martes, 24 de enero de 2012

CARTA DE ANDRESITO A CASA FLORES DEL 4 DE MAYO DE 1821








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"... y preciso volverme a mi país natal, y recogerme al abrigo de los míos, ocurro lleno de verdadera necesidad al paternal corazón de V.E. para que se digne proporcionarme algún auxilio que pueda cubrir mi desnudez, y emprender dicho viaje ... pues de lo contrario me será imposible sin recibir auxilio del que siempre llamé Padre, Don José Artigas a quien debo mi educación, pues como tal me ha criado." (sic)

Esta es la carta enviada por Andrés Guacurarí y Artigas, Andresito; al embajador (o ministro, como se les llamaba por entonces) de España ante la corte portuguesa de Río de Janeiro, conde de Casa Flores, fechada el 4 de mayo de 1821.
La misma, obrante en los archivos de Río de Janeiro, tiene un gran valor documental, pues nos permite determinar que:
a) Los portugueses lo habían reconocido en el grado militar de coronel mayor (que en la jerarquía militar de la época equivalía al de general y que era el que efectivamente detentaba).
b) Le habían reconocido asimismo su condición de gobernante de "los quince pueblos" (sic) de las Misiones.
Ergo, Andresito era a la vez un prisionero de guerra y un preso político, y ese es el carácter que le dieron los portugueses.
Y por eso, a instancias del  español - oriental Francisco de Borja y Magariños; el embajador español ante la corte portuguesa en Río de Janeiro, conde de Casa Flores, intercedió en favor de la liberación de los presos artiguistas recluidos en Ilha das Cobras alegando que los mismos eran vasallos de la corona española. Esta intervención de Casa Flores estuvo revestida de una capital importancia, ya que efectivamente, los prisioneros fueron liberados por los portugueses.
Pese a ello, no faltan quienes le achacan al conde de Casa Flores no haber actuado por humanitarismo sino por mera conveniencia, ya que suponen que lo que buscaba en realidad, era que los prisioneros artiguistas abjurasen de su condición de patriotas americanos y volvieran al seno de España.
Particularmente, considero que tal afirmación es cuanto menos, un desagradecimiento (algo así como el famoso "agradecimiento de la vaca empantanada", digamos), por dos motivos:
1º) Porque aún cuando fuese cierto que el conde obrara de acuerdo a esos propósitos que se le endilgan, ello no invalida la importancia de sus gestiones, las cuales, reitero, fueron no ya exitosas; sino exitosísimas, por cuanto todos los prisioneros fueron liberados.
2º) Y porque si las motivaciones que suponen guiaron a Casa Flores fueran esas, por la fecha en que ayudó a Andresito ya el conde sabía sobradamente que el resto de los artiguistas liberados, y llegados a Montevideo en el Francis seguían del lado patriota, y más furiosamente que antes, si cabe; así que, ¿por qué habría de suponer Casa Flores que el caso de Andresito fuese distinto al de los otros que había hecho liberar antes (Manuel Artigas, Otorgués, Lavalleja y demás)?
En virtud de lo precedentemente enunciado, me parece que, por lo menos hasta que aparezcan nuevos documentos que demuestren lo que sostienen; quienes se empeñan en adjudicarle ligeramente a Casa Flores intenciones aviesas, harían mejor en guiarse por el siempre justo nobleza obliga.
Y soy de la opinión de que corresponde adjudicar al conde el mérito de lo que hizo en favor de los prisioneros; por más español y realista que haya sido.
Qué sé yo, digo...

-Juan Carlos Serqueiros-

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