión supo exhibir La Prensa una honestidad intelectual que muy lejos estuvo de tener Noticias, y señalar que entre el gorilismo de ambos, el del diario de los Paz por lo menos era franco y desembozado, e informaba sin apartarse de la veracidad; mientras que el del órgano financiado por los montoneros estaba ahí como cuchillo bajo el poncho, subyacente y artero en la subjetividad y cobarde tendenciosidad que le imprimían su director, Bonasso, y quien tenía a su cargo la sección política, Verbitsky.
Esa misma noche del 24, el anatema cayó sobre las cabezas de los rebeldes como un rayo fulminante. Recibidas las renuncias por el General, éste las elevó al Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista, organismo que, luego de examinar los antecedentes, procedió a expulsarlos por traidores:

Ante los gravísimos acontecimientos de dominio público y CONSIDERANDO:
Que en la vasta coyuntura histórica que vive la patria, se encuentra en juego su destino de Nación independiente y grande.
Que en esta circunstancia de acuerdo a una antigua norma, muy cara al Movimiento y a su Jefe, es gravísima traición estar en los dos bandos o no estar en ninguno.
Que en el caso de los diputados Vidaña, Vittar, Glellel, Kunkel, Iturrieta, Muniz Barreto, Díaz Ortiz y Croatto, estos eternos principios de conducta han sido violados con singular contumacia, desde que accedieron todos ellos a la grave responsabilidad de representar dignamente a nuestro Movimiento, que tiene una clara y precisa doctrina y a su creador y jefe el Teniente General Perón.
Por todo ello el Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista RESUELVE:
Expulsar del Movimiento a los señores Roberto Vidaña, Rodolfo Vittar, Jorge Glellel, Carlos Kunkel, Aníbal Iturrieta, Diego Muñiz Barreto, Santiago Díaz Ortiz y Armando Croatto.

También esa noche del 24 se debatió el proyecto (que ya había tenido sanción favorable en el Senado) en la Cámara de Diputados. Jesús Porto fue el legislador que tuvo a su cargo la fundamentación del mismo. En esta imagen, podemos verlo junto al presidente del bloque, Ferdinando Pedrini:


El tratamiento y discusión del tema duró hasta las nueve de la mañana del 25. El proyecto fue aprobado por 128 votos por la afirmativa (entre los cuales se contaban los de los diputados que pese a haber expresado antes objeciones; no renunciaron y terminaron por votar favorablemente), contra 62 por la negativa (entre ellos, los de los radicales, que evidenciaban una incoherencia total entre los actos que producían y aquello que discurseaban con encomio digno de mejor causa; pero que a la vez mantenían sin resolver, como un trauma insoluble, el problema que los aquejó siempre, desde su formación en 1890 hasta la actualidad: no entendieron nunca nada; y esa vez... no fue la excepción).
Lo que he contado en las tres partes (esta y las dos que la precedieron) de este artículo, estimado lector, es la verdad de lo ocurrido en torno al tema que constituye el objeto del mismo. 
Así fueron las cosas, tal como las narré; y no como las pinta -entre otros que calzan los mismos puntos- un sujeto llamado José Pablo Feinmann en un librejo de su autoría, titulado Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina (?), en el cual tergiversa y miente a voluntad. Pero bueno, qué quiere usted de alguien que escribe un libro pretendidamente sobre peronismo y en él pone: "Yo no lo quiero a Perón…  No sé si alguna vez lo quise a Perón o fue siempre la contraseña para estar en ciertos lugares donde quería estar". Y claro, se entiende perfectamente: no puede Feinmann, en tanto marxista sartreano como él mismo se define, comprender a (y por lo tanto escribir sobre) Perón; porque a los humanos sólo nos es dable comprender lo que queremos, lo que amamos. Juzgue usted, lector, qué grado de honestidad intelectual puede inferirse en alguien que es capaz de mentirse a sí mismo.
Por mi parte -como cualquier otro peronista de verdad- podría decir de esa clase de individuos como Feinmann, parafraseando al General, que... lo he conocido naranjo.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

1 comentario:

  1. Simple, sencillo y concreto, a la memoria de nuestro Gral. Perón, que puso en blanco sobre negro, quienes somos y quienes eran.

    A los compañeros, "NO OLVIDAR" !!, que el mejor Montonero, es el Montonero muerto.-

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