viernes, 6 de abril de 2012

LIMPIAR NUESTROS ESPEJOS



No importa si somos creyentes, no importa si somos agnósticos, no importa si somos ateos. Lo que se ve en esta imagen, es el reflejo de lo que sucede cuando ignoramos a alguien o lo discriminamos. Este es el espejo de nuestros actos cuando negamos ayuda, o nos hacemos los sordos; abandonamos a las personas o a los animales; desoímos al amigo o destratamos a un hermano. Este es el cristal que no queremos limpiar lo suficiente, para poder ver todas las veces que dimos la espalda, y las que nuestro silencio dejó una marca indeleble en la pregunta "¿por qué'".
Es nuestro egoísmo y la insana costumbre de dividir entre superior e inferior, en animal o humano, en blanco o negro, en normal o anormal; e incluso en bueno o malo.
Una herida abre y es allí donde divide dejando un surco en medio de algo que antes estaba intacto. Las marcas pueden quedar en la piel, por la brutalidad de un arma, o en el alma gracias a la soberbia e ignorancia.
Cada vez que vayamos a ejercer violencia por acción u omisión, sería bueno recordar al menos esta foto; aunque lo mejor sería limpiar bien nuestros espejos.

Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

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