jueves, 28 de febrero de 2013

QUÉ NOS DICEN LOS SUEÑOS




Escribe: Gabriela Borraccetti
 
Estamos acostumbrados a hablar de los sueños como si fuesen premoniciones, mensajes o jeroglíficos que contienen la clave de algo que está más allá. Y en cierto modo, el sueño es todo eso, pero no por contener "revelaciones" de un plano "angélical", sino de un mundo que a pesar de habitarnos y ser nuestro; desconocemos.
En ese mundo que hemos conformado a fuerza de no ser ni hacer lo que queremos, se quedan en sombras muchos impulsos destinados a alcanzar nuestro deseo; para después de habernos resignado a su irrealización, poder seguir sintiendo que nada ha sucedido y que se nos quiere, se nos aprueba y se nos ama por haber conseguido obedecer.
El SER, muchas veces implica incurrir en la DESOBEDIENCIA; pero tendremos que recorrer un largo camino antes de poder desenterrar algunas piezas valiosas de ese mundo que hemos reprimido y se denomina INCONSCIENTE.
Cuando somos pequeños, nuestros sueños suelen ser simples: si hemos querido comer helado de frutilla y mamá o papá decidieron que nos haría mal a la garganta, no tardará en llegar la noche para que una vez ingresados a la fase "R.E.M" (rapid eye movement, es decir, movimiento ocular rápido), descarguemos en forma de onírica, las imágenes del deseo cumplido. El texto del sueño es literal y sus imágenes muy claras; no obstante, a medida que vamos creciendo, serán necesarias dosis superiores de represión y deformación, cosa que la consciencia se despiste y no pueda saber o siquiera enterarse por accidente, qué es aquello que está amputando de la propia personalidad. Reconoceremos todos que el alma de un niño es mucho más transparente que la de un adulto, y que las cosas que se le prohiben a un niño no tienen el mismo calibre que las que vienen aparejadas con el despertar sexual y la problemática adulta. Es por ello que para evitar que hagamos consciente el dolor de no poder ser, necesitaremos de un "trabajo mayor" en contra de aquello que desde dentro, empuja para salir y desobedecer.
Las partes amputadas de nuestra personalidad, gruñirán desde el Tártaro de lo Inconsciente, y no dejarán de pugnar por volver a la superficie y ser integradas a la personalidad total.
Una de las principales funciones del sueño es aflojar la tensión que se crea entre un deseo que puja por realizarse, y la prohibición de poder cumplirse en el mundo vigil; alimentando así al depósito de frustraciones, donde dejaremos todo aquello que tuvimos que resignar para poder seguir siendo niños que obedecen para no perder el amor. No obstante, en el inconsciente se encuentran también las claves necesarias para convertirnos en seres completos; y es por ello que sus metáforas son los símbolos capaces de transformarnos volviéndonos de una "copia fiel" de papá o mamá;  al original que ha venido al mundo sin la "mácula" del "tú debes".
Lamentablemente, la vulgarización de la psicología ha creado una especie de "recetario" de interpretación para todos; como si soñar con tal o cual cosa, significase tal y tal otra; olvidando el hecho fundamental de que nadie es igual a nadie más que a sí mismo; y que los sueños se forman exclusivamente con los "textos" de nuestro propio mundo. 
Difícilmente puedan existir dos interpretaciones similares, cuando las personas difieren hasta en sus huellas digitales; y si desde lo físico sólo podemos ser a lo sumo parecidos; ¿qué sentido tendría ser idénticos desde lo psíquico y el alma? Quizá este "uniforme psíquico para todos", le sirva a un sistema que pretende uniformarnos para ser autómatas; no obstante, habría que poner atención a todo aquello que nos convierte en perlas de un mismo color, haciendo de los collares; lazos con los cuales ahorcar nuestra unicidad. Después de todo, eso es lo que hace la educación: crear seres que respondan de idéntica manera ante una misma situación, para luego conformarlos con idénticas interpretaciones de la realidad.
En fin, para pensar... Pero sobre todo, para prestar más atención a ese mundo que quiere decirnos algo... acerca de quiénes somos.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica 

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