jueves, 1 de diciembre de 2011

NO SEAS FORRO, USÁ FORRO


Escribe: Lic. Gabriela Borraccetti

Algún tiempo atrás, allá por los 90, a poco de aparecer, se consideraba que el HIV/SIDA, era una enfermedad "terminal". Mucho lucharon los agentes de salud, dedicados a difundir acerca de la prevención, el tratamiento y el cuidado de la población; que aún sin medios económicos, -y bajo la vergonzosa "inauguración" de hospitales vacíos y sin siquiera una bolsa de algodón-, se propusieron llegar a todos, incluso, a concientizar a los mismos médicos que, como seres humanos, tenían tantos miedos como el prejuicio y el desconocimiento pueden sembrar en el interior de cualquier persona, por más que lleve puesto guardapolvo blanco.
Por este motivo, se hacía casi un martirio brindar una atención humanizada a un paciente con HIV. Se creaban graves, enormes obstáculos, que iban desde el negarse a aceptar un paciente derivado por las consecuencias de la infección, pasando por la negación de la ambulancia para un traslado; hasta la imposibilidad de dar atención integral a quien portara el cartel de "sidoso". Tampoco era posible compartir en el buffet, si uno era miembro del Servicio de Medicina Preventiva en enfermedades de transmisión sexual (ETS), un sandwich con otros colegas. Éramos "contagiosos", por el solo hecho de atender a nuestros pacientes.
Quien lea hoy esto, puede creer que es exagerado. Pero no. Gracias al esfuerzo de muchos que a pulmón y remando en contra de políticas mentirosas y de exclusión, se plantearon la meta, hoy se han caído muchos velos de enjuiciamientos previos y tenemos una juventud que consume preservativos en una proporción mucho mayor a la que nuestra generación (la de aquellos que pasamos los 40), hemos empleado en toda nuestra vida. Y como siempre, el mejor homenaje es:  NO SEAS FORRO, USÁ FORRO.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

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