jueves, 2 de febrero de 2012

ECOLOGÍA DE LA AMISTAD




















Escribe: Gabriela Borraccetti

Algunas veces nos damos cuenta de que una amistad ha terminado; y de que quizá, en el fondo, nunca había existido. Al hacer el balance, registramos hechos que denuncian en tono menor - pero no por ello menos alarmante- que debajo de una sonrisa de bienvenida, se ocultaban muchas tristes competencias; segura e inadvertidamente a tiempo, provenientes del mal metabolismo de dolores infantiles. Advertimos en algún momento, que los celos y las envidias pequeñas estaban siendo no sólo acumulables, sino indisolubles -como esas botellas de plástico que se tiran al mar- y que poco podíamos hacer para calmar esos viejos ecos de heridas pasadas; que para colmo, se creen superadas.
Caemos también en la cuenta de que las creencias de uno, lejos de ser indiferentes, daban en el centro del temor del otro; y que muy a nuestro pesar, habíamos ofendido seguramente y más de una vez, a algún dios que el otro guardaba en un secreto tan profundo, que era ajeno a él mismo.
Así llega un día en el que se terminan los llamados; y uno sabe que eso es correcto. Pues no existe amistad cuando se intenta disolver con la tolerancia, algo que tiene más que ver con los dolores que se arrastran desde siempre y que muchas veces, volcamos sin un mínimo de consciencia en nuestros vínculos. 
Sólo la comprensión por el dolor humano como algo natural, puede superar estas crisis; sin embargo, para la reconciliación, es necesario que se dé por ambas partes. De lo contrario, las botellas de plástico seguirán siendo agentes antiecológicos de las emociones sanas.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

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